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La última entrevista de ETA La coacción armada y la coacción verbal Las reacciones que han seguido al comunicado de ETA muestran claramente la fuerza que sigue teniendo la organización armada. Casi todos los políticos remarcaban el aspecto "irreal" de la entrevista o del carácter dogmático de sus aseveraciones. Es evidente que juzgaban el discurso de ETA en función de unos valores que la organización armada desprecia profundamente: el respeto a la voluntad democrática, la lectura realista de la situación, etc. Otra cosa es que ETA se atribuya otra forma de "realismo" en función de sus propias coordenadas ideológicas- y otra legitimidad popular. Los valores de la democracia representativa, que iban siendo desgranados por cada uno de los líderes políticos nacionalistas o constitucionalistas, no son la vara de medir adecuada. Una vez más, las consecuencias de no delimitar los límites del doble lenguaje nos llevan a subestimar las palabras de ETA. El escritor checo Pietr Fidelius, en su obra clásica acerca del totalitarismo marxista (La pensée post´totalitaire, Grasset, 1986) nos habla de la importancia que tiene para los movimientos totalitarios toda cuestión que atañe al lenguaje y a la propaganda. Su conclusión, que adelantamos, es que la represión verbal, la que se relaciona con la propaganda y el discurso, es tanto o más importante que la represión física. Que ambas se ayudan mutuamente con el fin de dominación último que las caracteriza. Primeramente nos pone al tanto de la sociedad en la que vivimos, la sociedad de la información o de la des-información: "el exceso del lenguaje y el abuso irreflexivo de las palabras proveen alimento a un fenómeno que podríamos llamar la inflación semántica". No es otra la coyuntura actual de cara al problema vasco. La "inflación semántica" acerca de todas las cuestiones nos lleva a una especie de escepticismo indiferenciador que nos hace perder, en momentos determinados, la capacidad de percibir la fuerza real de las palabras y de los discursos. Fidelius, al hablar del "terreno lingüístico", afirma: "En un régimen totalitario, ninguna otra esfera tiene tanta importancia estratégica. El lenguaje totalitario es sin duda el instrumento más eficaz de represión, y lo que es más, se trata de un instrumento eminentemente pacífico, que se encuentra en el lado opuesto de la violencia bruta a la que la bota de hierro ha podido servir de símbolo... La eficacia de la propaganda oficial de los regímenes totalitarios no se limita al pequeño número de personas que creen lo que la propaganda dice, sino más bien al número demasiado grande de personas que la subestiman. La paradoja no es más que aparente. Cuando nos preguntamos sobre la relación entre el fenómeno de la propaganda oficial y el proceso que acabamos de cualificar de inflación semántica, veremos que, si la propaganda contribuye poderosamente a este proceso, que si juega el rol de un catalizador, ella no es la causa de esta. La propaganda saca su substancia del proceso de inflación semántica que se desarrolla independientemente y afuera de ella... Constataremos que se encuentran en una relación de dependencia recíproca que podría ser representado bajo la forma de un círculo vicioso". Fidelius habla de los regímenes totalitarios del Este. Para nuestro caso, donde los discursos, las "propuestas", la participación institucional y la gestión de determinadas instituciones se haya en combinación con la lucha armada (en lo que se refiere al MLNV), los valores que rigen son los mismos. La coacción física viene acompañada de un determinado discurso político. El miedo físico viene acompañado por un tratamiento psicológico. Es más: la propia "inflación lingüística" que Fidelius plantea como estado natural de nuestra sociedad de la comunicación es un factor coadyuvante a la efectividad del discurso adyacente a la violencia. Por ello afirma: "la mentira y la muerte impersonales son dos variedades del arte político que los Estados totalitarios han llevado a la perfección". Está claro que la "mentira" en el discurso es el correlato de la "muerte" por acción. Por ello resultan a veces patéticos los impulsos que nos llevan hacia una credulidad o un escepticismo excesivos acerca de la retórica del MLNV. El MLNV (y ETA en el caso que nos ocupa) dice parte de verdad (en lo que se refiere a su estrategia en contra del modelo de sociedad Occidental de democracia representativa) y parte de mentira (en lo que se refiere al fin de "liberación nacional" que siempre promete y siempre incumple y perjudica). Debemos separar la paja del grano y llegar a la raíz de la fuerza del discurso de ETA, de su capacidad de inserción y combinación con la lucha armada. Sin olvidar que la voz de ETA es una melodía de una orquesta mayor, la del MLNV, que constituye su "bajo continuo", en conjunción con otras voces e instrumentos que bajo la apariencia de variedad conforman la globalidad de una estrategia convergente. El discurso de ETA de hace un año La perspectiva histórica de estos últimos tres años nos tiene que servir para encuadrar las últimas declaraciones de ETA. Para ello traemos a colación otra entrevista a la organización armada que se realizó hace más de un año, en mayo del 2000. Vale la pena contrastar lo dicho entonces y lo que dice ahora, como medio de desentrañar por donde va a ir la estrategia del MLNV. En la entrevista del año pasado, ETA planteaba tres puntos fundamentales:
Gracias a Dios, el marco de destrucción de nuestra sociedad, cocinado y diseñado por el MLNV, ha recibido un fuerte contratiempo con la elección de Juan José Ibarretxe como lehendakari. La "ruptura del marco", que se nos quería vender como un instrumento de consecución de mayores cotas de libertad nacional, ponía en cuestión todo el autogobierno conseguido, ya que tal "ruptura" sólo podía darse bajo los parámetros estratégicos de ETA. Con lo cual su virtualidad abertzale era una mentira flagrante. Esa "ruptura" sigue siendo el objetivo de la izquierda revolucionaria, es lo que denominan una "invariante". ¿Cómo es posible plantearla en las actuales circunstancias post-13 M? Una extraña humildad El MLNV es también un movimiento que trata de impulsar estados de ánimo en función de la coloración de cada giro táctico. Mientras la tregua estaba presente, el estado de ánimo tenía que ser el de la "preocupación" y la "cautela", frente al proceso ilusionador que se estaba generando. Cuando se rompe la tregua, entonces viene el momento del "optimismo", de quitarle importancia a la reanudación de las acciones de ETA o de la posibilidad de que Mayor Oreja sea lehendakari, frente a la frustración que aquejaba a toda la sociedad vasca, en función de que Euskal Herria estaba a punto de nacer de la mano de un MLNV en solitario. Cuando la sociedad vasca respira aliviada tras los resultados electorales del 13 M, viene el momento de la "humildad" para el MLNV. ¿Cuál es la naturaleza de esa "humildad"? ¿Significa, acaso, algún tipo de replanteamiento? En todo caso ¿Cuál es la naturaleza de ese replanteamiento? Dice ETA en su entrevista de Junio: "la izquierda abertzale debe jugar en el terreno que ha sido capaz de lograr con su trabajo, humildemente pero sin complejos". Insiste en esta idea: "el actual terreno de juego político es el propuesto y trabajado por la izquierda abertzale. Se está avanzando". Nuestra organización armada se muestra humilde, pero aclara que la actual situación es fruto de los desvelos del conjunto del MLNV. A pesar de todo, se ha dado un avance. ¿A pesar de qué?
La "humildad" del MLNV es tan extraña como su nacionalismo y como su deseo de paz. Afirma su perspectiva mesiánica de que ha sido el MLNV quien nos ha llevado a esta situación y, sin embargo, se muestra humilde. Nos habla de soberanía, y para ello propone la destrucción de nuestro autogobierno. Quiere la paz y hace la guerra. Estas contradicciones no son más que medios de engaño revolucionario, donde lo real es lo que se hace y lo que se transpira: la prepotencia, el deseo de destrucción de nuestras instituciones nacionales y la guerra revolucionaria a toda costa. Ya no hay que andar solos La soledad gloriosa del mayo del 2000 no es, en estas circunstancias, la situación deseada. ETA está dispuesta a "compartir con todos" la llave de la resolución del conflicto. La soledad del MLNV, que en mayo se mostraba con el optimismo de ver al nacionalismo en la bancarrota, no constituye ya un ideal: "El liderazgo de la izquierda abertzale en la construcción de Euskal Herria es evidente y, desgraciadamente suele tener que trabajar en solitario". Nuestra negrita muestra a las claras el cambio de tercio que se produce un año más tarde. La soledad, ahora, es una desgracia. Ahora, dice ETA, "lo verdaderamente necesario es el trabajo en común entre las fuerzas que son favorables a avanzar en el proceso. Y se puede avanzar mucho. Pero sin acuerdo no es posible llevar todo el proceso hasta el final". Hay que llegar a un acuerdo. Es decir, como decía el veterano Jon Idigoras: "Ha llegado la hora de mirar al futuro próximo y de sacar conclusiones que nos conduzcan a una verdadera acumulación de fuerzas para nuestro proyecto soberanista. Habrá pues que ajustar nuestra brújula para no perder la orientación y, sin complejos, intentar una vez más reconducir al PNV-EA hacia el proyecto democrático soberanista que fue Lizarra-Garazi". El MLNV se encuentra en una situación de derrota electoral y huérfana de compañeros de viaje. Aquellos que iban a ser arrojados a la cuneta de la historia e iban a perecer en la doble tenaza entre el españolismo y el MLNV, y por tanto, este último podía apoderarse de sus despojos, son ahora más fuertes que nunca. De ahí la "humildad". Esa nueva máscara del engaño. El planteamiento de acuerdo, además, ahora no se nos muestra como una propuesta concreta de Asamblea Constituyente para los siete herrialdes ni como reactivación de la política de chabolismo de Udalbiltza. Ambas propuestas serían en exceso ridículas o petulantes. Ahora se nos propone como acuerdo, "una solución para el conjunto de Euskal Herria, derechos democráticos básicos para todos los habitantes de Euskal Herria y decidir con antelación las vías democráticas para cambiar la actual situación". Como se ve una propuesta vaga frente a la concreción de las dos