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TEXTOS DE ETA: BALANCE DE LA TREGUA (y III)

UNA TREGUA, UNA "INICIATIVA" DE LARGA FABRICACION.

La fragua de la tregua que ETA declaró en septiembre de 1998 no se hizo en dos días. Visto lo visto, ya no es creíble para nadie que el encarcelamiento de la Mesa de HB, la explosión social contra ETA y el cierre de EGIN hubieran sido los factores determinantes de la iniciativa. Es cierto que la tregua fue una "parada" que ETA aprovechó, además, para reestructurar totalmente la organización. Pero, la declaración de alto el fuego –nombrada por ETA en sus textos con el eufemismo "iniciativa"- no fue un acto de resistencia política, de "sálvese quién pueda", sino que fue un acto de "salto hacia adelante", de ofensiva premeditada y de complicada fabricación, consecuencia de un largo proceso de años de maduración interna, de toma de pulso a otras fuerzas políticas y de contraste de alternativas.

Hemos citado en los capítulos anteriores que la reflexión estratégica que se inicia en el seno del MLNV tras el fracaso de Argel incluye una recapitulación sobre el valor de la negociación y la tregua como herramienta de expansión de sus posiciones. No sólo ETA, amplios sectores del MLNV y su entorno también participan de la reflexión. Este debate interno se puede rastrear desde al menos octubre de 1991, que es cuando EGIN reproduce una extensa circular interna incautada por la Ertzaintza a un comando desarticulado en Bizkaia a finales de agosto del mismo año. Durante el año 1992, tras la caída de la cúpula etarra en Bidart, las referencias a ponencias, circulares y comunicaciones de ETA se multiplican por doquier y a nadie se le oculta que el debate interno en ETA es intenso y se produce en clave de severa autocrítica ante su actuación tras 1987 y que este debate preludia importantes cambios. Este debate no entra en su fase final hasta otoño de 1994. Al parecer, el proceso de debate se dilata tanto debido a que, según la propia ETA, "las medidas de seguridad interna y los golpes represivos contra la organización hacen que el debate se alargue en el tiempo" (ETA en EGIN, 18 abril de 1993).

Mientras tanto, el golpe psicológico de Bidart produce como efecto una gran especulación en el mundo político sobre la eventual derrota de ETA. Es el año 1992, un año mágico, de euforia gubernamental. El conflicto de la autovía de Leizarán se ha resuelto mediante un pacto con Lurraldea. El pacto de Ajuria Enea reconoce, ante determinadas condiciones, la necesidad de un "final dialogado". Son, para algunos, dos buenas premisas para entablar contactos y protagonizar una posible solución. El PNV con conocimiento y amparo del PSOE, y al tiempo que éste promueve contactos directos con los interlocutores de ETA en Santo Domingo, comienza a considerar su papel protagonista "al servicio del país". Bajo esta perspectiva, HB y PNV inician unas conversaciones que aunque, según afirma Juan M¬ Ollora ("Una vía para la paz", 1996), fracasan "tras sesenta horas de reuniones" en primavera-verano de 1992, abren las puertas a unas relaciones oficiosas que, al parecer, se mantienen en el tiempo y tienen un importante efecto en la declaración que el EBB del PNV aprueba a inicios de 1997.

En aquellas reuniones, celebradas en medio de una gran expectación de medios de comunicación, HB levanta acta de la disposición de los interlocutores del PNV a asumir "un compromiso político abertzale que supondría que ETA cesara en su actividad armada". Sin embargo, HB remite esta cuestión a la voluntad de ETA y se limita a dejar constancia de la interrogante del PNV en estos términos: "┐el compromiso por la soberanía supone el fin de la lucha armada?" (Reunión HB-PNV celebrada en Donostia, 22-julio-1992, acta levantada por HB).

