Artxibo rtf
(18
- 2001ko Urria)

┐NUEVA ÉPOCA?

El debate sobre pacificación celebrado el pasado viernes, día 28 de septiembre, en el Parlamento Vasco debe iniciar sin duda una ‘nueva época’. Una época con la que se deben acabar de manera definitiva los juegos de sombras, los ensayos secretos y los lenguajes babélicos que han predominado en la política vasca de los últimos tres años. Es el tiempo de renovar la lealtad a las instituciones democráticas y es un tiempo también de claridad, de transparencia en la presentación de los proyectos políticos, de clarificación de posiciones ante el mismo pueblo vasco al que se ha reclamado el voto y ha decidido libremente y en consecuencia.

Luces y sombras de un largo debate.

En palabras del lehendakari Ibarretxe con el Pleno del viernes se pretendería abrir "un nuevo tiempo político basado en el diálogo democrático" en el que el "Parlamento Vasco, en el que están representadas todas las fuerzas políticas que han recibido el apoyo de la ciudadanía vasca, debe ser el verdadero motor, el centro de operaciones".

No nos debe extrañar que sea el Parlamento Vasco el que aborde las cuestiones públicas que preocupan a los ciudadanos vascos. Este hecho debería ser el primer y mejor síntoma de esa normalidad democrática que se pretende. Desde ese punto de vista, el impulso político que, tras el 13-M, han recibido las instituciones vascas forma parte del bagaje positivo con el que se inicia la nueva legislatura. El lehendakari parece muy empeñado en ello y esperamos que tenga todo el éxito que la misión merece. Es una exigencia que deriva directamente del "compromiso de respeto a las decisiones de los ciudadanos vascos" que el mismo formuló durante el Pleno de Investidura del pasado 11 de julio. No es aceptable que se pretenda marcar el ritmo o imponer la agenda política a las instituciones representativas desde fuera de ellas.

Entre la luces del debate, motivo de satisfacción para la mayoría de los partidos políticos, la recuperación del diálogo político en el Parlamento y también, aunque abordaremos esta cuestión un poco más adelante, el entendimiento de la mayoría de los portavoces en torno a la implicación del discurso del lehendakari en la materia que el nuevo Gobierno Vasco ha juzgado como prioritaria: la seguridad pública. Sin embargo, el debate se enredó y fracasó en torno a la enunciación del "conflicto" o "problema" político cuyo reconocimiento solicitó el lehendakari, como condición necesaria para abordar lo que en su propuesta denominó Normalización Política.

En el fondo de este enredo político subyace un "toma y daca" sobre los temas que han de ser incorporados, y cuales excluidos, de la agenda de prioridades políticas a deliberar y ejecutar. De quién controla la agenda depende el liderazgo y quien no influye en aquella ve reducido su margen de maniobra. Además, persiste la desconfianza entre partidos y el marcaje mutuo es muy duro. A la postre, afloran los iconos partidistas y frustran los entendimientos más esenciales.

Emerge de esta manera uno de los problemas más importantes que tiene el país y que debe superar en esta ‘nueva época’: la sobre ideologización, el dogmatismo hacia el que se han inclinado los partidos que han convertido el Parlamento en un foro en el que ha reinado más la hostilidad que el diálogo. De ahí ha sobrevenido una quiebra de la confianza política grave. Para describir la situación puede servir esta advertencia que Edmund Burke realizaba en 1774: "El Parlamento no es un congreso de embajadores de intereses diferentes y hostiles, los que cada uno deberá sostener, como representante y defensor, contra otros; el Parlamento es la asamblea deliberativa de una nación, con un único interés, el del conjunto".

┐Quién lleva la agenda?

Es cierto que, en un proceso democrático, todas estas cuestiones se dilucidan, básicamente, ante los ciudadanos. Y el pasado 13 de mayo, los votos definieron las prioridades de agenda, expuestas con una transparencia inusual por los partidos que concurrían a las elecciones, para la legislatura 2001-2005. Y la agenda política más votada en esta ocasión ha sido la presentada por PNV-EA, ampliada en sus apoyos al incorporarse IU al Gobierno Vasco. Pero, ┐está resuelta de esta manera la cuestión? ┐Qué ocurre cuando los votos no son suficientes para tomar decisiones sobre los problemas que hay que resolver o sobre las prioridades a la hora de resolverlos o siquiera sobre las soluciones a implantar?

