Artxibo rtf

(14 - 2001ko Martxoa)

TEXTOS DE ETA: BALANCE DE LA TREGUA (II)

"QUE ETA NO PUEDA MANEJAR LAS TREGUAS A SU GUSTO"

En el boletín ZUTABE nº 85, ETA realiza un balance exhaustivo de los antecedentes más inmediatos y del desarrollo de los 14 meses de vigencia que tuvo la tregua. En él se desvelan muchas de las reflexiones políticas que llevaron, mediada la década de los 90, al MLNV y ETA a iniciar un cambio estratégico que les ha colocado en el mismo epicentro sísmico de la política vasca y española. En el primero de los artículos de la serie subrayamos la centralidad y la fascinación que, como consecuencia inseparable de la conmoción que crea una violencia que condiciona la agenda profesional y las vidas personales de muchos políticos y no políticos, el factor "tregua de ETA" ejerció y ejerce todavía en la política.

La realidad es que cada uno ha entendido la tregua como ha necesitado, ha querido, ha deseado o ha temido que fuera. Unos como "rendición o derrota" de ETA, otros como "proceso de paz", aquellos como "trampa" y estos como "paz sin retorno". Todos han interpretado la tregua a su gusto, acaso pensando que interpretarla a su gusto les facilitaría manejarla a su gusto. Todos han hecho o rehecho sus discursos, todos se han colocado o recolocado en referencia a la tregua, en actitud activa o pasiva, en posición favorable o negativa. La tregua ha polarizado la política vasca.

La idea de tregua sigue ejerciendo esa centralidad en la política vasca muy a pesar de que el mismo EBB del PNV constató en el aniversario de la ruptura de la tregua del 98 que es ETA y sólo ETA "quién omnimodamente decreta y anula sus altos el fuego". Ya lo advirtió el lehendakari Ardanza al considerar "que ETA no pueda manejar las treguas a su gusto" era un factor esencial para conseguir la normalización sin sucumbir a ETA. Muy especialmente, fundamental para la implantación del Plan de normalización que presentó a inicios del año 1998 en el seno del fenecido Pacto de Ajuria Enea.

Para ETA, sin embargo, "las treguas son instrumentos que desbloquean y facilitan situaciones". Instrumentos que deben facilitar situaciones, aunque resulte ocioso recordarlo, favorables para sí misma. Si se acepta que el vasco es un escenario de lucha, en el que actúan permanentemente intereses y fuerzas rivales y contrapuestas, y que en un espacio de lucha existe siempre la probabilidad de fracasar se puede comprender que ETA creyera que la iniciativa de tregua, juntamente con nuevas oportunidades, podría acarrear amenazas y riesgos. Confiarse, sin prevenir dichas amenazas, al inapelable éxito de un planteamiento estratégico que en la pizarra aparecía como genial podría ser fatal. Siendo, además, conocedora de ese interés en que "no pueda manejar las treguas a su gusto" y recelosa de la gran habilidad que han mostrado sus enemigos para beneficiarse de iniciativas que a priori se han diseñado para combatirles, ETA dispuso, en verano de 1998, de una serie de garantías para que el alto el fuego no se le fuera de las manos. Son unas garantías predeterminadas, que conforman un sistema de llaves casi perfecto que reducen su margen de riesgo y le otorgan una superioridad y un protagonismo indiscutibles sobre sus adversarios y también sobre los eventuales aliados, PNV y EA, a los que va específicamente dirigida la oferta de tregua.

En el artículo del mes pasado hemos analizado como opera ETA con algunas de estas llaves. Desde el propio formato de pacto a tres bandas que propone a PNV y EA, ETA busca comprometer a estos partidos sin perder su posición de ventaja. Aparentemente, las tres partes se comprometían a cesiones del parecida naturaleza, "En esa propuesta cada parte ponía algo sobre la mesa y se tomaba en compromiso por parte de todos para dar pasos efectivos de cara a la construcción nacional y popular" (p. 15). La realidad era muy otra. ETA renunciaba a ejercer la violencia –ilegítima y antidemocrática a los ojos de la mayoría de los vascos- de manera provisional, excluidos determinados supuestos y reservaba para sí el papel de tutor de los acontecimientos. Los partidos PNV y EA, por su parte, "tenían que tomar el compromiso de dejar de tener relaciones con los partidos enemigos de Euskal Herria" (p. 15). ETA, por tanto, proponía que PNV y EA vendieran su "alma democrática", su mejor y más legítima aportación pactista a la construcción nacional vasca, a cambio de un cese limitado y en precario de una "lucha armada" ilegítima y antipopular. El pacto no era tal. Era, más bien, un acto de avasallamiento antidemocrático. Pero, para ETA, era una de las llaves para poder conducir "la tregua a su gusto".