En torno a esa pregunta se configuran las claves de la nueva estrategia etarra. Una estrategia que no quiere repetir los errores del 89 y 92. Esta estrategia que invierte las tornas e interpela al PNV: ┐puede un cese de la lucha armada comprometer al nacionalismo en favor de la soberanía? En torno asimismo a esa pregunta se mueve mucha mas gente, que trabaja para preparar un contexto político adecuado, un contexto reblandecido que favorezca las condiciones que ayuden al precipitado de ese esquema "paz a cambio de compromiso por la soberanía", que termina siendo el requisito de ETA para la declaración de tregua. Sin ser exhaustivo, debo mencionar el papel de Elkarri que, desde la Conferencia del Carlton en el 93, logra incidir importantemente en el discurso de los partidos políticos vascos, también la unidad de acción entre ELA y LAB y, por último, el salto estratégico que supone la época "Oldartzen" en el seno del MLNV, factores todos que son coadyuvantes para que se produzcan, en otro momento en que paradójicamente se reproduce la sensación de que ETA va a ser derrotada sin remedio, los acontecimientos de julio-septiembre de 1998 (conversaciones con ETA y pacto de Lizarra). Así, la tregua de septiembre es vendida como un proceso de paz, una paz para todos, una paz irreversible. Nada más lejos de la realidad.

┐TREGUA COMPARTIDA?

En el documento publicado por el diario EGIN en los días 19, 20 y 21 de octubre de 1991 titulado "Reflexiones de ETA sobre la negociación política" se plantean entre otras las siguientes cuestiones: "Cuando hemos insistido en que la tregua es un importante arma y que en el proceso de liberación es un arma, si no única, si básica del MLNV para poder materializar ciertos avances (...), ha sido justamente para dar a entender no sólo que la tregua debe ir acompañada de contrapartidas (...), sino que en cada momento debe analizarse la situación, la correlación de fuerzas... para ver qué tipo de tregua debemos ofrecer ".

ETA, en sus boletines internos (ZUTABE n║ 83), ha llamado a la tregua de 1998 "alto el fuego compartido". Atribuye a PNV y EA una serie de compromisos a cumplir, compromisos que habrán de determinar la permanencia en el tiempo de la aludida tregua. Las diferentes entregas de la tregua se producen una vez comprobado que el PNV y EA han efectuado los pagos políticos que se les han exigido. Sin embargo, de esto jamás se podría deducir que la tregua es compartida. Del texto que antecede, clarificador sin duda, se infiere que la "tregua es un importante arma", aunque no la única, "si básica del MLNV", cuyo valor básico es "ser del MLNV" y que "debe ir acompañada de contrapartidas" [hacia ETA, claro está] para "materializar ciertos avances", lo que significa en lenguaje más llano que la tregua es un arma, que no un objetivo en sí, que debe "pertenecer al MLNV para el mejor provecho del MLNV y de sus intereses". La tregua y sus dividendos, por tanto, no pueden compartirse con nadie. La tregua es un arma del MLNV, en manos del MLNV y que sólo puede favorecer al MLNV. Para los demás, no pasa de ser una "trampa". Incluso para el nacionalismo. Con una leve distensión sobre los intereses del nacionalismo, ETA cree que "conseguiremos confundir nuevamente al PNV y a EA, e iremos preparando una nueva tregua que consiga romper definitivamente sus amarras con el Estado español" (documento ETA recogido por EL CORREO, 10-marzo-1997). El engaño se puede enunciar gráficamente en parecidos términos a los del antiguo refrán chino: Mientras el dedo de la tregua señala la revolución, ETA cree que los nacionalistas sólo mirarán (y verán) el dedo.

Pero, de aquel texto precedente –el de octubre de 1991- también se deducen otras cosas. ETA no concibe un cese permanente de la lucha armada. "En cada momento debe analizarse la situación, la correlación de fuerzas,... para ver qué tipo de tregua debemos ofrecer". No cabe otro escenario que el que hemos conocido. Si no hay garantías de "avances" para ETA, si no hay confianza en los compañeros de viaje, si se recela de que el PNV quiera apropiarse del paréntesis armado para generar un optimismo pacifista sin contraprestaciones, "la nueva correlación de fuerzas" necesita ser contrastada en la realidad y los hechos. Por eso, el "tipo de tregua" ofrecido es tutelado, fiscalizado a plazos por ETA, sometido a examen en febrero de 1999 y convocado de nuevo para julio de 1999.

