Artxibo rtf

(13 - 2001ko Urtarrila)

LA GRAN MASCARADA, por Revel

En el último trabajo de Jean François Revel, LA GRAN MASCARADA (Ensayo sobre la supervivencia de la utopía socialista), la publicación en España, editada por Taurus en el 2000, aparece con una faja que dice: ¿Por qué se perdonan más fácilmente los crímenes del comunismo que del nazismo? Pasados unos segundos de profunda perplejidad uno se pregunta ¿Pero todavía estamos así? ¿Es que los hechos no han dado suficiente respuesta a ese tipo de preguntas? Los mismos hechos parecen demostrar que no, pero ¿Por parte de quién? ¿Cómo? ¿Por qué?. Este libro responde a estas preguntas, y ciertamente, teniendo en cuenta, por una parte las respuestas del autor y por otra las que hacen los defensores de la utopía socialista, recogidas en la obra, se entiende perfectamente la visceral reacción de los supuestos utópicos que nos quieren hacer olvidar el socialismo real.

Pero, ¿Quién puede estar interesado en ocultar la verdad? La deducción lógica nos dice que todo aquel que esté interesado en mantener la mentira.

Para mantener la mentira y teniendo en cuenta los hechos que estamos analizando, el comunismo, es evidente que debemos camuflar la realidad vivida, para ello deberemos equiparar el comunismo con unos ideales universales, que produzcan al mismo tiempo la simpatía universal, para que nadie ose a cuestionarlos. Y todo ello contraponiéndolo a lo que para ellos ha sido y es el único mal que hemos padecido en el último siglo las sociedades liberales, en definitiva las democracias. Eso se consigue manteniendo, a toda costa, los valores de justicia, igualdad y libertad como sinónimos de comunismo. Es por ello que el autor dice " La izquierda acepta reconocer, al menos parcialmente, la verdadera historia del comunismo pero amputándole su sentido".

Teniendo en cuenta que para vender esta consigna es necesario poner en marcha una campaña publicitaria eficaz, sus publicistas lo pusieron en marcha, pero no en 1989, año de la caída del comunismo, sino en los años 20, porque ya entonces se necesitaba de una campaña "informativa". Este diseño premeditado del engaño, como comenta el autor, no es nuevo aunque se nos quiera vender como verdad irrefutable, incuestionable y novedosa. En la obra de Stephen Koch, El fin de la inocencia (editado por Tusquets en 1997), está expuesta con toda claridad el diseño de esa estrategia, equiparación de comunismo con unos nobles ideales que liberen a la sociedad de la opresión capitalista. Hay que mantener los ideales marxistas porque es la única respuesta válida al capitalismo y, por tanto, para todos los hombres de bien, equiparación de comunismo con libertad, justicia e igualdad, objetivos que evidentemente no podrán cumplir los sistemas democráticos. Es curioso observar cómo los engaños de hace ochenta años siguen siendo válidos, para algunos, o para los de siempre. El libro recoge una gran cantidad de citas de los actuales "publicistas" totalitarios, convertir la derrota en victoria, el fracaso en éxito o lo superado en actual no parece plantearles ningún problema. La campaña publicitaria está en marcha, globalización, tercermundismo, antiamericanismo, etc. Son las nuevas o renovadas banderas para hacer frente al verdadero mal que padece la humanidad.

El que los hechos evidencien la antítesis de esos valores con el comunismo no impide que se mantengan, de hecho la supervivencia del socialismo-comunismo depende de ello, la "nueva" toma del poder así lo requiere. Y en ello están los que quieren mantener la llama de la Revolución Bolchevique, y los que inconscientemente se han tragado la mentira resistiéndose a despertar de su inocencia. Equiparar las críticas al comunismo con el fascismo, acusar al capitalismo de todos los males que aquejan al mundo, incluidos los provocados por el comunismo, es la práctica habitual de este tipo de comentaristas. Pero sobre todo evitar y desmontar la deducción lógica de que el comunismo no podía darnos otro legado que el que nos ha dado.

Para ellos la responsabilidad de los 80 millones de muertos, aprovecho la ocasión para recomendar la lectura de El libro negro del comunismo (Stephane Courtois y otros. Planeta, 1997) no son en ningún momento imputables a la ideología comunista. No podía ser de otra forma, si el objetivo es mantener la vigencia del totalitarismo de izquierdas. Si bien se reconocen los hechos, qué remedio, con lo terca que es la realidad, no se acepta la responsabilidad de los mismos. Quien tiene que responder de los crímenes no es la ideología comunista sino sus gobernantes que se han "desviado" del mismo. Lógicamente esta reflexión no se aplica a los actuales dirigentes "desviados" sino a los pasados, a los actuales, se les sigue justificando. Al que no lo haga se le califica de extremista de derechas, fascista, encubridor del imperialismo, y demás lindezas.

Aceptar los hechos, con matices, para mantener la vigencia de los ideales marxistas es la constante consigna de los totalitarios y de sus cómplices. Para ello es imprescindible recalcar que el origen de los crímenes del comunismo están en las actuaciones desviadas de sus dirigentes, y no en la esencia misma de la ideología marxista. Esta es la "renovada" gran mentira que nos tratan de inculcar. La lucha de clases, base del materialismo histórico, por la cual la sociedad se estructura en clases dominantes y dominadas, es la "ciencia" que rige la historia y la praxis revolucionaria. La negación, e incluso el estorbo, de las personas en ese esquema revolucionario es la esencia de su ideario revolucionario. La supeditación absoluta de las personas a esa lucha por el poder, que además es irreconciliable, no puede dar otro resultado que el que ha dado. De ahí el interés en desligar ideología y hechos, de ahí la imperiosa necesidad de vaciar de significado los crímenes sistemáticos del marxismo. Se podrán poner como se pongan, pero los hechos son lo que son y las consecuencias del marxismo son los que la humanidad ha padecido. Supeditar el ser humano a la lucha de clases o a cualquier otra idea que se le imponga sólo puede dar como resultado la degradación humana. Esta es la idea que expone la última obra de Revel, la reacción de la izquierda revolucionaria a la caída del marxismo, en definitiva la gran mascarada de la supervivencia de la utopía socialista.

En el reciente siglo pasado hemos padecido el nazismo y el comunismo ambos negando al ser humano como sujetos de derechos, las similitudes entre los totalitarismos padecidos en el siglo XX son evidentes, la sumisión a la que sometieron a los hombres y mujeres, su obsesión en derrocar las democracias, alianzas incluidas, así lo atestiguan. Las lecturas recomendadas en este breve comentario y recogidas también en el último trabajo de Jean-François Revel hacen que el libro adquiera una solidez de difícil refutación.

Alazne Arrieta