Artxibo rtf
(18
- 2001ko Urria)

La necesaria conferencia de paz

Ante el debate suscitado entre Joseba Arregi y Jonan Fernández en esta misma sección del DV, sobre la Conferencia de Paz de Elkarri a celebrarse en septiembre, queremos aportar nuestro punto de vista habida cuenta del interés e importancia de los artículos publicados, y por qué no decirlo, puesto que albergamos serias dudas sobre la idoneidad, oportunidad y verdadero propósito de dicha conferencia.

Antes de nada, fijamos necesario el deber de contextualizar la conferencia de paz en el momento político actual. Después de las elecciones de mayo, donde el 80% de la sociedad vasca acudió a votar, nos arrojó como claro vencedor a la coalición EA-PNV, y a su candidato, ya lehendakari, Juan José Ibarretxe. El PP y el PSE-EE a pesar de recibir nuevos apoyos respecto a anteriores comicios, sufrieron un estancamiento que frenaba sus expectativas de desplazar al nacionalismo democrático gobernante, mediante el pacto que suscribieron a tal efecto. Pero hoy, tres meses después, las posiciones tan enconadas que se apreciaban entre el mundo nacionalista y el constitucionalista parecen suavizarse, ayudado por el cambio apreciable en el discurso de los socialistas. Parece que los acuerdos transversales entre demócratas pueden llegar si el ejecutivo vasco mantiene las líneas maestras que trazó en el discurso de investidura y se mantiene la voluntad de llegar a compromisos que han dejado entrever varios líderes políticos en temas clave como la pacificación y el autogobierno. Cuestiones que van a ser debatidas en sendos plenos monográficos en los meses de septiembre y de octubre respectivamente. Mantengamos la esperanza en la posibilidad de consecución de consensos básicos en dichos temas.

Nos queda por analizar el mundo del MLNV después de las elecciones. Es evidente que la pérdida del 40% del electorado por parte de EH les ha supuesto un duro golpe. Pero peor ha sido el hecho de que ya no puedan condicionar ni el parlamento ni al lehendakari al haber perdido "la llave". Desgraciadamente, como nos lo han venido demostrando, para que el MLNV recupere su peso tiene que combinar sus armas de lucha y hacer especial hincapié en la lucha armada, para que la ciudadanía vea que nada ha cambiado, que ha sido en balde haber elegido a Ibarretxe. Por lo tanto, estamos seguros de que seguirán los atentados de ETA, los asesinatos y los ataques de kale borroka. Pero en este nuevo contexto, donde Batasuna se halla en horas políticas bajas y ETA está masacrando lo más posible, a la estrategia del MLNV le falta otro componente, el del discurso de la paz.

Centrándonos definitivamente en este nuevo componente, ¿cuál sería la reacción de los promotores de la conferencia de paz de Elkarri si por un casual, Dios no lo quiera, explotara una de esas bombas que han menudeado últimamente y matase a una decena de personas? La respuesta sería clara: que la conferencia de paz es más necesaria que nunca. Con este ejemplo sólo pretendemos plantear una de las múltiples paradojas que rodean a nuestro particular conflicto. Y es que el recrudecimiento de la violencia trae consigo un ansia redoblada de paz. La violencia produce el apremio de buscar caminos para la paz, aún a costa de obviar la voluntad clara y evidente, en el caso de ETA, de que los que usan la violencia no tienen la menor intención de prescindir de ella.

Tenemos que reconocer que la violencia es útil. Sirve para dar al MLNV un peso que ni social ni electoralmente posee; sirve para condicionar nuestra vida cotidiana y nuestros comportamientos y sirve para que el deseo de paz pueda encontrar unas condiciones adecuadas con el fin de que pueda ser manipulado de una forma interesada.

La conferencia de paz de Elkarri se acopla a la perfección a cualquier coyuntura de radicalización de las circunstancias. Es decir, hay un deseo de paz generalizado y por tanto, existe un mercado social donde la idea de la paz causa un impacto. Hagamos la pregunta del millón: ¿Es posible plantear las potencialidades positivas de una conferencia de paz cuando quien hace la guerra no tiene la menor intención de dejarla? ¿Alguien cree que una organización armada y una serie de grupos de violencia callejera van a dejar de ejercer sus funciones naturales y van a autodisolverse, aún a cambio de no-sabemos-qué condiciones políticas? Estas son las crudas preguntas que tendremos que responder antes de abordar el escenario de una conferencia de paz. No vamos a olvidar las tristes experiencias pasadas, aquellas expectativas de una paz segura que fueron traicionadas por la voluntad machacona del MLNV de prolongar el sufrimiento de nuestro pueblo. Si la tregua de ETA hubiera sido definitiva está claro que la conferencia de paz de Elkarri no tendría objeto. Estamos donde estamos porque lo quieren los estrategas del MLNV. Es su voluntad la causa de la quiebra de un escenario político sin las distorsiones y daños humanos que provoca la violencia. Los promotores de la conferencia de paz de Elkarri ¿tienen en cuenta este factor? Mucho nos tememos que no.

