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TEXTOS DE ETA: BALANCE DE LA TREGUA (I)

(13 - 2001ko Urtarrila)

A VUELTAS CON LA TREGUA

El pasado 28 de noviembre de 1999, ETA daba por concluida la tregua –o, más precisamente, el alto en fuego que había declarado 14 meses antes. En el año largo que ha seguido a la ruptura formal de la llamada tregua, ETA ha cometido 23 asesinatos. Además, cuatro militantes de la organización armada han fallecido víctimas de su propia obstinación terrorista. El final sangriento de este periodo de 14 meses sin muertos ha generado, por añadidura, una inmensa decepción social y un desconcierto político sin precedentes en las filas del nacionalismo.

La tregua, pese a su trágico final, sigue ejerciendo un gran poder de fascinación sobre algunos dirigentes políticos. Algunos dirigentes nacionalistas creen aún en la posibilidad de una segunda tregua. Los medios de comunicación españoles conjeturan con una tregua ante las elecciones autonómicas vascas que favorezca las expectativas de los partidos abertzales y HB. De la tregua hablan los disidentes de Aralar, en la tregua confían los adheridos al documento de Zaramaga, a la tregua aluden también políticos como Maragall, de la tregua se previenen los socialistas vascos de Redondo. La tregua, sin duda, todavía fascina.

Una fascinación que viene siendo alimentada por las filtraciones que dosifica el MLNV y que consiguen alimentar esperanzas virtuales en los dirigentes políticos. Un ejemplo de estas filtraciones lo tenemos en el artículo de Carmen Gurruchaga en EL MUNDO del 8 de enero de 2001, que sugiere un inexistente distanciamiento de algunos de los dirigentes más significativos de EH –Arnaldo Otegi, Floren Aoiz- respecto de las tesis de ETA. Y una fascinación a la que contribuye también la actitud de los directivos de Elkarri que consideran, como Jonan Fernández en el Diario Vasco del mismo 8 de enero de este nuevo año, "una tregua como lo más viable que podría ocurrir" y que "el cambio político y social que se produciría con una tregua sería importantísimo".

Entretanto llega esa conjurada "tregua", para evitar que el creciente rechazo a ETA resitúe al nacionalismo en una nueva actitud que le aleje de las coordenadas de "paz por resolución del conflicto", Elkarri podría pretender, con las declaraciones de su coordinador, alentar las esperanzas hoy inhibidas del nacionalismo aportando el recrudecimiento de la actividad terrorista de ETA como prueba de que "el conflicto está maduro y en cinco años puede resolverse". No en vano cree Elkarri que "el contenido de la declaración de tregua abrió en su día la puerta a un modelo de solución política, democrática y cooperativa" ( documento Zubigintzan). Para Elkarri, que el PNV y EA abandonaran su apuesta por este modelo podría llegar a ser un verdadero desastre.

"CEDER SIGNIFICA DESAPARECER COMO SUJETO"

A vueltas, pues, con la tregua. La tregua, aunque finiquitada, sigue siendo tema central en el debate vasco. La tregua, de esta manera, continúa siendo la piedra de toque de la estrategia de importantes sectores políticos que se hacen eco de este canto de sirena. Y este hecho, como consecuencia, convierte en depositaria de la mayor iniciativa en el desarrollo de la política vasca a la propia ETA, que es obviamente "quién omnímodamente decreta y anula sus altos el fuego" como ha destacado el EBB del PNV con motivo del aniversario de la ruptura de la tregua. Así, ante esa tesitura, ETA y su futuro básicamente dependerían del acierto de sus propias decisiones. Decisiones que no están exentas de la posibilidad de fracasar, pero que no contemplan, de ninguna manera, la opción de ceder ante el enemigo.

Hoy, que entre diversos analistas políticos, ha cundido la tesis de que sólo una evolución o debate internos en el seno del movimiento revolucionario vasco pueden precipitar, ante el fracaso de la vía abierta en verano del 98, el abandono de la "lucha armada" es muy conveniente subrayar esta cuestión. Para estos analistas, el fracaso lleva a la cesión, al abandono. Pero, el MLNV, en primer lugar, considera que la iniciativa –la declaración de alto el fuego- no ha fracasado; aunque el proceso político derivado de dicha iniciativa había comenzado a "pudrirse". Y, en segundo lugar, el fracaso, si lo hubiera habido, no remite a la cesión. J. Agirre, colectivo representativo de la línea de pensamiento dominante en el MLNV, ha escrito que "ceder significa desaparecer como sujeto". Añade que "es preciso continuar para que la cesión no tenga lugar, para que la resistencia se amplíe".