Había más llaves. La ausencia de EH del compromiso tripartito es otra de ellas. Precisamente por su ausencia, EH queda eximida de cesión política alguna. Queda con las manos libres para marcar el tiempo y los contenidos del proceso político abierto. Así se indica en ZUTABE: "Para imprimir a la iniciativa (de tregua) su ritmo propio iba a ser la dinámica y la iniciativa de la izquierda abertzale la predominante y casi única" (p. 22). Para ETA, recelosa de la capacidad de maniobra del "enemigo" no es, empero, suficiente. Hay más llaves todavía que buscan mantener la tregua bajo su control. Algunas de éstas son conocidas por todos y se concluyen directamente de sus manifestaciones públicas. Otras permanecen ocultas a todos, incluso a sus circunstanciales aliados. Y, finalmente, otras, pese a ser conocidas por ETA y los partidos que supuestamente firmaron el acuerdo del verano del 98, son desconocidas para la opinión pública en general.

LAS LLAVES OCULTAS DE ETA

El compromiso que ETA ofreció, en agosto de 1998, a los partidos nacionalistas tenía, ciertamente, aspectos inconfesables ante la opinión pública. Aspectos que, aun siendo esenciales para comprender el alcance y consecuencias de la tregua de septiembre del mismo año, son consciente y celosamente ocultados a la opinión pública. Aspectos, asimismo, que, a medida que fueron siendo conocidos, terminaron debilitando la expectativa social que inicialmente generó la repetida tregua. El ocultamiento de estas cuestiones se realiza de una manera deliberada. Obviamente, del enmascaramiento de alguno de estos aspectos también dependía que ETA monopolizara el papel de protagonista de los acontecimientos políticos que se produjeron tras la declaración del alto el fuego.

ETA, en la proclama de septiembre de 1998 en la que anunció la tregua, indicó que sus actividades se limitarían a "al trabajo de aprovisionamiento habitual, al mantenimiento de las estructuras y al derecho de defensa en enfrentamientos hipotéticos" (ZUTABE, p. 29). Nunca ocultó, por tanto, que podría recurrir a nuevas extorsiones económicas a empresarios o profesionales ("trabajo de aprovisionamiento habitual"). No ocultó tampoco que podría abordar tareas de reposición de cuadros ("mantenimiento de las estructuras"). Pero sí ocultó o eludió pronunciarse, incluso ante el interés de PNV y EA, sobre la vigencia de la Kale Borroka. Esta, según atestiguan documentos internos, se había preparado para esta ocasión en los años de Oldartzen "haciendo suyos algunos frentes que pertenecían a la Lucha Armada". La consigna de ETA a sus cuadros y simpatizantes fue literalmente esta: "Tenemos que ir preparando la lucha en la calle para cuando calle la Lucha Armada". Llegó, pues, la tregua y la Kale Borroka ha terminado cubriendo el vacío dejado por las `ekintzas´ de ETA. La pedagogía de la violencia ilegítima no debía desaparecer del todo. Podría ser muy peligroso acostumbrar a la sociedad vasca a una ausencia de violencia absoluta.