No hay duda tras las últimas elecciones, nadie tiene mayor legitimidad, aunque tampoco mayor responsabilidad para encabezar movimientos políticos, movilizaciones populares y sociales, iniciativas y acciones en las que se comprometa a los vascos a favor de sus decisiones e instituciones, por la democracia y la libertad que el lehendakari Ibarretxe. Es al lehendakari al que corresponde la iniciativa para plantear el temario y las prioridades del buen gobierno para el país. No tiene sentido, por tanto, tanta ‘guerra de posiciones’ por controlar la agenda con la que se desenvuelve la política vasca. Nadie puede tampoco imponerla a nadie. Entendemos, en todo caso, que la propuesta de diálogo político del lehendakari no parece buscar ventajas estratégicos para sí o su Gobierno, sino comunicación para coordinar las diferentes agendas políticas aquí, en este país entre todos los que representan al mismo.

A la política vasca le sobran ‘discusiones bizantinas’ y lo que precisa es de un catálogo de urgencias que, de una parte, debe estimular a los políticos vascos a impulsar proyectos que respondan a las necesidades reales y concretas que tienen planteados sus ciudadanos en todos los ámbitos en lugar de jugar a antagonizarlos con intereses de partido o propuestas de ficción y que, de otra, debe hacer ver a los mismos políticos que es prioritario clarificar sus lealtades ante las decisiones adoptadas por los vascos y las instituciones creadas en su virtud.

┐Cómo impulsar el diálogo político?

En línea con la advertencia que hemos recogido de Edmund Burke, nosotros también creemos que el diálogo político es la sustancia de la democracia. Que se dialogue antes de tomar una decisión no garantiza, sin embargo, que dicha decisión vaya a ser más convincente o que vaya a ser más aceptada. No hay posibilidad de diálogo político en condiciones perfectas. Las instituciones democráticas practican el diálogo y la deliberación en condiciones de lucha, concretas, limitadas e imperfectas. Eso significa que quién no quiere incluirse en el diálogo, siempre encontrará justificaciones en cantidad suficiente para no participar. El ejemplo más clarificador de esto es el referente a la política de participación institucional de HB/EH/Batasuna. Y eso significa asimismo que el diálogo político no es menos diálogo por el hecho de que no participen todos los convocados a él.

Acaso por eso, la casi totalidad de las fuerzas políticas confían en el diálogo político como instrumento de normalización. Todas ellas coinciden en que el diálogo político no puede ser o estar condicionado por la fuerza o la amenaza de la fuerza. Habría que aclarar, sin embargo, que la apelación al diálogo político se refiere a las fuerzas políticas representativas de voluntad ciudadana y a éstas con la sociedad, que no se remite a la negociación de intereses y que debería proponerse incrementar la comunicación entre diferentes para ampliar los sentimientos comunes y la fidelidad a la comunidad política que comparten, creada en referéndum en 1979 y a sus opciones de cambio y progreso. El impulso del diálogo puede ofrecer, en este contexto, una perspectiva tranquilizadora para sus actuales críticos. Una política, centrada en el diálogo político, deberá ser seguramente abierta, recíprocamente dependiente, valorando lo solidario e integrador y prescindiendo de veleidades plebiscitarias, constitucionalistas o soberanistas.

Seguridad pública.

Hemos recogido como satisfactorio el reconocimiento de la mayoría de las fuerzas políticas (PNV, EA, IU, PP y PSE) a la implicación del Gobierno Vasco y, especialmente, de la Ertzaintza en la lucha antiterrorista y la Seguridad Pública. El cambio es significativo. De las acusaciones públicas se ha pasado al reconocimiento. Elemento determinante de este hecho es el éxito de la Policía Vasca al haber desmantelado el comando Buruntza, el más sangriento comando de la historia reciente de ETA. Hay muy poco que decir respecto al diseño de la política de seguridad que ha hecho el lehendakari en su intervención.

Sólo quisiéramos subrayar que es necesario trabajar permanentemente la implicación de la sociedad. Más allá de campañas de sensibilización y manifestaciones de condena, se precisa de cierto control social. Se dice la cuestión de la seguridad está modernamente planteada entre "dos modos distintos de supervisión: el de la patrulla de policia y el de la alarma de incendios". Así, mientras que en el primer modelo "confiamos en la vigilancia policial activa para la detección de problemas; en el segundo, confiamos en que alguien dé la voz de alarma y llame a los bomberos" (P. Pettit). La eficacia de nuestra policía, sin duda, depende de la coordinación adecuada, del acceso a la mejor información y del dimensionamiento más conveniente. Pero, todo este esfuerzo no será exitoso sin la mejora de las relaciones de confianza de la Ertzaintza con la comunidad y de la activa integración de esta misma comunidad en los problemas de seguridad que padece. Seguridad que hoy, en Euskadi y en el mundo, la mayoría de la sociedad reclama como derecho cívico.