anteriores. Cuando se habla de "derechos democráticos básicos" ya vislumbramos nuevas unidades de acción en el terreno de la situación de los presos o frente a los ataques contra el euskera o en función de cualquier causa coyuntural, como la desobediencia civil. Lo importante es la creación de un "sujeto nacional platónico" que inyecte bríos a las casi desaparecidas unidades de acción por la base y ayude a constituir una nueva ilusión, es decir, un nuevo engaño, mientras ETA mata y la kale borroka se ceba en la sociedad vasca. Porque la violencia no puede, no debe ser, obstáculo, para este tipo de unidades de acción: "la colaboración pudo desarrollarse cuando ETA realizaba acciones. Hubo incapacidad para desarrollar esa colaboración en la época en que ETA interrumpió sus acciones". Ahora, el PNV y EA deben ser "capaces" de asumir, en función de cualquier promesa, esa colaboración, mientras las armas hablan. Las razones de este repliegue son evidentes: el MLNV necesita imperiosamente no andar sólo. Luego, sin renunciar a la "invariante" de la ruptura revolucionaria hay que bajar un poco el listón. Lo decía Lenin: dos pasos adelante y uno atrás. De repente, otros instrumentos musicales del MLNV, como EH, hablan de "participación global en las instituciones" en función de la "coyuntura" como si esta postura fuese algo novedosa; o se apela a la resurrección del acuerdo de Lizarra cuando todos pensábamos que el MLNV no lo consideraba muerto. No van a cambiar un ápice pero van a hacer todo lo posible para que parezca que algo se mueve. La bajada de listón se debe a que hay que posibilitar, a toda costa, un acuerdo con el verdadero nacionalismo, aunque las acciones armadas y violentas sigan su curso. Esa sería la victoria cualitativa del MLNV: atiborrar al nacionalismo de promesas y de unidades en causas justas para que asuma, conjuntamente, el peso del desprestigio de las acciones armadas y violentas. Y volver a repetir los tres dramáticos últimos años en los cuales el MLNV, de una manera consciente y constante, ha apostado por el rearme moral y social del estatalismo para convertirlo en herramienta coadyuvante en su línea principal de destrucción del nacionalismo con el objetivo de la apropiación de su capital político y sus bases sociales, y así disponer de un escenario propicio para la guerra civil. Así, también, con el nacionalismo en una nueva cuneta, conseguir la posibilidad de caminar ya solos. Hay que aplacar a la bestia No hay que subestimar al MLNV. La "llave" que actualmente tienen en la mano los dirigentes del movimiento no es otra cosa que la renovación de la militancia del aparato político (Batasuna), militar (ETA, kale borroka) y social, en función de una nueva generación de cachorros educados en los ideales más bestiales de la violencia revolucionaria y el internacionalismo más alejado de la tradición nacional y democrática de nuestro pueblo. La llave es la determinación de llevar adelante una estrategia de sufrimiento pese a quien pese. Todo ello nos muestra el largo término con que fía el MLNV su lucha, también y sobre todo en el terreno de la lucha armada. A pesar de que saben que la lucha va a ser larga, van a repetir una y otra vez la propuesta de la posibilidad de una solución inmediata al conflicto, con la intención de meter al nacionalismo, una vez más, por la vereda del síndrome de las prisas y de las falsas euforias. Tengamos en cuenta de que el MLNV dispone de muchos instrumentos más dentro de su orquesta de voces y que nuevos trinos se añadirán al bajo continuo de ETA. Ahí tenemos a Martxelo Otamendi que nos llama la atención sobre la vieja recomendación, otra vez repetida: "Aquellos que piensan que hay un problema, que este problema es un problema político y que no están de acuerdo con ETA tendrían que ofrecerle una alternativa a ETA, demostrando que lo que ETA pretende por su camino se puede conseguir por otros caminos, con menor daño y sufrimiento". Ese pueblo nacionalista reprochado por ETA tiene que mostrarle a la organización armada que es posible conseguir lo que se quiere por otros caminos. Hay que contentar a ETA. Hay que aplacar a la bestia con sacrificios mientras la bestia sacrifica. El mecanismo de la "humildad" es muy efectivo en estas circunstancias. El MLNV, ETA, saben, como bien decía Arnaldo Otegi, que "es evidente que la mayoría de la sociedad vasca no comparte la lucha armada", que no está con ellos. Que los resultados electorales han sido fundamentalmente una derrota de EH, la destrucción del trabajo de tres años. Pero humildemente van a seguir adelante. Van a intentarlo todo. Pese a que el pueblo está en contra de ellos van a luchar por la paz y por los derechos de todos los ciudadanos; van a echar sal a la herida para que esta sane, en palabras de Otegi, siguiendo el viejo adagio del general Mola de que "la guerra es cruel, por lo tanto debe ser corta; para que sea más corta, más cruel"; o como decían los de Haika: "Hay que endurecer la lucha para que dure menos". En eso consiste la humildad: en que cuando el pueblo da la espalda al MLNV, este movimiento sigue luchando en su nombre, impertérrito, lítico, sanguinolento, humilde. Xabier Iparragirre |