Para la organización, sin embargo, toda prevención era poca. Había que estar preparado. Las amenazas a las previsiones de ETA se mostraron desde el primer momento: "los fallos y los peligros que iba a acarrear el proceso desde el primer momento junto con la interrupción de las acciones" (p. 30). Una tregua prolongada o una concatenación de treguas sin contrapartidas cualitativas, tal y como deseaban PNV y EA que fuera al vender a la opinión pública que la declaración de ETA de septiembre de 1998 abría en Euskadi un "proceso de paz", era muy peligrosa. En documento interno publicado por EGIN en octubre de 1991 ETA advierte a su militancia que "una concatenación de treguas podría dar paso a una situación de inactividad durante un periodo dilatado, con lo que, al margen del propio vigor del MLNV, los riesgos de consecuencias traumáticas de una ruptura serían mayores". Recuerda la organización terrorista que "el enemigo podría crear una psicosis tal en la que trataría de hacer inevitable la rúbrica de la tregua siguiente". Y crear una inercia de treguas no sería, para ETA, "sino una forma encubierta de aniquilamiento del MLNV y, por ende, la puesta en práctica de la eterna estrategia del enemigo" a través de la que "el enemigo iría a conseguir que el mantenimiento de la lucha armada llegase a crear costes políticos, sociales y electorales". Así pues, concluye ETA su reflexión, "si todo esto no lo atamos de antemano, estaríamos cayendo en ligerezas".

ETA no quiso actuar, en este caso, con "ligereza". Estudió con exhaustividad y precisión casi matemática las condiciones en las que habría de declarar la tregua o alto el fuego de 1998. Por esto, de la nómina de ases que ETA guardó en la manga hay que resaltar, finalmente, el relativo a la vigencia de la tregua. Hoy no hay ninguna duda: ETA ocultó y engañó con chulesca premeditación a la sociedad vasca y lo hizo al anunciar que la vigencia de la tregua era "indefinida". En ZUTABE 85, la organización terrorista reconoce el doble juego a que ha apostado: "aunque el alto el fuego va a mostrar su carácter indefinido entre la gente, el mismo va a tener un primer plazo de cuatro meses para que EAJ-PNV muestre su voluntad de cumplir los compromisos que ha tomado, estando condicionado su alargamiento y su carácter definitivo en función de esos compromisos" (p.17). La tregua era, pues, indefinida para el común de los mortales. En realidad, sin embargo, una cláusula secreta remitía su vigencia a cuatro meses prorrogables. Tras evaluar el desarrollo de los acontecimientos y el comportamiento de los distintos agentes políticos (particularmente, del PNV) en estos 4 meses, ETA decidiría la ruptura del alto el fuego o su prorroga. De esta manera, se reservaba para sí la llave maestra del proceso que se había puesto en marcha.

Con todo, ETA "ha manejado la tregua a su gusto". Había previsto inaugurar una nueva "fase política" para la política vasca lo que venía a significar mas o menos echar al cubo de basura de la historia todo lo que, tras 20 años de democracia vasca, se había construido en país. Allá donde otros veían "derrota" o "renuncia" a la "lucha armada", este hecho para ETA "le daba a la lucha armada otra dimensión y una efectividad mayor" (p. 31). Más precisamente, una "capacidad de condicionamiento mayor" (p. 31).

FEBRERO 1999: 1ª EVALUACIÓN

La Lucha Armada debía cobrar, tras esta iniciativa que le llevaba a cesar provisional y limitadamente, una mayor eficiencia y un mayor carácter decisivo. ¿Cómo? En primer lugar, la tregua debía llevarnos a un escenario de mayor confrontación, de activación de todos los frentes de antagonismo con el sistema, con las instituciones, con el Estado. La revolución vasca sólo podría avanzar en combate contra todo lo establecido. Lo vasco, según esta tesis, sólo podría construirse desde la destrucción de lo francés y lo español. Era necesario dispersar al enemigo para aislar al enemigo más enemigo a fin de combatirlo con mayor eficacia. Las conversaciones que cristalizan en verano de 1998 y el pacto de Lizarra, buscan y consiguen el objetivo.

Tras haber logrado que los nacionalistas "rompan amarras con los partidos españoles", el siguiente paso es romper unilateralmente toda relación política con las instituciones y, creando un poder virtual, establecer una nueva jurisdicción cuya única fuente de legitimidad es la revolucionaria. Exasperando esta irreconciliable y provocadora dialéctica no tardaremos en reparar porqué la Lucha Armada termina siendo un factor decisivo, como depositaria de la capacidad disuasoria del nuevo sujeto político. Así lo proclama ETA en manifiesto público en febrero de 1999: "La legitimidad del derecho a la defensa de los ciudadanos es un concepto y una práctica que no hay nunca que perder de vista" (p. 52).