LA "EFECTIVIDAD" DE LA TREGUA HA ACABADO.

El primer plazo de la tregua de septiembre de 1998 finalizó con la Asamblea de Electos Locales celebrada en Iruña en febrero de 1999. El nuevo plazo debía vencer en 4 meses, estrictamente en junio de 1999.

A pesar de que la colaboración entre PNV, EA y EH sigue vigente y a pesar de que, en este nuevo periodo, se firma el pacto de colaboración parlamentaria entre los tres partidos, ETA cree que, con el inicio de la prorroga, "la efectividad de la iniciativa –el alto el fuego- también se terminó allí" (p. 53). ETA valora que la tregua había perdido todo su potencial político "desde el momento en que se les hizo saber al PNV y a EA que la iniciativa –el alto el fuego- iba a continuar" (p. 53). Critica la obsesión del PNV y EA en lograr de la organización terrorista un compromiso de cese permanente de la violencia. Y añade que ambos partidos "ponían constantemente la excusa de la kale borroka y la falta de `irreversibilidad┤- del alto el fuego- para no seguir adelante en el proceso." (p. 53)

El balance de este periodo es muy pobre para ETA. Los avances son escasos, los acontecimientos que merecen ser mencionados son únicamente la convocatoria de un Aberri Eguna conjunto por parte de la Asamblea de Electos (futuro Udalbiltza), el paro y la manifestación a favor del pacto de Lizarra, el pacto de legislatura y la huelga general a favor del reparto de trabajo y las 35 horas que convocan LAB, ELA y otros sindicatos.

En este periodo todo se fiaba, al parecer, a lo que ocurriera tras las elecciones locales y forales de junio: "todo quedó en función de una coyuntura política más clara tras las elecciones" (p. 53). Pero, a juicio de ETA, tras las elecciones el panorama continuaba sin aclararse. En el seno del MLNV, la valoración de los resultados de las elecciones es positiva, ""sobre todo porque los resultados de las elecciones han sido muy buenos, pero queda claro que el ritmo y la dirección del proceso se ha perdido." (p. 54)

Ante esta situación, ETA considera que la tregua está agotada. Las razones pueden ser variadas, pero, "en el fondo resulta notoria la falta de voluntad del PNV y de EA para seguir en esa dirección y de ese modo" (p. 54). La organización terrorista revolucionaria realiza una lectura muy crítica, que contiene asimismo aspectos levemente autocríticos, para justificar su punto de vista. De acuerdo con esta lectura, el PNV y EA no han cumplido con sus compromisos. La actitud de estos partidos, que han tergiversado el compromiso al tratar de convertirlo en un "proceso de paz", y el carácter secreto del compromiso del verano de 1998 han traído como consecuencia la desinformación de la sociedad vasca. PNV y EA han querido "normalizar" y "desarmar" al MLNV, mediante una actitud siempre reacia a apoyar las iniciativas que EH presentaba para dinamizar el proceso. PNV y EA, por añadidura, han sometido al MLNV a un "pressing" permanente con motivo de las acciones de "Kale Borroka", tergiversando de nuevo el debate y la naturaleza del proceso. Y, por último, todas las iniciativas puestas en marcha en el primer plazo sufren retrasos por sistema.

ETA cree que el compromiso tripartito de julio de 1998 que dio origen a la tregua, era abstracto, que no comprometía suficientemente a sus firmantes –así los considera ETA, al menos- y que es esto lo que ha llevado al proceso a la "indefinición" (p. 54). Cree que, debido a ello, EH ha fracasado en su tarea de marcar la pauta ante el PNV y EA en la concreción de los compromisos de creación de nuevas instituciones que se derivarían del citado pacto de julio de 1998: "junto con todo esto hay que decir y admitir lo siguiente, que si el PNV no se ha movido más es por que la Izquierda Abertzale no ha puesto en juego toda su fuerza" (p. 64).