 

Nueva York: "Nuevas reglas de un viejo juego".

"Nuevas reglas para un viejo juego" es el título de un artículo que publicó hace unos años (febrero de 1997) el experto británico en terrorismo Walter Laqueur. En el mismo, Laqueur sostenía que "las perspectivas del terrorismo mejoran a medida que aumenta su potencial destructivo". Y concluía de una forma un tanto apocalíptica: "es posible que de 100 intentos de superviolencia terrorista 99 fracasen, pero uno sólo que tenga éxito podría dejar muchas más víctimas, producir más daño material y desatar un pánico más grande que cualquier otra cosa que el mundo ha experimentado hasta ahora". Son las nuevas reglas del terrorismo moderno.

Se dice que el atentado del pasado día 11 de septiembre contra las Torres Gemelas de Nueva York ha iniciado una ‘nueva época’ en la que, demostrada la vulnerabilidad de Occidente ante ese nuevo terrorismo que "nadie puede localizar y describir con detalle", la cuestión de la seguridad se convertirá en la máxima de las prioridades, en el principal de los temas que contienen las agendas políticas de todos los Gobiernos. Es una guerra, según Alain Touraine. Pero, "nadie espera ver flotas aéreas o marítimas enfrentarse masivamente; nadie puede localizar y describir con detalle la organización militar, los recursos económicos, el sistema de información que permiten al bando antiamericano llevar a cabo esta guerra".

En esta guerra, el terrorismo ataca disperso, crea focos de riesgo deslocalizados. No se manifiesta en su integridad, le basta con crear un sentimiento cierto de amenaza y erosionar la credibilidad de los sistemas de seguridad. La conclusión de Laqueur fue premonitoria. Las miles de víctimas y el daño material producido en el atentado de Nueva York ha creado un sentimiento público poco conocido en la opinión pública americana. Por ilustrar un poco esta cuestión, desde 1982 hasta 1992 hubo un total de sólo 165 actos terroristas en todo el territorio de los Estados Unidos. Es el ataque de Bin Laden al WTC en febrero de 1993 el que alerta por primera vez a los norteamericanos de la conveniencia de atender más estrictamente la seguridad interna. Hoy, el nuevo ataque a dichos edificios hace que dicha seguridad interna sea el primer tema para la opinión pública americana y occidental.

La Jihad.

Se habla de Jihad. Pero, ┐qué es Jihad? Según el "Libro de Jihad" hay 4 tipos de ésta. LaJihad an-Nafs que es un esfuerzo personal en obtener el máximo conocimiento religioso; La Jihad contra la intervención del demonio en el interior de los hombres; la Jihad contra los infieles y los hipócritas y la Jihad contra la injusticia y el mal.

En los dos primeros casos significan batallas que el propio creyente musulmán debe entablar consigo mismo. En relación al tercero, conviene señalar que el cristianismo y el judaísmo están a salvo de Jihad. Son religiones monoteístas, que comparten raíz abrahámica y no entran dentro del calificativo de "infieles", según el Corán. No es así en el caso del hinduismo, al que los islamistas más radicales califican de "idolatría". A esta cuestión se agarra el presidente pakistaní Musharraf cuando acusan a Pakistán de apoyar el terrorismo en Cachemira: "la lucha en Cachemira contra India no es terrorismo, es Jihad". Es al cuarto de los tipos al que se ha referido en múltiples ocasiones el acusado Bin Laden cuando se ha referido a los Estados Unidos como encarnación del mal y de la injusticia. Y es al cuarto de los tipos, asimismo, al que se han referido los norteamericanos cuando han construido su réplica moral hablando de "lucha del bien contra el mal" y de la operación "Justicia infinita", hoy recalificada de "libertad duradera". Réplica que, por cierto, no es nueva y que se corresponde casi exactamente con el discurso que mantuvo el presidente Clinton tras los atentados terroristas contra las embajadas estadounidenses de Kenya y Tanzania en 1998.