En el "ZUTABE 85" de marzo de 2000, ETA aborda el balance del periodo de tregua declarado en septiembre de 1998 en profundidad. ETA, al cabo del periodo de alto el fuego, se plantea la encrucijada que describe J. Agirre. En el manifiesto de noviembre de 1999 en el que comunican la ruptura de la tregua, comunican que "el proceso que se puso en marcha el pasado año está sufriendo un bloqueo y un pudrimiento evidentes, y, en ese contexto, Euskadi ta Askatasuna, respondiendo a su compromiso de defender a Euskal Herria, ha tomado la decisión de reactivar la lucha armada ". Con el proceso bloqueado y pudriéndose, resuelve la alternativa que plantea J. Agirre, "ceder" o "continuar", y decide "continuar", mantenerse como "sujeto" y ampliar "la resistencia". De mantener la tregua en condiciones de "bloqueo" ETA se plantea el riesgo de que "la sociedad vasca (incluso sectores proclives a los planteamientos del MLNV) entre en una dinámica de perdida de punch, perdida del pressing necesario, de fuerza, en definitiva, donde el retome de la actividad operativa (ante la previsible marcha atrás, estancamiento, o falta de contrapartidas mínimas) pueda tener unos costes importantísimos" (Reflexiones de ETA..., EGIN, 19-noviembre de 1991)

En fin, para seguir la evolución interna del movimiento, hay que tener en cuenta dos principios que actúan sobre la misma. En primer lugar, un principio de carácter general, que indica que dicha evolución, progreso o transformación se hará siempre de acuerdo con lo que prescribe el criterio dominante. En segundo lugar, con carácter particular, el criterio dominante en el MLNV es el criterio de ETA que ha decidido "continuar como sujeto" y "reactivar la lucha armada". ETA lo expone con claridad: "es costumbre de la organización marcar las líneas maestras y dejar al resto de los agentes la concreción y los detalles"" (ZUTABE, página 5)

En definitiva, la tregua es el arma de discurso que utilizan quienes pretenden desencadenar una evolución política interna que lleve al MLNV o a sectores importantes de él a alejarse de la lucha armada. A ellos se refiere el EBB en las manifestaciones antes citadas cuando pregunta a EH-HB para que aclare "qué ha sido más productivo para Euskadi: el periodo de 14 meses de alto el fuego, con todo lo que supuso, o los doce meses posteriores de atentados y de violencia". Pero, la tregua es un arma que sólo puede manejar ETA, que, a su vez, es la que, en palabras de J. Agirre "ha dado origen, mantenido, impulsado, desarrollado y dirigido el Proceso de Liberación Nacional en su conjunto". Y, que, por tanto, es la que, de costumbre, "marca los criterios GENERALES, y deja a los demás agentes la concreción de los mismos".

ETA ha decidido continuar. El proceso no daba más de sí. No se han cumplido todos los objetivos y mantener la tregua hubiera sido muy arriesgado. Pero, ello no significa que el alto el fuego haya sido, para ETA, un fracaso. Así concluye en la publicación que comentamos, ZUTABE 85 titulada "Ekimenaren kokapena, garapena eta bilana": "el fin del cese de las acciones no se tiene que entender como fracaso del proceso. La lucha y el debate están ya en otro plano. Los que decían el Estatuto de la Moncloa o nada se encuentran bajo la influencia de la necesidad de renovar el Estatuto y de la apuesta favorable a la independencia" (página 69). El proceso político derivado del alto el fuego, pues, no ha fracasado. El conflicto "habría madurado" (Jonan Fernández dixit) y el debate político se habría colocado en otro nivel, un nivel más cercano a los esquemas del discurso de ETA. Este proceso habría puesto en crisis de legitimación al Estatuto, como incapaz de resolver un conflicto que ya todo el mundo político no puede más que reconocer. Por eso, el nacionalismo que apostó por el Estatuto lo tilda de agotado, reclama la necesidad de reformarlo y se encuentra, según ETA, bajo la influencia de la apuesta por la Independencia.