ETA, llanamente, cree que hay que atar más en corto a los partidos nacionalistas y, por eso, "a partir del octubre de 1998, la organización decidió tomar la propuesta de debate acerca de la construcción institucional de la izquierda abertzale y hacer al PNV y a EA una propuesta nueva. Esa propuesta, a partir de marzo de 1999 la tuvieron todos los partidos sobre la mesa, pues el documento cayó en manos de la policía francesa y lo dieron a conocer los medios de comunicación españoles". ( p. 54)

REUNION CON PNV Y EA. BALANCE FINAL.

Según ETA, "en julio de 1999 se hizo una reunión con el PNV y con EA para hacer un balance y para discutir que se iba hacer con el acuerdo firmado..." (p. 54).

En la reunión, a la que asisten representantes de las tres organizaciones, cada una de ellas realiza un intervención de valoración sobre el año transcurrido desde el encuentro de julio de 1999. En el ZUTABE que comentamos, hay un resumen bastante extenso de las intervenciones de PNV y EA. Sin embargo, no nos parece coherente analizar las intervenciones de ambos partidos desde las actas de ETA. Conocer lo que ETA dice que han dicho otros nos interesa. Pero, supera el objetivo de este trabajo. Nuestro límite, en este caso, es ETA y lo que dice y escribe de sí misma y lo que opina ella misma sobre los demás y sobre los acontecimientos políticos.

En el transcurso de la reunión, ETA reitera su crítica a lo que considera la desnaturalización del proceso y lo imputa a la inconcreción de los compromisos adquiridos, que han quedado obsoletos y a la falta de voluntad política de los partidos nacionalistas. Sin embargo, los avances respecto del periodo anterior a la tregua son evidentes: "hoy en día el cambio de esquema es total, antes había un esquema `dependiente┤ respecto a España (o Francia) poniendo el futuro de Euskal Herria bajo el poder de una negociación, y hoy en día se ha socializado que eso hay que hacerlo por nuestra cuenta" (p. 57). Hasta ahora, la estrategia de la confrontación con los Estados se sostenía en la negociación bilateral ETA-Estado con un reconocimiento mutuo, ahora pasa a depender de la creación de "espacios liberados" del Estado que combatan todas las manifestaciones de éste en su propio ámbito territorial.

La indefinición de los partidos nacionalistas, "la flojera de los partidos políticos" (p. 57), es perjudicial para el proceso, "ha llegado el momento del tensionamiento y de llevar a cabo un ciclo político" (p. 57). La tregua tenía su "tempo" y éste ha acabado, "sino el proceso puede ir pudriéndose, sin concretar por donde hay que avanzar" (p. 57). Hace falta ya mayor concreción, una nueva tregua cuesta más definición, más compromiso, más contrapartidas y mas avances, hay que comprometer a PNV y EA con propuestas concretas con plazos y calendarios concretos.

En este ciclo de nueve meses en los que ha estado vigente la tregua, hay que distinguir dos fases diferentes, "la que llega hasta la creación de UOB (Udalbiltza) y la de después" (p. 58). Para ETA, "la falta de fuerza de la segunda parte ha acarreado la putrefacción del proceso. No se ha hecho nada alrededor de UOB y además se atrasa el `segundo paso ┤" (p. 58). ETA acusa a PNV y EA que "ni siquiera se ha dado una ruptura con los partidos españoles como se había dicho" y advierte de manera premonitoria que "se siguen manteniendo abiertos los puentes respecto al PSOE" (p. 58). Cree la organización terrorista, en alusión a municipios como Bilbao o a la actitud de los gobiernos forales de PNV y EA, que se ha desdeñado la opción de gobiernos que incluyan a EH. Todo ello, teniendo en cuenta además que "de febrero en adelante no se han dado nuevos pasos decisivos y mirando hacia el futuro el mantenimiento de esa indefinición trae un balance negativo" (p. 58).

La conclusión para ETA es clara: "la potencialidad que tenía el acuerdo firmado en 1998 está mellada por la falta de energía y por la tendencia de ir hacia atrás, desvirtuando en eso el acuerdo" (p. 58). Por ello, ETA, en pleno ejercicio de su papel de tutor de los acontecimientos, anuncia solemnemente a PNV y EA que, respecto a la tregua, "no marca un nuevo plazo de vigilancia –behatze- y, por su lado, considera que está en `suspenso ┤... consecuentemente, la interrupción de las acciones armadas también está en `suspenso ┤" (p. 58). Ahora bien, en una mezcla de cinismo y chantaje, afirma que "esto no significa que de par de mañana se va empezar a hacer acciones, que eso es decisión de la organización, pero que el acuerdo está `en el aire ┤y por tanto el compromiso tomado está en suspenso" (p. 58).

