Artxibo rtf
(17
- 2001ko Abuztua)

Por fin un libro sobre Burujabetza

Iralar Elkartea, Libertad y soberanismo: tres posiciones, Iralar Elkartea, 2001.

La confusión de conceptos

El énfasis inicial de este artículo responde a una cuestión concreta: el término de "burujabetza" es, en estos días, objeto de manipulación por el MLNV con su slogan "Burujabetza da pakea" ("Burujabetza es igual a paz"). El MLNV ha adoptado este concepto histórico, que responde a una larga tradición vasca inserta tanto en el lenguaje y la mentalidad como en las normas jurídicas que los vascos nos hemos dotado a lo largo de la historia. El MLNV, evidentemente, vacía de significado el rico contenido jurídico, histórico y lingüístico que tiene el vocablo y pretende establecer una correspondencia entre el burujabetza y el término "independentzia".

Ambos vocablos no pueden resultar más opuestos: el primero proyecta una realidad dada en la historia y en el lenguaje; el segundo es un burdo neologismo que pretende plantear la construcción de una nación inexistente. Dentro del MLNV se da la paradoja, sólo aparente, de proclamar la inexistencia del pueblo vasco o de la nación vasca como acicate para su construcción. En realidad, no existe gran diferencia entre las reflexiones del foro de Ermua y el MLNV. Para ambos grupos la nación tiene que poseer una serie de características formales, como son un territorio, un aparato estatal o asamblea constituyente y una constitución unitaria para diferentes territorios. Dado que los vascos no hemos supuestamente reunido esas facultades, el foro de Ermua afirma la inexistencia de nuestra identidad como pueblo en pie de igualdad con el resto de los pueblos de Europa; por las mismas razones, el MLNV considera que no existe una nación vasca y que hay que construirla. Ambas posturas abogan, en la práctica, por la amnesia histórica, por el vaciamiento de nuestra identidad real y presente y por la destrucción del verdadero nacionalismo, como máximo obstáculo para la gestión de la única verdadera nación real (España) o para la construcción de una nación virtual (la Euskal Herria revolucionaria, en solidaridad con las clases trabajadoras española y francesa). La tenaza de convergencia entre esas dos fuerzas aparentemente contrapuestas pero complementarias en su fin común constituye, hoy en día, el máximo problema que tenemos como pueblo.

Hay una anécdota de Txema Montero que es ejemplar en el análisis de esta perspectiva:

"Me acuerdo que una vez, cuando estaba en HB hubo una campaña que a mi me dio mucho que pensar. Queríamos demostrar que existía un hilo conductor a través de la historia de nuestro país, reivindicativa, de conciencia nacional persistente, de lucha para el reconocimiento de nuestra identidad y para ello se eligieron unos iconos. Eran unos carteles en serie que empezaban con el Rey Sancho el Fuerte de Navarra y la batalla de Navas de Tolosa, la siguiente era Tomás Zumalakarregi el carlista, la siguiente era Sabino Arana, la siguiente el Lehendakari Aguirre, la siguiente Telesforo Monzón, y el último era el pueblo. Ante aquel recorrido histórico lo que veía era que, aceptando que éstos fuesen las iconografías de nuestra conciencia nacional, teníamos un agujero negro bestial en nuestra historia, porque desde 1212 de la Batalla de Navas de Tolosa, hasta el 1837 de Zumalakarregi no teníamos un icono que presentar. Qué pasaba ahí? Pasaban los "no sucesos". Si los vascos no hemos tenido en la historia un estado nacional, o el último que tuvimos fue el Reino de Navarra y de esto hace más de quinientos años, pues quizás es que no hemos tenido el suficiente vigor o fuerza, o el enemigo ha sido poderoso como para haberlo conseguido. Y por eso somos una nación sin historia, en el sentido hegeliano, que no ha tenido un estado".

Habría que empezar señalando que concepto de nación se transluce tras este recorrido histórico. Un concepto perfectamente enraizado en la gloria de reyes, estados, hechos militares y poderes homologables. Una visión microespañola de Euskadi. Un concepto de nación que considera que la creación de la literatura vasca en Lapurdi, en los siglos XVI y XVII, respondiendo a un momento álgido del poder foral y económico de los estados de Iparralde es uno de esos "no sucesos"; o la sublevación popular de Matalatz a favor del mantenimiento del sistema de propiedad comunal en Zuberoa; o las matxinadas y revueltas populares en contra de la conculcación del sistema foral a lo largo del siglo XVIII; o la gran declaración de libertad vasca del padre Larramendi; o la defensa de los ilustrados vascos del régimen foral contra los propagandistas de la corte de Godoy, etc, etc. Parece ser que aquellos españoles dedicados al cercenamiento histórico de nuestra libertad son capaces de contemplar la historia vasca con mayor nitidez que HB y Txema Montero. Véanse, sino, las palabras recogidas en un Informe de la Junta de Abusos, constituida en 1815, que, refiriéndose al País Vasco, se dirige en tono lastimero y agraviado a Fernando VII, último paladín del absolutismo en España:

"...Puede asegurarse que todo allí es mirado como contrafuero, si no lo disponen o mandan las autoridades naturales del país. La Diputación permanente ejerce en ellas un poder colosal; no parece haberse establecido con otro objeto que el de oponerse a las medidas del gobierno y conservar aquel país aislado de todas las relaciones con la autoridad soberana de Vuestra Majestad y con el bien general del Reino. Qué hay de común con las demás provincias de España? Nada absolutamente. Las leyes distintas; el gobierno, todo suyo; las contribuciones, ningunas; el comercio, sin reglamentos y del todo franco; las aduanas, infructuosas; la hidalguía o nobleza solariega, universal; los establecimientos, suyos; los beneficios, todos patrimoniales. Cómo de esta suerte pueden considerarse una parte integrante de la Monarquía española, si no están sujetas a sus leyes, ni a sus cargas, ni a sus obligaciones...".

Txema Montero, el MLNV y muchos nacionalistas amnésicos, por distintas razones, son incapaces de ver la nación vasca más que en los términos de estatalidad impuestos por los españoles y los franceses. Es en este contexto donde el presente libro acerca del Burujabetza adquiere toda su carga de actualidad. No podemos seguir viendo a nuestro pueblo con las anteojeras que nos ha puesto el foro de Ermua o el milenarismo revolucionario del MLNV. Existe una forma de libertad específicamente vasca aplicada a la nacionalidad y al propio sistema social y de propiedad. Si obviamos esta realidad no es que no seamos nacionalistas; es que no actuamos como vascos, sino como reflejos enaniformes de la jactancia jacobina española y francesa.

Burujabetza contra soberanismo

El bertsolari Jon Enbeita decía en un recital: "guztiok elkarren anai baiña, geure buruaren jabe" (Todos somos hermanos pero dueños de nosotros mismos). La traducción castellana no puede reflejar los matices de la frase más que en un sentido autocontradictorio. Puesto que el "sujeto", "todos", no se corresponde con "nosotros", que es una traducción imperfecta de "buru" (cabeza) que en la frase en euskera va en singular. Se da una doble corriente entre lo universal y lo particular (entre "todos" y "nosotros") y entre lo individual y lo colectivo ("nosotros" y "buru"). Ese encadenamiento de relaciones, en la que lo que se expresa es el respeto de la jurisdicción propia a cada concepto (universal, particular, colectivo o individual) constituye la esencia del Burujabetza. La relación se da por hecha, en un mundo lleno de pueblos diferentes e interdependientes. Y la libertad también, en tanto posibilidad de ser "buru jabe", ser libre para elegir la naturaleza de esas relaciones inevitables. Y todavía más: el pueblo como entidad colectiva se debe a la libertad de sus individuos. Como decía el inmortal lema de los infanzones de Obanos: "pueblo libre en patria libre". Palabras que adquieren radical importancia ante los ataques y vejaciones que sufren actualmente tantos vascos: no hay libertad de la patria sin un pueblo libre. O lo que es lo mismo: aquellos que oprimen al pueblo oprimen también a la patria. No permiten que sea libre.

Esta forma de libertad vasca está inscrita en el pacto foral con los reyes españoles y franceses y en el derecho de veto que tenían las cortes y diputaciones vascas frente a las disposiciones emanadas por el gobierno central. Esta forma de libertad se encuentra también recogida en un sistema de propiedad que deshacía la dicotomía entre colectividad e individualidad mediante la des-absolutización del sistema de propiedad, permitiendo diferentes modos de propiedad y relativizando esos modos en función del bien público de la comunidad. La primacía del trabajo y de la cooperación, como aceptación realista de la interdependencia, se imponía frente al capital y las visiones de privacidad excluyente. Evidentemente, este concepto se sitúa dentro de un contexto convulso, de luchas sociales y nacionales. Pero esas realidades sustantivas impregnan nuestra lengua nacional y el espíritu de particularidad que ha dado como fruto un sistema institucional ascendente de subsidiariedad, de abajo arriba; también el sistema de montes comunales de Navarra y el modelo de las cooperativas de Mondragón. Realidades, institucionales, políticas y económicas, que están a la espera de verse nuevamente englobadas dentro de un concepto plenamente consciente y actualizado del Burujabetza.

Frente a afirmaciones como las de Montero señalando que los vascos (el pueblo más antiguo de Europa) somos un "pueblo sin historia" (o lo que es lo mismo: aun tenemos por hacer esa historia, aun tenemos que construir nuestra inexistente nación...) el Burujabetza muestra una originalidad nacional perfectamente recogida en nuestro idioma y nuestras leyes. Así resumen los autores del libro esa perspectiva:

"En el mundo de las relaciones humanas, la norma vasca es, pues, la dependencia voluntaria en todo (solidaridad desde la libertad), la cual sólo es posible realizarla a través de la lucha contra la dependencia impuesta. En consecuencia, para la mentalidad vasca, el concepto de "independencia" en su sentido absoluto, como ya lo hemos dicho, no pasa de ser un slogan esencialmente extravasco que no responde a una concepción rigurosa ni de su pensamiento, ni de sus realizaciones históricas. Este concepto nuclear, el de burujabetza, ha sido sin duda la savia que ha vivificado el discurrir histórico, y el eje diamantino que le ha marcado su ruta en el mantenimiento de su personalidad y de sus valores que emanaban más de su mentalidad de deber que la del derecho".