Así, en la escalera que lleva al logro de sus pretensiones estratégicas, se habría subido un peldaño y se habrían mejorado considerablemente las condiciones políticas para el avance del proyecto del MLNV. Se habría subido un peldaño en el que hay que asentarse para hacerlo irreversible y no volver a bajar de él pese al retorno de ETA a las armas. Dice ETA: "la activación de la lucha armada no tiene por qué suponer de manera fatal que los pasos dados se queden en nada o la desaparición de los espacios sociales y institucionales creados" (página 69). Arnaldo Otegi acude recientemente, en ARGIA, a reforzar estas tesis de una forma aún más expresa: "Hoy en día no se puede hacer política abertzale sin tener a Lizarra-Garazi y Udalbiltza como referentes políticos y por ese lado, al menos, ese esquema político está blindado". De lo que se deduce que, aunque en este periodo ETA no haya logrado todos los objetivos que se había propuesto, la tregua ha inducido nuevos discursos políticos, creado nuevos referentes simbólicos y establecido nuevas divisorias políticas. Y éstas condiciones habrían supuesto, para ETA, la confirmación de las tesis del MLNV y el fundamento para futuros avances.

ETA cree que, en los 14 meses de alto el fuego, se ha avanzado lo suficiente como para que el recrudecimiento de la ofensiva terrorista no sea necesariamente incompatible con el mantenimiento del estado de cosas que se ha ido materializando desde el verano de 1998. El balance –"bilana"- que ETA hace de este periodo en el documento ZUTABE 85 tiene gran importancia para entender los movimientos y las pautas de actuación que van a determinar la línea política del MLNV en los próximos años. Por eso, queremos abordar el estudio del documento ZUTABE con la mayor profundidad con la que nos sea posible, en la idea de que tiene un interés extraordinario para nuestros lectores.

LA DECLARACION DE ALTO EL FUEGO DE SEPTIEMBRE DE 1998

Mientras el lehendakari Ibarretxe proclamaba la declaración de Gernika, el pasado día 20 de diciembre, el portavoz de EH amenazó con que "la apuesta paz por paz y Estatuto traerá 30 años más de guerra". ETA, en línea con Otegi, liga la paz a lo que llama "resolución política" ("Bake nahia, konponbide politikoa" –página 11-) del llamado conflicto del que se tiene por referente. Este planteamiento queda, evidentemente, en las antípodas de las manifestaciones del lehendakari en Gernika en las que afirmaba que "constituye un acto de imposición antidemocrática que ETA condicione el cese de la violencia a la consecución de su proyecto, al margen de la voluntad mayoritaria de los ciudadanos vascos".

Sin embargo, porque "No habrá paz sino se sustenta en los derechos de Euskal Herria" (página 6), ETA declara la tregua en un manifiesto fechado el 18 de septiembre de 1998, con la garantía de unas contrapartidas que contrae, según su versión, con PNV y EA en julio de 1998. Un acuerdo –negado con posterioridad por PNV y EA- en el que los partidos nacionalistas se comprometen a romper todo tipo de acuerdos con PP y PSOE, en el que los tres firmantes se comprometen a la creación de una institución única y soberana bajo la que se encontrarían las actuales circunscripciones que conforman el País Vasco y en el que los firmantes se comprometen asimismo a impulsar acuerdos con otras fuerzas favorables al esquema pactado. El acuerdo PNV-EA-ETA, al decir de ésta última, es presentado públicamente como "indefinido" aunque una disposición final determina un primer periodo de cuatro meses de observancia a efectos de comprobar si los partidos nacionalistas cumplen su parte de los acuerdos.