PNV y EA recibieron, al parecer, con gran sorpresa la noticia. ETA se proponía plantearles unas nuevas condiciones para prorrogar la tregua. El compromiso, desmentido por los partidos nacionalistas, de julio de 1998 no era ya suficiente. El monstruo quería más y más. En el balance de ETA –que, en la medida en que la tregua sólo dependía de su decisión, suponía la ruptura efectiva del periodo sin violencia- ""el acuerdo, por tanto, decae, y se abre la posibilidad de un nuevo Acuerdo, una propuesta que tendría que llevar el proceso concretado y hasta el final" (p. 59). Si hubo pacto, ETA planteaba un ruptura unilateral y subía el listón mínimo para negociar nuevas condiciones. La sensación de impotencia entre los partidos nacionalistas se manifestó públicamente bastante más tarde, en el aniversario de la ruptura de la tregua, cuando el EBB del PNV denunció que es ETA "quién omnimodamente decreta y anula sus altos el fuego". Sin embargo, ETA todavía llegaba a manifestar que "no quiere hacer ninguna labor de `tutela ┤" (p. 59).

Respecto al estricto control que ETA quiso ejercer sobre esta reunión tripartita y sobre los grupos de Lizarra, basta conocer que llegó a aleccionarles sobre el papel que debían de cumplir ante los contactos que se producieron con el Gobierno de España. Y que les advirtió muy severamente como debían entender "ese espacio de lealtad", con especial hincapié en sus tareas y, entre otras, la más importante: "no filtrar las informaciones" (p. 59).

El balance de ETA es demoledor. Quienes habían confiado en que de sus gestiones en verano del 98 sobrevendría una "paz irreversible", se encontraron con la desagradable sorpresa que ETA nunca pretendió soltar de sus manos el timón de una paz que era muy precaria y provisional y de la que dependía toda su apuesta política. ETA había decidido dar una nueva "vuelta de tuerca" a los partidos nacionalistas y elevar las condiciones del chantaje. Así, la nueva propuesta que se plantea a PNV y EA, para que la firmen junto a los representantes de ETA, contiene un compromiso de iniciar un proceso constituyente, "para crear un sujeto soberano" (p. 60).

El método propuesto es el de "hacer unas elecciones libres y democráticas en Euskal Herria" (p. 60),y sin tener en cuenta las distintas comunidades políticas preexistentes, en circunscripción electoral única que abarque los distintos territorios que conforman la Euskalerria cultural. Como objetivo, "es elegir un Parlamento de Euskal Herria formado por parlamentarios que representen a las diversas opciones políticas" (p. 60). Para ETA, las instituciones políticas hoy existentes, aunque cuenten con aceptación popular suficiente, son "particionistas". Hay que destruirlas o hay que sustituirlas. La "partición" social que, sin embargo, podría acarrear la propuesta de ETA es la partición que ha movido a la historia en un sentido de progreso, es la partición de clases, es la confrontación entre los que defienden "los actuales marcos de partición, de las actuales reglas de juego democrático, [que] han contado con la adhesión, más o menos entusiasta, de las organizaciones empresariales, llámense Confebask, Círculo de Empresarios, Confederación de Empresarios de Navarra..." (A. Otegi y JM. Olarra, "La soberanía, una necesidad popular") y los que defienden, como los autores citados, que "la soberanía es el socialismo".

Si PNV y EA se comprometieran con esta propuesta, ETA anuncia que, "en función de la estabilidad y la firmeza de ese Parlamento que vamos a crear" (p. 61), daría por acabada la defensa armada de Euskalerria. Es decir, una vez consumada la ruptura "de facto" con las instituciones vigentes, creadas las condiciones oportunas para recrudecer la espiral de enfrentamiento, puestos los pilares para que el antagonismo y la confrontación atraviesen cada comunidad, cada pueblo, cada barrio, cada casa, cada familia, ETA daría por acabada la "defensa armada" en función de que las nuevas instituciones se fueran consolidando y estabilizando. En una palabra, nunca.