En la evaluación que realiza en las primeras semanas del año 1999, ETA se refiere a la actitud de los Gobiernos español y francés, a los nacionalistas vascos y al MLNV. La organización valora que la proclama de alto el fuego deja al Gobierno español en claro fuera de juego. "La iniciativa (de tregua) de ETA cogió fuera de juego al Gobierno español en dos sentidos: 1) no aparecía un plazo; y 2) no había ningún emplazamiento para el Gobierno" (p. 42). En realidad, en lo que a la vigencia indefinida de la tregua se refiere, es claro que no había tal. En todo caso, hubo engaño, de muy zafio estilo, a la propia opinión pública vasca. Es un hecho, sin embargo, que el Gobierno español quedó aturdido por no haber sido siquiera interpelado por el gesto, aparentemente unilateral, de ETA. Ciertamente, no se había percatado del cambio estratégico que había operado en ETA. Difícilmente podría comprender, por tanto, que en septiembre de 1998 lo que emergía era "una nueva reflexión acerca del frente de la negociación" (p.42)

En algún momento de esta primera fase de la tregua, ETA detectó que se estaba imponiendo un análisis de la realidad equivocado y peligroso, un análisis que señalaba el inmovilismo y la cerrazón del Gobierno y la debilidad de la organización terrorista como los factores claves del momento. Respecto a la tesis que sostenía su presunta debilidad, ETA advierte que, "si el proceso se torcía en el futuro aumentaba el `peligro´ de tener que demostrar la `mentira´ de esa tesis" (p. 30). Tras la ruptura de la tregua, la amenaza se ha cumplido. Frente a esa imputación de "debilidad", la crueldad y la saña con la que están actuando los renovados comandos de ETA responde, en buena medida, a la decisión de demostrar capacidad y fortaleza operativa.

El análisis precedente podría encajar, acaso, con los intentos de los partidos PNV y EA –a juicio de ETA, "compañeros de viaje de la iniciativa (de tregua)"- que "`intentaron vender como proceso de `paz´ la iniciativa (de tregua) sobre todo para quitarse de encima la presión que les venía de España y para oscurecer las circunstancias que le venían demasiado bien a la izquierda abertzale" (p. 30). Así, ETA habría observado que "PNV y EA rápidamente miraron a Madrid en busca de ayuda, echando sobre el Gobierno la responsabilidad de hacer algo para que lo que tenía que ser construcción nacional se convirtiera en `proceso de paz´" (p. 43). El PNV pretende engañar a ETA, para que "el alto el fuego se prolongue y lleguemos a una situación de no vuelta atrás" (p. 37). Su intención es "bascongadizar el conflicto entre Euskal Herria y España y Francia".

Siendo así, todavía estaría por ver "aquel que había gestionado durante tantos años pactos antiabertzales, por cuanto tiempo iba a sostener un acuerdo que en su desarrollo, siendo vasco, tenía que ser forzosamente antifrancés y antiespañol" (p. 37). Pero, no hay alternativa fácil para éstos: "el proceso puesto en marcha mediante la iniciativa (de tregua), de seguir para adelante, le anunciaba al PNV que no le iba a ser posible, como partido, seguir con el mismo juego" (p. 37). Para prevenir al PNV de la tentación de sobreponerse a esa "imposibilidad", ETA le remite una advertencia de clara intención disuasoria: "Eta bestela... (y si no...)" (p. 37). De EA no se podría esperar gran cosa, se señala en ZUTABE con cierto desdén hacia este partido, excepto que sea absorbido por el PNV. Frente a una actitud política que juzga "vacilante", mantiene cierta esperanza en que "la única duda respecto a ese futuro la podía traer solamente la coherencia abertzale de la gente de Bizkaia" (p. 37)

La lectura de la tregua, de sus efectos en el entorno del MLNV y la actitud de los organismos de este movimiento durante la misma se valora principalmente como positiva. Hay recelos en algunos sectores. Y, a decir verdad, ETA los trata con mucha comprensión. Incluso, percibe que en otros sectores se han tomado en serio "la teoría del fracaso o la rendición de ETA" (p. 30). Pero, básicamente, las posiciones políticas del MLNV y su penetración social se fortalecieron de manera indiscutible tras la tregua:

    • Socialmente, el MLNV se encontró en su medio. El debate público y la agenda política venían determinados por los temas que habían legitimado su discursos durante años: "Con los presos, las claves para solucionar el conflicto político, Euskal Herria, darle la palabra a Euskal Herria,... la izquierda abertzale se encontraba muy a gusto en ese discurso político" (p. 37).
    • EH había conseguido un gran poder de veto político y una inmensa capacidad de iniciativa. Era la "llave" del momento político: "En la matemática electoral, en la mecánica institucional, en la política parlamentaria... en todos los cálculos políticos que se hacían tenía la posibilidad de poseer la `llave´" (p. 38). "Era la llave cotizada y deseada que podía abrir y cerrar muchas cosas políticas" (p. 38)
    • La sensación general era que "la izquierda abertzale guiaba la dirección de la iniciativa política" (p. 37). El MLNV nunca había gozado de semejante posición política. El Gobierno Vasco necesitaba a EH "y además la Asamblea de Municipios y el acuerdo Lizarra-Garazi iban hacia adelante" (p. 38).
    • La pertenencia a ese mundo volvía a ser motivo de satisfacción personal. La proyección e influencia sociales de los adscritos al MLNV era creciente. "En general, la situación laboral y personal dentro de la izquierda abertzale fue a mejor. Pertenecer a la izquierda abertzale podía nueva y prontamente ser síntoma de `prestigio social´" (p. 37).

Había recelos, ya lo hemos dicho. Cree ETA que "la Izquierda abertzale sociológica de fuera de las estructuras estaba contenta viendo a pan y agua a los españolistas, y a gusto como si les hubiera tocado la lotería con la `paz provisional´" (p. 39). Y, sin embargo, "entre los militantes la infrasociedad de la izquierda abertzale estructurada había gente entristecida, y que muchas veces iba con el freno de mano" (p. 39). Comprensivamente, la organización armada se explica la actitud de estos militantes en el contexto de la crudeza de las condiciones en que se ha desenvuelto el MLNV hasta ese momento y que el movimiento "no estaba para conformarse con soluciones que sólo eran aparentes" (p. 39)

Exactamente por eso," para que la iniciativa no se interiorizase como una enmienda a la totalidad de todo lo que se había hecho hasta entonces se tenía que hacer un trabajo profundo, para que aquellos que eran críticos con la lucha armada, haciendo una interpretación torcida de los hechos, no mezclasen `construcción nacional´ que era la apuesta de ese momento, con `proceso de paz´" (p. 39). La oposición "proceso de paz" versus "construcción nacional" no es sólo una oposición entre las interpretaciones que ETA y PNV tienen sobre el desarrollo político que debía seguir a la tregua. Esta oposición tiene su reflejo concreto en el seno de cada uno de esos grupos y, a ello se refiere ETA en el párrafo que comentamos, también dentro del MLNV. Desde el mismo inicio de la tregua, por ello, se abre asimismo un frente interno de confrontación, que exige amplia dedicación, debates en profundidad, clarificación de ideas y la apertura de un contexto adecuado para ello: es el proceso de "refundación", posteriormente llamado BATASUNA.

Para ETA,"una vez puesto el proceso en marcha, es muy difícil decir que alguien lo controla" (p. 44). Pero, cree que debe establecerse la naturaleza del proceso de una manera clara. Y, en este contexto, ETA y el MLNV sí que tienen cosas que decir. Este proceso no es, en su naturaleza, un proceso de paz, sino un proceso de "construcción nacional". Es esta naturaleza la que va a imponer unas pautas de interpretación y actuación, sólo dentro de las cuales será posible la aportación plural de los agentes comprometidos. Por eso es tan importante "caracterizar bien a los instrumentos políticos nuevos (Lizarra-Garazi, EHUOB,...) y alejarlos constantemente de los partidismos " (p. 44).

