Artxibo rtf
(18
- 2001ko Urria)

SOKATIRA Y POLITICA

El incidente de "guerra de banderas" producido por las tiradoras de la Sakana ocurrido en Akita (Japón) durante los Juegos Mundiales de deportes no olímpicos, tiene varias lecturas: deportiva, ética, propagandística, política, etc, que aflora la confusa situación de identidad que vive el pueblo vasco tanto los de la CAV como los de la Comunidad Foral de Navarra.

- Deportiva: A la competición se presentaban dos equipos vascos, el femenino, compuesto en su mayoría por chicas de la Sakana (Nabarra), y el masculino, conformado por jóvenes de Abadiño (Bizkaia). Todos sabían las condiciones en las que se competía: competir como selección española, según Mikel Lasuen, representante del equipo de Abadiño; y no como solían hacer en otros campeonatos organizados por la TWIF (Organización internacional de la soka-tira) que compatían bajo bandera e himno de la propia TWIF, aunque con camisetas de la ‘selección de Euskadi’, todo lo cual es un modo aceptable de mostrar civilizadamente el descontento a una situación dada. Una semana antes de viajar hacia el Japón los dos equipos acordaron no realizar ningún acto de protesta. Y en efecto, hasta que el equipo femenino no logró la medalla que le acredita como campeón del mundo en la modalidad de 480 kilos, no se realizó ninguna protesta y Jokin Razkin, entrenador del equipo, trasladaba el estandarte español y su acreditación de español de un lugar a otro según los requirimientos del protocolo. Hasta que llegó lo del podium, y rechazaron lo que hasta entonces enarbolaron.

Las consecuencias de la premeditada acción las pagaron los del equipo masculino, y podría derivar, además, en graves consecuencias en los campeonatos organizados por el TWIF para los demás equipos vascos, que hasta ahora tenían preferencia absoluta, a tenor de las competiciones a las que eran invitadas. De este modo quedaron vilipendiados y despreciados los trabajos y sacrificios que durante meses han efectuado los tiralaris masculinos, que ni siquiera pudieron elegir porque se encontraron ante hechos consumados: no participaron en la competición, al faltar el equipo femenino a las directrices internacionales que la representación vasca aceptó.

- Etica de insolidaridad: las tiradores de Sakana, saben mejor que nadie los esfuerzos y sacrificios que suponen los entrenamientos de alto nivel. Ellas recuperaron, en la medalla, la contraprestación a su trabajo. Zorionak. Pero su acción individual, dejó en la cuneta el trabajo de sus compañeros, que es igual de meritorio que la de ellas. Es fácil comprender la hondura de la frustración personal y colectiva del equipo masculino: su trabajo no tuvo ni la opción a merecer. El homenaje que el equipo femenino recibió posteriormente, no hace sino subrayar esa insolidaridad.

- Propaganda: La actuación del equipo femenino tiene también un aspecto de propaganda, de propaganda desinformadora. Escritos laudatorios a su acción han subrayado su posición ‘abertzale’. En realidad, las tiradoras navarras sustituyeron, en su acción de protesta, la bandera de Nabarra por la ikurriña. No se puede dejar en manos del prepotente Sanz, el símbolo de las libertades de Nabarra y, ellas lo hicieron. El abertzalismo brilla por su ausencia. Y a la sombra de la ikurriña sembraron la insolidaridad en el equipo vasco de sokatira. Para ese objetivo sectario, sobran la ikurriña y la bandera de Nabarra: bastaba haber enarbolado la bandera del ‘arrano beltza’.

- Política. Es, sin duda, la lectura más importante del asunto. Sabido es que en Estados de sustrato no jacobino y no afrancesados existen, en diversos deportes, selecciones nacionales que representan a diversas entidades nacionales que conforman dicho Estado. Y no representan ningún riesgo rupturista del propio Estado: Eskozia, Inglaterra, Gales, Feroe, Jersey.

En los estados como España, y Francia, dichas selecciones nacionales deportivas representarían íromper el estado! Semejante locura conceptual nace de un concepto jacobino y afrancesado del estado. Justificado en la Constitución y en el constitucionalismo. ┐y qué significa todo esto que aparenta solidez, durabilidad en el tiempo y claridad? Exactamente su contrario, oscuridad, debilidad y fungibilidad.

En efecto, no hay mas que repasar la historia constitucionalista de los Estados español y francés para darnos cuenta si en una época eran constitucionalmente españoles los cubanos, filipinos y saharauis hoy ya no lo son; y si, por mor de la Constitución, los territorios que habitaban era, "de "soberanía española" hoy tampoco lo son, en unos casos, por razón de guerra y en otros por dejadez y pusilanimidad de quienes se autoproclaman defensores de la Constitución. Constitucionalmente, ‘lo español’ queda difuso y profuso. Lo mismo sucede con camboyanos, vietnamitas, argelinos y otros pueblos africanos: en la Constitución de 1791 ni se les mencionaba, despúes de imponerseles la bota francesa eran constitucionalmente franceses, y sus territorios constituían "Francia"; ahora ni son franceses ni sus territorios "Francia". La constitución jacobina, junto con su ideal de ‘soberanía’, son, pues, una fuente de indefinición y oscuridad que a la postre no crea mas que conflictos de insolidaridad entre los pueblos, al primar uno de ellos sobre todos las demás porque sí. Y en su idearium absolutista, los problemas políticos se trasladan automáticamente a todos los actos de la vida social de los pueblos: en el deporte, en la economía y en la cultura.

Esta transposición automática de problemas políticos a otras áreas de la vida de los pueblos no se plantea en el Reino Unido, ni en Dinamarca ni, en general, en los países escandinavos. Ni tiene que plantearse en ningun pais que se precie de civilizado.