Y, para los que no lo entienden o no lo quieren entender, ETA apostilla "de ese momento en adelante los firmantes de ese acuerdo tomaremos a nuestro cargo tanto el desarrollo del proceso de elección de los parlamentarios y lehendakari que tienen que ser representantes de la soberanía de Euskal Herria y de la construcción de las instituciones, así como de la defensa legítima frente a los ataques que vengan de fuera" (p. 61). Y, tras la propuesta, ETA emplaza a PNV y EA a que, si no están de acuerdo con ella, presenten una alternativa. Siempre con ventaja, les advierte sin embargo que "no se admiten pasteleos intermedios" (p. 62). Aunque la mayor ventaja para ETA es que "no pueden ganar tiempo con el retraso de las propuestas alternativas, porque el anterior acuerdo a quedado en suspenso. Por tanto, lo más lógico sería que además de trabajar con su propuesta alternativa den pasos en el sentido del anterior acuerdo. De esa manera asegurarían `el mantenimiento de la situación de hasta ahora ┤ aunque no acepten el nuevo acuerdo (...) Por tanto, la organización quedaba a la espera de la respuesta del PNV y de EA" (p. 63). ETA, celosa de no perder el control del proceso, puso un plazo a la respuesta: agosto de 1999.

LA TREGUA HA FINALIZADO.

Del testimonio de ETA en ZUTABE 85 cabe deducir que el PNV contestó a su propuesta en septiembre del mismo año. Al parecer, la respuesta del PNV debió parecerle una "declaración de intenciones", sin concreción alguna, y con la única intención de ganar tiempo. La conclusión de ETA es, por ello, poco condescendiente con las intenciones del partido nacionalista: "el PNV no va a dar por sí mismo un cambio político en profundidad, ni va a hacer una apuesta por la independencia o la soberanía, si la dinámica de la izquierda abertzale no se acelera" (p. 64). ETA quiere romper el ritmo del proceso, quiere acelerarlo y, para ello, necesita recrudecerlo, hacerlo más cruel para conseguir que los políticos vascos se muevan en el sentido que propone. No obstante, ETA se cree victoriosa, confía en las fuerzas del MLNV y está convencida que no tiene ninguna necesidad del PNV: "hay que mirar al PNV a los ojos y tiene que ver que la izquierda abertzale está dispuesta y es capaz de sacar adelante el proceso. Aunque sea largo y duro" (p. 64).

La decisión es inminente. El proceso sufría un "impasse" que no beneficiaba las ansias de victoria de ETA. La tregua no daba para más, "no al menos hasta que no haya una dinámica distinta" (p. 66). La organización decide romper, volver al combate, "aunque se sepa que se tendrá que vivir una situación dura" (p. 66). Junto con esta decisión que suponía el retorno a las armas, ETA decide filtrar a GARA todos los detalles secretos del proceso, filtración que provoca una gran controversia entre los políticos vascos. Así, el manifiesto en el que ETA comunica el final de la tregua se publica el 28 de noviembre de 1999 y anuncia que "desde el 3 de diciembre de 1999 queda en manos de ETA hacer saber a los grupos operativos cuando hay que hacer las acciones" (p. 68). ETA, pese a su voluntad de hacer operativa de inmediato esta decisión, no se cobra su primera víctima de este nuevo periodo hasta el 21 de enero de 2000, asesinando con un coche-bomba al militar Pedro Antonio Blanco García. Desde entonces hasta ahora, en una ofensiva brutal que ha conmocionado a las sociedades vasca y española, ha asesinado a 28 personas en casi 50 atentados. .

┐COMO VE ETA EL FUTURO MAS INMEDIATO?

Bajo el título "Azken Hausnarketak", ETA ofrece al lector de ZUTABE 85, es decir a su propia militancia, su particular perspectiva de lo que debe esperar del proceso que se abre tras la ruptura de la tregua.