La conferencia de paz de Elkarri pretende, por otro lado, incentivar un diálogo político entre las partes enfrentadas. Es más, la llamada al diálogo es la consigna que envuelve dicha conferencia. Y, sin embargo, esta idea del diálogo, tan necesaria como la idea de la paz, también puede llevarnos a equívocos según cuales sean las circunstancias. Lo ha dicho el lehendakari Ibarretxe: el Parlamento Vasco tiene que ser depositario del diálogo, porque es en ese foro donde cada fuerza política muestra el peso de su representatividad. La existencia de una organización armada y de un grupo numeroso de gente que comete actos violentos no puede interpretarse como una representatividad añadida a la fuerza de las urnas. Este es otro de los peligros de una conferencia de paz en las actuales circunstancias y con los planteamientos de Elkarri. Es decir, que aquellos que quieren proseguir con las estrategias de violencia pueden acomodarse bajo los doseles almohadillados de la conferencia de paz defendiendo la justicia de su derecho, o, dicho de otra forma, siguiendo la línea de oficial del discurso del MLNV, volverán a proclamar ¡que hacen la guerra porque quieren la paz! ¡que el resto de los mortales somos cómplices y responsables de una situación que ellos voluntariamente crean!. Por todo ello, es imprescindible que el diálogo no se convierta en objeto de manipulación por parte de aquellos que, llevando una agenda oculta, pretenden utilizarlo para prolongar la guerra.

La idea del diálogo puede ser objeto de otras distorsiones. Por ejemplo, la que muestra el coordinador general de Elkarri, Jonan Fernández, en una réplica escrita al intelectual nacionalista Joseba Arregi (DV 25-7-2001, Conferencia de paz). Dice Fernández que "el diálogo abierto a todos es una herramienta necesaria en una situación en que coexisten la violencia y fuertes disensiones políticas". Esta es una afirmación tan genérica y tan políticamente correcta que es irrebatible y, en las actuales circunstancias, no produce la menor convicción. Cuando, por su parte, el MLNV plantea que la negociación es "un instrumento de lucha" con ello quiere decir que el diálogo también es un instrumento de lucha, es decir, que todo principio general y bueno es un factor utilizable, en coordinación con otras formas de lucha, como la armada y la violenta. El diálogo no es ajeno a la voluntad de las personas que dialogan, al contrario, es manipulable. Y, a nuestro entender, no es muestra de ningún tipo de prejuiciamiento ni desconfianza excesiva el pensar que aquél que no tiene rubor para matar o justificar el asesinato lo tendrá menos para mentir cuando se sienta a una mesa a hablar de paz. Por eso, es necesario, de vez en cuando, confrontar las ideas generales y las bellas palabras con nuestra manchada realidad, ya que las intenciones no resplandecen si no van acompañadas de hechos. Es más, las intenciones, los deseos, aunque sea el deseo tan noble de la paz, pueden servir para ponernos una venda en los ojos y favorecer al que quiere lo contrario, es decir, al que quiere y hace la guerra.

Entra también dentro de este esquema paradójico el hecho de que ETA ya ha desautorizado a Elkarri y su conferencia de paz. La organización armada ha hablado de "montaje" y "fraude" respecto a la conferencia y respecto a Elkarri. Entonces ¿Para qué una conferencia de paz si quien hace la guerra la ha desautorizado de antemano? Aquí se da una nueva ironía, puesto que ETA no se compromete con lo que pueda derivarse de esa conferencia de paz. Pero la organización política del MLNV, Batasuna, acudirá sin duda a esa conferencia para hacer oír su voz, vender sus propuestas y ganar legitimidad, mientras ETA sigue matando De esta manera, el MLNV, en plena ofensiva armada, podrá romper su aislamiento político y, bajo la cobertura del diálogo, seguir aplicando su estrategia político-militar, de combinar el discurso de la paz, de la promesa de una solución inmediata del conflicto (que, evidentemente, está en sus manos, en manos de quien hace la guerra) con la fuerza de las armas y de las amenazas.

Los escritores Jacques Paternot y Gabriel Veraldi afirmaban: "cualquiera que tenga una mínima noción de estrategia leninista no se asombrará. La doctrina ordena desencadenar simultáneamente la ofensiva militar sobre el terreno y la ofensiva de paz en el discurso, con el objeto de desviar la inteligencia de la situación y la voluntad de resistencia entre la gente políticamente necia, débil o intoxicada". Y nos preguntamos, ¿Será este el caso?

 

Imanol Lizarralde

Iban Etxaniz