Artxibo rtf
(17
- 2001ko Abuztua)

ETA contra los medios

El brutal asesinato de Santiago Oleaga supone la quinta acción armada contra los profesionales de los medios de comunicación desde que la banda terrorista ETA rompió la tregua. Algunas han tenido consecuencias fatales, como los asesinatos de Jose Luis López de la Calle, comentarista de El Mundo y el del director financiero del Diario Vasco, Santiago Oleaga. Otras afortunadamente han fracasado en su intento de amordazar la libertad de expresión pase a mutilar a Gorka Landaburu, colaborador, entre otras empresas de Onda Cero e intentar dinamitar la vivienda de Aurora Intxausti y Juan Palomo, profesionales de El País y Antena 3, respectivamente.

Con esta acción totalitaria, ETA demuestra su desprecio por la realidad de la sociedad vasca, libremente expresada en las elecciones del pasado 13 de Mayo. ETA vive en un mundo profundamente autista cuya peculiar realidad no es refleja por la inmensa mayoría de los medios de comunicación vascos, con independencia de su ideología. Y al no ver plasmado en los media su propia ensoñación revolucionaria de Euskal Herria los ataca despiadadamente intentando cercenar su libertad de expresión y las de los miles de lectores que asiduamente los leen diariamente. El Diario Vasco y por extensión sus trabajadores han sido elegidos como objetivos por la organización terrorista y los numerosos ataques contra sus delegaciones y oficinas culminaron con un fracasado plan del comando Totto por dinamitar la rotativa del periódico en Donostia. Hoy la víctima es El Diario Vasco, ayer fue el director del Diario de Navarra, mañana serán los corresponsales de El País, todos los que no forman parte de la paranoica distorsión de la realidad que padece el MLNV, son sus objetivos.

En contra de la opinión del algún destacado dirigente político de la derecha española, la sociedad vasca ha demostrado una enorme madurez en las pasadas elecciones autonómicas. Y ha ejercido libremente su derecho al voto con independencia de la supuesta influencia ejercida desde los medios de comunicación de diferente ideología. Porque en Euskadi la prensa que mayoritariamente se lee y se compra es de carácter apartidista y la elección de un periódico no lleva necesariamente aparejado el voto a un determinado partido. De esta forma se da la circunstancia que la mayor parte de los ciudadanos, entre los que se encuentran la mayoría de los votantes de la coalición PNV-EA, compran periódicos no partidistas, diferentes de Deia o Gara. Esa es la realidad, pese a que no le guste a Begoña Errazti, Xavier Arzalluz o Javier Vizcaya. Los ciudadanos saben lo que compran y por qué lo compran. Y cuando van al quiosco eligen un producto de calidad, respetuoso con la pluralidad, con buenos artículos de opinión que confronten posicionamientos e ideas. En definitiva, medios que aporten credibilidad por encima de ideologías y partidos. Medios que a veces reflejan también la pluralidad del nacionalismo y ofrecen al lector una visión diferente y crítica del nacionalismo, algo que no es bien visto por aquellos burukides que siguen apostando por proyectos que han fracasado estrepitosamente y que son completamente ineficaces para articular la compleja sociedad vasca. Medios, como El Diario Vasco, en el que confían diariamente miles de ciudadanos guipuzcoanos y cientos de ciudadanos vascos, que lejos de nuestro querido país leemos sus ediciones digitales en internet.

No puedo acabar este artículo sin recordar que la prioridad que tiene el nuevo gobierno que se forme, es la de proteger a cada una de las personas que están amenazadas en Euskadi. Y que entre todos los partidos políticos que antaño conformaron la centralidad vasca vuelvan a reconstruir ese espacio real del que formamos parte la mayoría social e integradora de ciudadanos vascos, con independencia de nuestras opiniones e ideología. La acción de ETA, la presión de una obsesiva razón de Estado y la exigencia de alineamiento ciudadano con una política frentista de bloques excluyentes ha estado a punto de desmantelar una estructura porosa de vasos comunicantes que pone una y otra vez en relación a las distintas sensibilidades presentes en Euskadi. Ese es el mundo real, del que formaba parte Santiago Oleaga, el mundo que ETA quiere destruir para edificar su proyecto totalitario de comunismo y caos. El mundo real, que reflejan los medios de comunicación, desde diferentes prismas, en el que ETA no se ve reflejada y que pretende fragmentar a golpe de dinamita y goma 2.

Arturo Goldarazena Lafuente