Ante quienes, de entre sus propias filas, puedan albergar dudas sobre si el efecto de la ruptura de la tregua puede suponer un retroceso y una perdida de iniciativa política, ETA justifica la ruptura en que no había posibilidades de progresar en el proceso político y "como no se ha activado suficiente fuerza, son necesarios otros mecanismos para ir hacia delante" (p. 68) y alecciona a los suyos "eso no significa que volvamos a la situación anterior ". Pese al retorno al terrorismo, pese a los nuevos conflictos que este retorno va a crear incluso entre los suyos, ETA da por irreversible lo avanzado, cree que el suelo político que pisa es firme: "aunque dentro de este proceso ocurran cambios y rupturas el camino hecho está HECHO" (p. 68). El proceso no ha fracasado, la tregua no podía hacerlo avanzar más y, en ese sentido, es sólo la tregua la que ha agotado su potencial de aceleración de los acontecimientos. De hecho, ETA cree haber empujado a un cambio de discurso a los partidos nacionalistas: "Los que decían el Estatuto de la Moncloa o nada, están bajo la influencia de apostar por renovar el Estatuto y la Independencia" (p. 69). Aunque lo que, según ETA, quieren estos partidos no sea más que encontrar un "nuevo anzuelo" para desactivar el carácter revolucionario del MLNV.

ETA no confía en el PNV. Le atribuye un juego espurio. Quiere prevenir a sus militantes para que desconfíen asimismo del nacionalismo. Por ello, ETA denuncia que "El PNV por su parte hacía tiempo que estaba preparando el fin de la interrupción de las acciones" (p. 69). Acusa que el PNV sabía desde julio de 1999 que la tregua estaba suspendida. Ante este hipotético escenario, el PNV habría comenzado a dar determinados pasos y a realizar algunas gestiones, "estaba preparando una `nueva fase de gestión ┤" (p. 69). Según ETA, "así se tiene que entender el acercamiento al PSOE, la participación en las elecciones españolas, así como la posibilidad de adelantar las elecciones..." (p. 69).

El reinicio de la lucha armada no es el fin de Lizarra o de Udalbiltza, que siguen conservando el sentido que motivó su creación. Aunque advierte que, tras el fin de la tregua, "ha habido tentaciones por parte del PNV y de EA de utilizar la amenaza de parar el desarrollo de Udalbiltza a modo de chantaje" (p. 69). La "indefinición", la "falta de voluntad política" y los obstáculos que han puesto estos partidos han paralizado el proceso. Ha "llegado el tiempo de la definición" y dicha definición exigía desatar los nudos, remover los obstáculos y superar las contradicciones que se planteaban a la hora de concretar hacia donde habría de avanzar el proceso. Y para resolver dichas contradicciones, ETA ha recurrido a la acción armada, que crea un escenario crítico que facilita que se vean con claridad y tremenda crudeza los problemas que hay que resolver, acelerando mediante esta "dinámica de crisis" la erupción del conflicto en sus más graves síntomas. Iñaki Gil de San Vicente, un teórico marxista local de gran predicamento, lo explica de la siguiente manera: "esas tremendas y dolorosas acciones [las acciones terroristas de ETA] han sacado a la superficie los obstáculos que lo frenaban y casi lo encallan [se refiere al proceso]". Y aboga por incentivar la "tendencia ascendente" del proceso histórico.

A modo de escalera, se asciende en el proceso histórico con uno de los pies bien asentado en un punto de apoyo firme, sobre un suelo que no puede fallar. Sólo así se puede ascender con garantías de no perder el equilibrio y caer escaleras abajo o, más precisamente, caer proceso abajo. Por eso, ETA advierte que "los acuerdos de Lizarra Garazi y Udabiltza tienen que aguantar también en una situación de enfrentamiento duro" (p. 69). Tienen que continuar, ya que "esa es una de las claves del futuro y en eso se tendrá que hacer un gran esfuerzo" (p. 69).