El libro también explica la unidad semántica entre términos como "soberanismo" y "constitucionalismo", en tanto herederos de la misma concepción de poder. Nos da lo mismo que el poder lo tenga un soberano o que el poder sea soberano; la aberración de ambos conceptos radica en que se establece una legitimidad única y absoluta para la gestión del poder, que luego emana a organismos inferiores.

Nos encontramos ante la asimilación entre legitimidad política y un ordenamiento jurídico determinado (ya sea la constitución española o ya sea la Alternativa del MLNV). Esta confusión deliberada entre modelo y legitimidad, que plantea una dinámica excluyente en tanto que aquellos que se encuentran fuera de ella son enemigos de la "democracia", hace tabla rasa de la pluralidad de jurisdicciones y funcionamientos derivados del Burujabetza. La visión excluyente de la constitución española pone en precario la autonomía vasca; la visión excluyente de la construcción de un modelo revolucionario de nación hace tabla rasa de nuestro autogobierno.

La recuperación del Burujabetza que, como ya decíamos, se haya incardinado en nuestras instituciones, nuestra lengua y nuestro sistema social, constituye la asignatura pendiente del nacionalismo. Es la mejor manera de seguir por el camino de la consolidación de nuestro pueblo, plantea un modelo de integración territorial entre las diversas jurisdicciones vascas basada en nuestra legislación foral, en nuestras viejas leyes, y es el mejor baluarte contra la tentación totalitaria de aquellos que identifican democracia y constitución (haciendo caso omiso de que todo ordenamiento debe considerarse provisional frente a las eventualidades de la voluntad popular) y aquellos que identifican revolución y construcción nacional (haciendo de nuestra causa nacional un instrumento para la consecución de la revolución mundial).

El neomarxismo

El libro se divide en tres partes. La primera se dedica a dar un repaso a las concepciones jacobinas derivadas de la revolución francesa y aplicadas por los estados español y francés sobre nuestro pueblo. A esto denominan los autores "soberanismo jacobinista" La segunda parte se dedica a hacer una evaluación de las nuevas formas de adaptación del marxismo en Euskadi tras la caída de los muros del Este. La concepción nacional derivada es llamada "soberanismo revolucionario". Y la tercera parte se centra en el burujabetza.

Ya hemos señalado el paralelismo entre las dos líneas soberanistas que, en principio, parecen antagónicas pero en la práctica exigen la destrucción de toda originalidad nacional vasca y la guerra contra el burujabetza. El neomarxismo del MLNV merece, sin embargo, dos palabras adicionales.

El MLNV es un grupo político de pensamiento francés y de práctica española. Esta es la conclusión que se deriva de un análisis de sus formas ideológicas y de organización y de su estrategia práctica. Por un lado, se adoptan los modelos ideológicos y organizativos derivados del mayo de 68 en su versión maoísta y pasados por el filtro posestructuralista de Foucault, Althusser y, sobre todo Alain Badiou. Esta es la aportación del pensamiento francés en el MLNV. De esta manera, tras 1992, en un momento de repliegue del movimiento revolucionario, se plantea un cambio semántico y lingüístico, un ocultamiento de la ideología marxista-leninista bajo la capa de las diversas conflictividades sociales y nacionales y un cambio de organización. Por otro lado, la estrategia es una estrategia española en el sentido en que el estado español es el eslabón débil de la cadena imperalista dentro del occidente capitalista y su punto flaco es, precisamente, el problema vasco. Como decía recientemente ETA hay que "romper el equilibrio" del estado español usando como palanca nuestra lucha nacional. El MLNV ubica su estrategia dentro de un esquema de condicionamiento de todo el estado español, en tanto estado capitalista, en tanto eslabón de la cadena imperalista, donde el punto flaco se encuentra en Euskadi, con su problemática nacional inconclusa. La herida vasca tiene que permanecer abierta para que en plena Europa occidental las condiciones de posibilidad de la revolución tengan una referencia constante. El hermanamiento y la unidad de acción del MLNV con los diversos grupos revolucionarios y antiglobalización de España, Europa y Latinoamérica lo corrobora.

No vamos a extendernos más en esta reseña. Sólo acabar diciendo que en estos momentos de ignorancia acerca de nuestra identidad nacional y de manipulación y ataque sobre la misma resultan muy importantes trabajos de este estilo. Es un libro breve, de fácil lectura, con posibilidades extensas de desarrollo. Todo aquel que se considere abertzale y amante de nuestro pueblo tiene en este trabajo una oportunidad privilegiada para revisar y enriquecer su perspectiva.

Xabier Iparragirre