Pero claro, el estado español es un país afrancesado desde 1808, que adoptó la formulación revolucionaria francesa, desdeñando fórmulas políticas que le eran propias. Y tenemos los problemas cotidianos que nos afectan a los ciudadanos de a pie, como nos muestra el problema surgido con las competiciones de sokatira en el ámbito internacional: los vascos somos unos parias que no podemos competir mostrando nuestra selección nacional de sokatira, futbol o tiro al arco, porque algunos que dicen ‘tienen soberanía’ quieren ‘constitucionalizar’ las aficiones deportivas de los ciudadanos, eliminando nuestros estandartes y símbolos particulares. Todo ello es muy talibanesco y poco civilizado.

Pero lo jacobino, no alcanza solo a la filosofía política del Estado español. Como los vascos estamos implicados de una u otra manera en el Estado español, su filosofía también nos contamina. Y hay vascos, que se dan de vascos en altas esferas con responsabilidades políticas, que en realidad funcionan como un españolito más, porque tienen asumida, consciente o inconscientemente, la cultura jacobina para la construcción de Euskadi. Por ejemplo, no conciben como ‘políticamente correcto’, enarbolar la bandera de Navarra como acto vasco de libertad contra la imposición jacobina. Para ellos, eso tiene que efectuarse ‘necesariamente’ con la ikurriña, porque su idea de Euskadi viene representado únicamente por la ikurriña; no son capaces de apreciar la virtualidad solidaria que tiene concebir Euskadi como una suma libre de ikurriña más la bandera de Nabarra más otras banderas locales y regionales, con todo lo que ello representa políticamente. Son jacobinos porque no conocen el burujabetza de todos y cada uno de los elementos que componen lo vasco: desde sus regiones más amplias, pasando por asociaciones y valles y terminando la comunidad más apartada del país.

La asignatura pendiente del nacionalismo vasco es establecer, en la teoría y en ñla práctica, cómo debieran ser las relaciones de los vascos con el Estado español. De la resolución satisfactoria de esas relaciones, se solucionarían de modo rápido y natural conflictos tan triviales como los de las ‘selecciones nacionales’ y se evitarían muchas frustraciones.

Es desde la concepción jacobina del Estado de donde a los vascos nos surgen problemas deportivos como los que nos mueven a escribir este artículo. Pero si los políticos vascos se ensañan en dilucidar desde la misma concepción jacobina, pero desde posiciones reivindicativas contrarias, el contencioso vasco lejos de solucionarse se agudizaría en múltiples campos.

En efecto, debemos desarmar a los antivascos de su principal arma política: que los vascos somos separatistas, independentistas e insolidarios. Porque los vascos ni somos separatistas, ni somos independentistas ni somos insolidarios, sino partidarios del burujabetza y enemigos de soberanías, independencias y demás absolutismos. Es la gran falacia antivasca de los jacobinos españoles. Pero, la lucha para desarmarles de esa falacia no puede realizarse desde posiciones jacobinas: el estatuto no es mas que una etapa hacia la independencia; lo que pretendemos es un estado vasco, que sea la estrella número trece de la UE; queremos un parlamento único y una Constitución para toda Euskal Herria, etc.etc. porque este proceder, además de debilitar la solidaridad vasca interna, reforzaría a los antivascos de siempre. La divisa de inspiración jacobina "Nafarroa, Euskadi da", ha fracasado hace muchos años. Renovemos nuestros amor al país con éxitos, no con fracasos. Pero para ello es imprescindible, en nuestros líderes, honradez política, porque en política, como en la vida, no todo vale.

Porque, es de lamentar que, entre nosotros también tenemos políticos deshonestos. Algunos con nombre y apellidos, y otros que se esconden en colectivos. En declaraciones a ETB del 14 de diciembre de 1999, Joseba Egibar indicó que "si fracasa" la apuesta del PNV por el Pacto de Lizarra debido a la vuelta de ETA a las armas "evidentemente nosotros tendríamos que revisar algunas cuestiones y la revisión de cuestiones también lleva revisión de personas. Si alguien cree que lo mejor que podemos hacer es marcharnos, no tenemos inconveniente de pasarnos nosotros abajo y otros arriba". Afortunadamente, es moneda corriente en el mundo democrático, que cuando una línea política determinada de un partido político fracasa, sus líderes y valedores dimitan y dejen camino abierto a quienes propongan otras líneas de actuación, sin necesidad de acudir a "alguien que crea que deben dimitir". Es una muestra de honradez política en los líderes. Pues bien, en nuestro caso, algunos líderes políticos son incapaces de tomar las responsabilidades por sí mismos, y deben acudir -muy en línea del proceder jacobino- a "alguien que crea" que deban dimitir, y si no encuentran a ese alguien con ‘soberanía’ para decidir, o ese alguien dice que no, pues, en ese caso, siguen donde están. Este proceder se acerca mucho a la corrupción moral y a la deshonestidad política. Egibar y su equipo sabe que su apuesta fracasó, pero les falta el coraje para llevar a efecto las inconveniencias de pasar abajo. Esta claudicación ante sí mismos, no es el mejor bagaje de renovación ni de solución a los problemas de índole diversa que acucian tanto a deportistas, como al ciudadano de a pie. Pero no interesa personalizar en exceso estos defectos, porque esa misma filosofía lo practican, sin decirlo, también desde el otro partido nacionalista, EA: nadie de su dirección se ha responsabilizado del fracaso común.

Este proceder es un buen ejemplo de descomposición moral y falta de responsabilidad ante un trabajo político mal hecho en algunos líderes políticos vascos, que no de todos.

Txomin Odriozola