Pero, el esfuerzo por mantener Lizarra-Garazi y Udalbiltza no debe suponer plegarse a los "ritmos" e "indefinición" de PNV y EA, más preocupados en "normalizar" o domesticar al MLNV que en otra cosa. Lizarra y Udalbiltza serán una realidad firme y consolidada sólo bajo la dinámica política que impulse el MLNV. Dentro de las claves de superación del "conflicto político" "hay que escribirlo con letra grande LA FIRMEZA Y LA DINÁMICA QUE VA A DESARROLLAR LA IZQUIERDA ABERTZALE va a ser la clave fundamental" (p. 69). ETA anima a su gente, les indica que el MLNV tiene capacidad para activar, impulsar y hacer avanzar el proceso, "en creer en ello y en superar las vacilaciones que aún todavía se notan reside la clave de sacar grandes beneficios de la fase que viene" (p. 69).

Ahora bien, ETA también es consciente de las amenazas, riesgos e impedimentos que contrae el MLNV con esta dinámica. En primer lugar, "la posible acomodación que podía traer la situación de este año" (p. 70). En efecto, "la Izquierda Abertzale ha vivido años duros, habiendo encontrando numerosos obstáculos y dificultades para desarrollar una labor social" (p. 70). En cambio, los militantes del MLNV habrían conseguido durante la tregua ganar en legitimidad social y convertirse, además, en referentes políticos. La labor de los militantes del MLNV en los pueblos y barrios de Euskalerria ha encontrado más facilidades que nunca. En el ámbito de lo personal, el cambio aparejado a la declaración de tregua fue patente y, ahora, "será duro hacer frente de nuevo a una situación de confrontación, sabiendo las consecuencias políticas y personales que ello traerá" (p. 70).

En segundo lugar, "La Izquierda Abertzale ha conocido una buena situación política y puede surgir la tentación de conservar esa situación de cualquier manera" (p.70). La presión de estas tentaciones aumentará, sigue advirtiendo ETA, ante los cantos de sirena del PNV. Para no derrumbarse ante estas presiones "en las relaciones se necesitará flexibilidad pero firmeza en los principios y los objetivos" (p. 70).

Y, en tercer lugar, ETA menciona el efecto real y psicológico asociado a eventuales "golpes de la represión". La organización terrorista revolucionaria recuerda que "no sería la primera vez que la Izquierda Abertzale se sintiera psicológicamente débil por las caídas que puedan pasar, y que en esos momentos se olvida que la permanencia y la capacidad de influencia son las que hay que tener en cuenta, aunque las caídas siempre duelan" (p. 70).

Por todo ello, ETA instruye de esta manera al MLNV: "es fundamental que la Izquierda Abertzale tenga clara su apuesta política y que concrete los cimientos de la dinámica general a largo plazo" (p. 70). ETA indica que hay que prepararse para una larga etapa, por encima de coyunturas favorables o desfavorables, en la que lo importante es la fe en el proyecto político, la confianza en la apuesta estratégica y en el compromiso personal y colectivo.

FINAL

En definitiva, ETA prevé una larga y dura etapa, previsión contra la que van a chocar los mas optimistas pronósticos, esos que auguran que la derrota policial de ETA está muy cerca o esos que profetizan que el gasto de crueldad y de horror que ha hecho ETA en los últimos meses indica que "el conflicto está maduro" y que sólo nos queda un breve ciclo de sufrimiento antes de la tregua y paz definitivas. En Euskadi, las euforias duran muy poco. Justo hasta que llega la siguiente sacudida. Estas euforias son falsas. Acaso sirvan para que alguien gane las elecciones vascas. Pero, la pura realidad es que no hay atajos para derrotar a ETA. Si hay algo que se ha ensayado durante los 20 años de democracia es siempre la vía más rápida. No tanto la más democrática, la más honesta, la más respetuosa con la voluntad popular, sino aquella que los máximos responsables de la lucha contra ETA pensaban que era la más rápida para atajar el problema. No vamos a abundar en una cuestión que, como ésta, hemos tratado repetidamente en artículos precedentes. Seguiremos haciéndolo, pero no en este trabajo. Su finalidad era otra y creo que ha sido ya cumplida.

Joxan Beloki