Así se fragua al que ETA llama "alto el fuego compartido" (pág.13). El "alto el fuego compartido" lo firman, según ETA, las direcciones de EA y PNV junto con ella misma. EL "alto el fuego compartido" persigue inaugurar una nueva fase política que modifique la correlaciones de fuerzas en el País Vasco, inalterable desde las firmas de los Pactos de Madrid y Ajuriaenea. Es el colofón de una línea de trabajo que busca y logra, según ETA, "en estos últimos años se ha intentado, entre otras acciones, cambiar la correlación de fuerzas derivada de la firma del Pacto de Madrid" (pág. 13). Una línea de trabajo objetivada en variadas iniciativas y antecedentes y entre otros las que siguen (página 13):

  • La oferta de la Alternativa Democrática en abril de 1995;
  • La ofensiva contra la Ertzaintza y la oferta a ésta de un pacto de no-agresión;
  • Las acciones contra electos españoles;
  • El inicio de una nueva política de relaciones como tarea de preparación del escenario que irrumpe con la tregua. Además, un esfuerzo por atraer sectores sociales hacia la "construcción nacional, explicándoles las consecuencias que pudiera acarrearles el mantenimiento del vigente estado de cosas". En especial, "esto última vale sobre todo para los jelkides, pues en el 95 se les advirtió que si seguían en su camino español se interponían entre ETA y España y que eso acarrearía consecuencias".

La llamada Alternativa Democrática es el mínimo democrático para la paz. Sin Alternativa Democrática habrá guerra y sufrimiento para otros "30 años" ha dicho recientemente Otegi. Se realiza un gran esfuerzo por mejorar los contactos con sectores sociales a los que se les explica con claridad las consecuencias que pudiera tener para los responsables de la actual situación el mantenimiento de la misma. Esta amenaza vale especialmente para el PNV al que, según ETA, en 1995 se le advirtió de una manera directa que su actitud filo-española, actitud que le situaba entre ETA y España, habría de tener consecuencias.

Al parecer, la tregua o alto el fuego se inscribía en el contexto de una propuesta de compromiso que alcanzara a PNV, EA y diversos sectores sociales. El acuerdo comprometería a ETA con un "alto el fuego indefinido" (aunque, en la pura realidad, terminó siendo un alto el fuego a plazo y tutelado como veremos más adelante) a la vez que comprometería a los partidos nacionalistas y a los sectores implicados a dar pasos concretos a favor de un proyecto soberanista y, a tal efecto, a romper toda relación con las fuerzas españolas. Al final, el compromiso se circunscribe a ETA, PNV y EA.

Los objetivos que ETA perseguía con esta declaración era abrir una fase política que invirtiera la correlación de fuerzas existente, hasta entonces muy desfavorable para los intereses de ETA. La tregua, en primer lugar, se dirige al PNV para que "resuelva sus dudas y ambigüedad históricas". A juicio de ETA, "poniendo ETA su instrumento de lucha más importante sobre la mesa y pidiendo a esos sectores sociales que rompieran sus compromisos con el enemigo y que a cambio tomaran un compromiso profundo con Euskal Herria" (página 14). ETA, pues, aporta a la mesa de diálogo un paréntesis indefinido en su actividad armada y como contrapartida exige que los partidos nacionalistas rompan sus compromisos y adopten un compromiso en profundidad con la construcción del país.

La iniciativa de "alto el fuego compartido" identifica y condiciona, en segundo lugar, el objetivo de construir el país con "abrir camino para dar los pasos decisivos para acabar con el vascongadismo y la partición" (página 14). El Estatuto de Gernika es ese "vascongadismo" y "partición" con el que hay que acabar y sus instituciones, las instituciones vascas, son aquellas que hay que sustituir. ETA tenía claro, según reconoce, que la declaración y el compromiso por sí solos –el "alto el fuego compartido"- no podrían conseguir este objetivo. Pero, confiaba en que una vez atado el compromiso con los partidos, una vez maniatados los partidos "vascongadistas", el "vascongadismo" estatutario podría ir siendo liquidado con las iniciativas y aportaciones de otros agentes políticos y sociales (página 14), agentes que no cita y entre los que se encuentra HB-EH que, al no ser firmante del documento, no podría ser neutralizado por PNV y EA a la hora de concretar los objetivos comprometidos en la iniciativa de "alto el fuego compartido".