HAY VEREDICTO: LA TREGUA SE PRORROGA

ETA ha visto que, en los primeros 4 meses de vigencia de la tregua, "la situación política nueva era adecuada para los mínimos que defendía la izquierda abertzale" (p. 44). Le parece destacable la creación de la Asamblea de Electos Locales (EHUOB), lo que más adelante se ha llamado Udalbiltza, en cumplimiento del primero de los puntos del compromiso de verano de 1998. En cuanto al segundo punto, que exigía la ruptura de todos los pactos con los partidos españoles, ETA considera que PNV y EA no lo han cumplido. Y cree cumplido el tercero de los puntos, que obligaba a ETA a declarar el cese general e indefinido de toda actividad armada,

La creación de Udalbiltza provoca un debate público muy interesante. EH y ETA consideran que crear Udalbiltza es fundar la "primera institución nacional", cuya función política sería abrir un "proceso constituyente vasco". Esta interpretación crea muy serios problemas para PNV y EA que se esfuerzan en manifestar que no aceptarán crear una Asamblea de Electos que sea contraria a las instituciones vigentes. Se acuña, para consumo interno, la expresión "pista de aterrizaje", que viene a significar que el vuelo de ETA ha concluido y pide permiso para un aterrizaje suave, en una pista preparada al efecto para que su vuelo no parezca, aunque lo fuera, una derrota o un fracaso. A pesar de ello, la falta de fe en la citada Asamblea hace que se retrase su creación. Finalmente, tras múltiples presiones y alguna que otra amenaza de ruptura de la tregua, se celebra la Asamblea Fundacional en Iruña.

ETA consideró este acto como el más importante acontecimiento de los 4 meses. Creyó que "poner como nuevo punto de inflexión a EHUOB expresaba bien que no era un `proceso de paz´ ni un proceso respecto al Estado español, sino uno que tenía como base y meta Euskal Herria" (p. 45). Es decir, la clave que valora ETA es que, mediante la creación de la Asamblea de Electos, se ha dado un espaldarazo político al carácter "constituyente" del proceso político iniciado tras la tregua.

Lejos de impulsar un "proceso de paz" o un diálogo o negociación con el Gobierno español, la fundación de la Asamblea de Electos (EHUOB) venía a ser el primer paso de una meditadísima estrategia de ruptura con las instituciones. De esta manera, "Aunque no tengamos un encaje legal preciso ni la arquitectura jurídica en los actuales estados, ni reconocimiento constitucional ni internacional, y ni reconocimiento oficial de los otros estados, tenemos que sacar en claro de este proceso el solar del cual se va a construir Euskal Herria" (p. 47). Sin encaje legal, sin reconocimiento internacional,... en ruptura total con los de dentro y con los de fuera, violentando todo tipo de relaciones solidarias, destruyendo lazos políticos y afectivos, agudizando todos los enfrentamientos, destruyendo todo lo que es entorno seguro para vascos y no vascos, pautas de vida, valores, instituciones, símbolos, todo eso para ganar y sólo para ganar.

Porque sólo la revolución triunfante es reconocida, porque únicamente la victoria procura sus propios encajes legales y constitucionales. Aunque, este sólo era el primer paso. Más adelante, "se necesitaran las precisiones de los trazos pequeños de la construcción de Euskal Herria". Con trazo grueso o con trazo fino, ETA quiere que delinear un proceso de soberanía de nuevo cuño. Un proceso de soberanía que, según precisan Joxe Mari Olarra y Arnaldo Otegi, "significa fundamentalmente, que los recursos financieros, naturales, culturales de nuestro país sean gestionados sin interferencias y en beneficio de una mayoría social progresista y socialista que la izquierda abertzale pretende liderar y articular" (GARA, 17-II-2001). Y hay que decirlo todo: se trata de un significado de soberanía enfrentado a una idea de respeto a las decisiones de la sociedad vasca. Es una soberanía que únicamente vale si beneficia a una determinada "mayoría social progresista y socialista", que con tanto calificativo puede que no sea ni mayoría y que, sobre todo, demuestra que se propone, a sensu contrario, perjudicar a ese sector de la sociedad al que se destierra al, para el MLNV, "despreciable" ámbito de la "minoría social". Es una soberanía al servicio de la "necesidad revolucionaria" de vencer al enemigo de clase, a ese enemigo que debe ser perjudicado y derrotado por imperativo de la historia. De esta afirmación deriva una pregunta directa a las direcciones de PNV y EA: ¿En qué es congruente esta idea de soberanía de "usar y tirar" -que se defiende "sólo si beneficia los intereses que represento"- con la concepción de continuidad de la nación vasca a través de la historia que ha defendido desde su origen el nacionalismo?