Un antiamericanismo arraigado.

Pero, es muy llamativo que la identificación de EEUU con el mal tenga tan amplio eco en algunos países occidentales. En una encuesta coordinada por Gallup Internacional y realizada en 11 países de la Comunidad Europea, Israel, Pakistán, México y EEUU, se ofrecían datos muy reveladores. En Europa, Grecia, Austria y España las respuestas son netamente antiamericanas. Con menor diferencia, pero sin simpatías hacia la política de los EEUU se encuentran Francia y Finlandia. Aunque, el antiamericanismo político no es de nuevo cuño. Ya en 1946, Mao Ze dong proclamó a la periodista americana Anna Louise Strong que "llegará el día en que los reaccionarios norteamericanos adviertan que contra ellos están todos los pueblos del mundo". Esta declaración fue asumida como consigna y propagada por todo el mundo a partir de las solemnes declaraciones de Moscú de los años 1957, 1960 y 1969. Tras el hundimiento del comunismo gobernante en Europa, sin embargo, el antiamericanismo no se ha diluido y ha sido un factor activo de reorganización de un activismo de izquierdas anteriormente ligado a los regímenes soviéticos.

A algunos de estos activistas, como Roger Garaudy (exdirigente del PC francés), la convicción de que Oriente es un foco de conflicto de eco mundial y la intuición del enorme potencial combativo que de la Jihad se podría obtener para luchar contra el ‘monoteísmo de mercado’ (equivalente del ‘pensamiento único’ que acuñó Ramonet) les ha llevado a compatibilizar el islamismo más radical con el análisis marxista. Este hecho no tiene nada de extraño ni de pintoresco. Hoy, como ayer, esta posición les permite seguir propugnando como enemigos del mundo a los ‘reaccionarios norteamericanos’ y a sus ‘lacayos judíos’ y, en el colmo del oportunismo histórico, negar la existencia del Holocausto.

No es de extrañar, vistas las profundas raíces del antiamericanismo político, la profusión de artículos y declaraciones de intelectuales y creadores de opinión de cierta izquierda que, sin dar tiempo a que la opinión publica superara el sobrecogimiento que le provocó el atentado terrorista contra el World Trade Center, han alentado un estado de ‘psicosis’ y ansiedad colectiva a la espera de una ‘trágica’ respuesta que evidentemente aun no se ha producido. O, todavía peor, han contextualizado o han parapetado los hechos en el marco de una "memoria histórica" que rememoraban en un ‘collage’ de episodios entremezclados sin reflexividad ni perspectiva histórica. La "memoria histórica no muere" concluye Pello Salaburu de su análisis de contexto del atentado de Nueva York. Cabría replicar a nuestro compatriota que "la memoria ni muere ni mata", y que el recurso a la "memoria histórica" no puede abrir la puerta a la comprensión moral hacia semejantes actos de barbarie. La falsedad del comentario del exrector ha sido ya contestada, además, por la imagen del propio Arafat como donante de sangre para las víctimas del siniestro y partícipe de la amplia coalición política que se ha conformado tras los sangrientos hechos o por las diáfanas manifestaciones de los líderes, musulmanes también, del legítimo (según la ONU) Gobierno afgano desde el mismo escenario de las operaciones.

Respecto a ese antiamericanismo que subyace en estas y otras tantas opiniones, Bernard-Henri Levy anota "esas pequeñas frases, aquí y allá, sobre la ‘arrogancia┤ americana (...) Y, lo que es peor, esos análisis más insidiosos y, por lo tanto, propiamente abyectos, que comenzamos a ya a oír sobre lo que, en la política americana de los últimos años, ha podido producir las frustraciones, las cóleras e, incluso, las rebeliones que desembocan, hoy, en el viva la muerte de los kamikazes (...) ┐Hay que recordarles a los que pudiese tentarles ese juego que hay maneras de explicar que lo único que hacen es legitimar y justificar?".

En fin, es muy posible, según Laqueur, que se necesiten "nuevas definiciones y nuevos términos para las nuevas realidades" de esta ‘nueva época’. La respuesta al terrorismo, empero, no puede ser globalizada ni ciega. Es determinante el enfoque local, el espíritu democrático y, también dice Laqueur, que "los servicios de inteligencia y quienes formulan las políticas deben aprender a discernir las diferencias significativas que pueden existir entre las motivaciones de los terroristas, los enfoques y las metas".

 

GOIZ-ARGI