Por eso, el PNV insiste en que HB forme parte del acuerdo. Del interés del PNV en modificar este status de "agente libre" que otorgaba a HB un considerable papel e iniciativa políticos toma nota ETA cuando señala que "el juego del PNV era atar en corto a HB" (p. 20). Para la organización armada, "En esa fórmula que proponía ETA el enemigo más temible del PNV era la presión y el ritmo rápido que podía encaminar una HB con las manos libres" (p. 21). El problema para el PNV sería que "tendría que responder al ritmo que marcara HB y se encontraría en una coyuntura de tener que dar constantes respuestas" (p. 21).

Así, ya sabemos que ETA adjudica a HB la función de "dinamizar y acelerar la situación política mediante su propia iniciativa" (p. 14) y porqué lo hace. Es decir, el acuerdo tripartito que tutela ETA con los sucesivos plazos de verificación a que lo somete y con la amenaza de retorno a las armas adquiere un carácter de "mínimo irreversible", cuya concreción y dinamización va planteando HB y que se materializa en el Acuerdo de Lizarra (desde el inicial Foro de Irlanda) y la creación de Udalbiltza, elementos que superan los compromisos iniciales y se incorporan al bagaje de "mínimos irreversibles". Así, dice ETA que "la activación de la lucha armada no tiene por qué suponer de manera fatal que los pasos dados se queden en nada o la desaparición de los espacios sociales y institucionales creados" (p.69) y añade "los pactos de Lizarra-Garazi y Udalbiltza tienen que perdurar también en una dura coyuntura de enfrentamiento" (p. 69). Para ETA, "esa es una de las claves del futuro" (página 69).

En tercer lugar, el compromiso tripartito ETA-PNV-EA buscaba clarificar la situación y orientar o encauzar las opciones intermedias que se planteaban en clave de "tercera vía" o "tercer espacio" (página 13). Aquel "tercer espacio" virtual sirvió mientras fue útil para fisurar el Pacto de Ajuria Enea e invertir la correlación de fuerzas. De hecho, tras la tregua y Lizarra, el espacio se divide en dos y sólo en dos. El "tercer espacio" se desvaneció. Y, además, incluso con la ruptura de la tregua hasta Elkarri renuncia a configurar un "tercer espacio", ya que "genera susceptibilidades y resistencias, especialmente en la izquierda abertzale". Añade Elkarri en "ZUBIGINTZAN", "produce desconfianza y se presta a interpretaciones negativas como considerarlo un frente o foro de competencia, o una tercera vía en relación a los contenidos de solución". Pero, en coincidencia con ETA, "ni es ni debe ser nada de esto".

En cuarto lugar, ETA se resiste a adoptar el papel de mero observador (página 14). ETA plantea que resolvió actuar con coraje y que declarar la tregua le facultó para exigir a otras fuerzas y agentes sociales y políticos vascos un compromiso del mismo nivel (página 14). Evidentemente, ETA hace del cese temporal de la violencia terrorista un paradigma de compromiso tutelado, que en realidad es un acto de vasallaje, para exigir una serie de contrapartidas, de deberes a cumplir, a los partidos nacionalistas. Contrapartidas que, al concretarse por medio de HB u otros agentes, terminan siendo más exigentes de lo que parecen en el documento inicial.

CAMBIO ESTRATEGICO

ETA, además, nunca ha sido mero observador. El papel que se ha reservado siempre para sí ha sido el de sujeto activo, vanguardia del MLNV. Ha sido sujeto del conflicto político Euskadi-Estado, expresión gráfica de la contradicción principal Nación-Estado. Como tal sujeto, consideraba que era el agente que defendía los genuinos intereses de los vascos frente a la imposición del Estado. Orientaba su acción hacia una negociación con éste en la que representaría a los vascos y arrancaría del Estado aquellos contenidos mínimos que suponía la Alternativa KAS. La negociación con el Estado era el paradigma del avance revolucionario y los logros conseguidos de esta negociación catapultarían a ETA y al MLNV a una posición de liderazgo político que llevaría, en palabras de Kepa Aulestia, a "un afianzamiento político y a una reactivación operativa" (Días de viento sur) de la lucha armada y a un nuevo escenario de confrontación. Así, en una estrategia gradual que llevara, paso a paso en una dinámica acción-negociación-acción, a lograr sus objetivos.