La valoración de ETA, de todos modos, es triunfalista tras este primer plazo. Y esto es determinante para que, pese a los numerosos problemas detectados durante esta primera etapa de la tregua, se prorrogue la misma. En un comunicado remitido a PNV y EA y fechado en febrero de 1999, ETA anuncia la prorroga de la tregua y que "para al cumplimiento de los compromisos se ha fijado un nuevo plazo de vigilancia de cara a los próximos cuatro meses" (p. 48). En el manifiesto dirigido a la opinión pública, sin embargo, se sigue ocultando toda mención a los plazos de vigencia del alto el fuego.

EN EL PROXIMO GOIZARGI, EL ARTICULO FINAL DE LA SERIE

El final del primer plazo coincide con la creación en Iruña de la Asamblea de Electos Municipales. ETA considera que "Desde el momento que se les hizo saber a PNV y EA que la iniciativa (de tregua) seguía adelante" "entonces mismo se terminó la efectividad de la iniciativa" (p. 53). A partir de aquí se abre un segundo plazo que acaba en julio con la reunión de evaluación del proceso celebrada entre PNV, EA y ETA.

En el siguiente artículo analizaremos los acontecimientos de esta segunda fase y conoceremos la opinión de ETA sobre los mismos, a la vez que trataremos de conocer las claves que ETA plantea para el escenario que se abre tras la ruptura de la tregua. Mientras tanto, como final de esta segunda entrega, anticipamos un resumen de los acontecimientos que se sucedieron en estos nuevos 4 meses de alto el fuego.

En este periodo de tregua prorrogada, la Kale Borroka alcanzó su mayor intensidad y los partidos nacionalistas exigían su cese inmediato. PNV y EA comenzaron a demandar a ETA una "tregua definitiva" y, ante una realidad socio-política cada vez más crispada y dividida, la unidad de acción de estos partidos seguía prácticamente intacta. En abril, los grupos del pacto de Lizarra convocan un paro de dos horas y movilizaciones unitarias. La Asamblea de Electos convoca un Aberri Eguna, al que se adhieren PNV, EA y EH. En mayo, los tres partidos firmaron un acuerdo de colaboración parlamentaria que se comprometía a sostener al Gobierno Ibarretxe. En junio, se celebraron las elecciones locales y la alianza se extendió a la mayoría de los gobiernos municipales donde es posible. La Asamblea de Electos Locales debía constituirse de una manera formal e iniciar sus trabajos inmediatamente después de estas elecciones. Sin embargo, esto no se produce hasta septiembre del mismo año.

La niña de los ojos de ETA –que hemos denominado indistintamente EHUOB, Asamblea de Electos Locales o Udalbiltza- se encuentra en una situación de bloqueo cuando se reúnen representantes de PNV, EA y ETA en julio de 1999. ETA comunica a los representantes nacionalistas que la tregua queda "en suspenso" y abre la posibilidad a un nuevo compromiso que contiene, en 7 puntos, un propuesta de creación de un "sujeto soberano" con jurisdicción sobre todo el territorio de Euskalerria, que rompa con las instituciones hoy vigentes en esos territorios. Propone, además, unas elecciones a celebrar tomando todo el territorio como una circunscripción única para elegir un Parlamento y un lehendakari. ETA, finalmente, exige a PNV y a EA una respuesta concreta para final de agosto del mismo año. Según la organización terrorista, el PNV respondió en septiembre con una mera "declaración de intenciones" y EA ni siquiera respondió.

Ante esto situación, ETA constata "la putrefacción del proceso y la pérdida notoria de dirección" (p. 66) y anuncia, en comunicado público fechado en noviembre de 1999, que ha tomado "la decisión de reactivar el uso de la lucha armada" (p. 68). Tal y como nos hemos comprometido, en el próximo GoizArgi abordaremos estas cuestiones con mayor detalle.

Joxan Beloki