La experiencia de Argel abrió una larga etapa de reflexión interna en ETA. El paradigma de la negociación "nación-Estado" cae de su pedestal. Hay un reconocimiento explícito de que la negociación también puede servir al enemigo y que, subordinando toda lucha de masas al éxito de la negociación concebida según aquel formato, se debilita la tarea social de crear pequeños y múltiples focos anti-Estado. Opera una evolución, un cambio estratégico. En los años 1994-1995, al tiempo que afloran los debates Karramarro y Oldartzen, se abandona la negociación como objetivo al que se subordina todo. La ponencia Oldartzen critica el objetivo de la negociación "bajo el contexto del inmediatismo y el síndrome del reloj". En esta etapa, la idea de negociación con el Estado pierde prevalencia, se convierte en una oración subordinada. La "Alternativa Democrática" sustituye a la "Alternativa KAS". La sustitución se hace de manera eficaz.

Hoy, 5 años más tarde, nadie se acuerda de ésta. ETA se refiere a esta etapa en ZUTABE 85, "en esta cambiante situación tiene mucho que decir el haber hecho pública `alternativa democrática´ que ha tomado el lugar de la envejecida `alternativa KAS´". Además, "en estos tres años se ha expandido un concepto básico muy influyente, la necesidad de dar la palabra al pueblo" (p. 25). Bajo esta clave, lo significativo, lo prioritario, lo prevalente no es ya la negociación con el Estado. Lo importante es crear una sociedad y unas instituciones que vayan realizando la revolución. Lo importante es crear un impulso, un poder constituyente que rompa los límites del Estado, que viva al margen de él, que lo destruya y que lo sobreviva de una manera creativa. Lo importante es crear una jurisdicción revolucionaria en manos del "pueblo" (hay que matizar cuando el MLNV habla de pueblo. No se refiere a ciudadanía en sentido amplio o estadístico sino que se refiere a sociedad anti-estatal, a sectores sociales anti-sistema, a adictos y colaboradores, en definitiva), jurisdicción no sujeta a ninguno de los poderes públicos con vigencia en el País Vasco.

A las puertas del verano de 1998, ETA ha finalizado su reflexión. Ha hecho una propuesta a PNV y EA. Ofrece un alto el fuego. Su destinatario no es el Estado. No busca ya un gesto del Estado que abra un periodo de distensión y facilite unas conversaciones. ETA busca la respuesta de PNV y EA. Quiere crear en Euskadi un anti-Estado, con sus instituciones, su sociedad, sus leyes, su sistema de policia y Defensa,... Su pretensión no es neutral. Ofrece la tregua para agudizar la confrontación con el Estado, quiere provocar un mayor enfrentamiento, una línea de fractura social y política. Busca agudizar las contradicciones, antagonizarlas. Busca enredar al PNV y EA en esa espiral de confrontación. Y busca afianzar su poder social para, ante la reacción del Estado, monopolizar la respuesta social de aquí. Es el método de la "guerra popular" maoísta. Sólo se necesita un banderín de enganche seudo-democrático (la llamada Alternativa Democrática"), apostar por el enfrentamiento antagonista con el sistema que se propone destruir y no renunciar jamás al uso de la violencia y el terror. Así se ha hecho siempre la revolución socialista. ¿Por qué no ahora?

LA TRAMPA

La "organización socialista revolucionaria para la liberación nacional", que es como ETA se autodenomina, habría metido con su propuesta a PNV y EA en un callejón de difícil salida. En palabras de ETA, "la propuesta realizada en julio de 1998 a PNV y EA dejó a estos partidos ante una situación de difícil respuesta" (p. 20). La alternativa ante la que se encontraron PNV y EA era "que no aceptar la propuesta de ETA traería la postergación del alto el fuego de ETA, mientras que su aceptación (significaría) impulsar un cambio profundo a la política de hasta entonces y no simplemente de una simple tendencia" (p, 20). La tregua tenía un precio: la ruptura del nacionalismo con la trayectoria política con la que había sido identificado en los últimos 20 años. La tregua exigía, al decir de ETA, una abdicación política en toda regla.

Casi desde el momento de su proclamación, la polémica sobre el coste de la tregua monopolizó los medios de comunicación. El Gobierno español, por medio sobre todo de su ministro del Interior, insistió en la tesis de que la tregua era una trampa, que obligaba a una serie de compromisos vinculados con la "construcción nacional" y que su alcance era meramente táctico. Los partidos nacionalistas replicaban que la decisión de ETA era prácticamente irreversible y que el Gobierno de España debía corresponder a la iniciativa de ETA con movimientos de distensión y con la apertura de conversaciones con la organización terrorista.

ETA responde en ZUTABE 85 a estas cuestiones. ETA había reflexionado sobre el alcance del "alto el fuego". La disyuntiva era: concebir la tregua como "movimiento táctico a corto plazo" o "en función de la dimensión que, consciente o inconscientemente, pudiera ir cogiendo la iniciativa un paso a largo plazo" (p. 21). La decisión fue que la tregua debía responder a un "diseño lo más amplio posible y a largo" (p. 21). La tregua no era un movimiento táctico que buscara una mejora relativa en las posiciones del MLNV y ETA. No era un movimiento oportunista que buscara un efecto óptico que otorgara una ventaja relativa a HB ante la acumulación de elecciones en los años 1998 y 1999.

La tregua era un movimiento, al contrario, estratégico que debía desencadenar una nueva era política, una auténtica revolución en el estado de cosas vigente en el País Vasco, un revolcón en la correlación de fuerzas, una recomposición de las alianzas políticas, un cambio radical en los discursos políticos, una agudización de los puntos de confrontación con el Estado y, por tanto, una aceleración del conflicto. Papel esencial en la nueva fase debería cumplir el nuevo entramado institucional alegal, paralegal o ilegal que impondría una nueva jurisdicción desconectada y enfrentada a las instituciones públicas. ETA aceptaba, por primera vez, subordinar la actividad armada a la tarea política de tutelar el proceso de nacimiento de ese sujeto político-institucional y acuartelar sus fuerzas a la espera de que el desarrollo de los acontecimientos se hiciera a su gusto. El reto de la nueva fase es ir creando una realidad de hecho, eludiendo la legalidad y sin sujetarse a los procedimientos institucionales establecidos: "el reto y la característica principal de la fase política que tenemos delante tiene que ser que Euskal Herria, en su totalidad, supere las fronteras autonómicas y estatales para lograr su soberanía " (p. 27) Volveremos sobre ello.

La tregua no era, pues, táctica. Sin embargo, la tregua era una trampa. Así lo indica ETA: "hay que decir que los servicios de Mayor Oreja leyeron y analizaron BIEN la declaración de ETA y de ahí la tesis que construyeron: que el alto el fuego de ETA ha sido una trampa " (p. 6). Era una trampa para los Gobiernos de los Estados español y francés: "Naturalmente! Es un instrumento que se ha utilizado en contra de los gobiernos español y francés! Cómo no!" (p. 6). Y trampa asimismo para PNV y EA: "y una trampa en la misma medida también para PNV y EA, pues su estrategia de hasta entonces era una estrategia de sumisión a España. Y de ahí en adelante también si no rompían totalmente con su estrategia de sumisión a España" (p. 6).

Semejante arrogancia parece gratuita. Parecería que vienen a decir "es que todos éstos no se han acabado de enterar de qué va esto". Y, en el fondo, es cierto. La jactancia de ETA es provocadora, pero es un indicativo de nuestro evidente fracaso a la hora de entender y pronosticar el auténtico alcance de la Declaración de alto el fuego de septiembre de 1998.

CONSIDERACIONES FINALES.

Este artículo forma parte de una serie que dedicaremos al análisis del balance que ETA realiza de la tregua que declaró en septiembre de 1998 y que rompió 14 meses después. En esta primera parte, llegamos a analizar los más inmediatos antecedentes hasta el comunicado en el que ETA anunció el alto el fuego. PNV y EA tienen su versión de los acontecimientos aquí presentados y, además, han publicado documentos que contradicen, en parte, algunos de los puntos de vista que la organización terrorista ofrece en el ZUTABE 85. De hecho, dichos documentos, aunque forman parte del debate que tuvieron ETA, PNV y EA en 1998, no son recogidos en el documento que estamos comentando. Por ello, pese a que pueda parecer criticable, hemos creído más conveniente no tenerlos en cuenta en este artículo.

JOXAN BELOKI