Artxibo rtf

ERTZAINTZA

"Izkillots atergea, lurrak dart oinpean
Sua, kea, garra, gudean gartsuki;
Giza gurenak letxe ereiñoz bekoki,
Jausi zara azkenez etsaien aurrean."

El que antecede es un bello fragmento del poema ‘Saseta il da’, en el que clérigo Alberto Onaindia rinde homenaje al mítico comandante del Eusko Gudarostea, Cándido Saseta, muerto en el frente de Asturias en 1937. En el poema se muestra la honra y admiración que el ejemplo de Saseta merece al padre Onaindia. La gran dignidad del comandante muerto en el frente de batalla es el principal motivo del mismo; ‘laureado como nuestros notables hombres, has caído finalmente frente al enemigo’, rememora la pieza que hemos elegido.

Saseta es un patriota de gran sentimiento que, pese a los que dicen que el combate contra el fascismo es una ‘cuestión española’, participa en la gestación de Eusko Gudarostea en Gipuzkoa y se compromete con la primera línea de la batalla en defensa de su pueblo y de la libertad, lo que le lleva a morir lejos de su propia tierra. Frente a la posición de gentes como Eli Gallastegi o Luis Arana, la conducta de Saseta es representativa de la postura que se impone ante la guerra, liderada por el lendakari Jose Antonio Agirre que manifestó años más tarde que "el Pueblo Vasco, al rechazar con las armas la agresión de que fue objeto, no lo hizo por confusión o engaño, sino porque fue un pueblo que vio claro y cumplió con su deber".

Quienes conocieron de cerca al subcomisario Mikel Uribe sostienen que participaba del espíritu de Cándido Saseta. Una profunda pasión por su pueblo, un hondo patriotismo vasco, un afán de servicio a la sociedad vasca, servicio que le lleva a la vanguardia de aquella misma lucha contra los ‘enemigos del pueblo vasco’ ante los que cayó Saseta. Uribe jamás se acomplejó ante la falsa argucia de quienes, valiéndose de engaños y sutilezas, han acusado a la Ertzaintza de ‘servir a España’ para neutralizar su competencia frente al crimen político. Frente a los malhechores cuya obsesión revolucionaria amenaza con arruinar la imagen de lo vasco como trayectoria democrática y modelo a imitar, los ertzainas como Uribe renuevan la vigencia del talante secular de los vascos. El reflejo del vasquismo falsario, útil al proyecto de ruina planetaria del MLNV, sucumbe inexorablemente ante la emergencia del genuino proceder del vasquismo más auténtico, ‘arraigado en la tierra’ y ‘permanente en el tiempo’, fiel a los suyos, entregado a su comunidad política, amante de sus instituciones.

Pero, a diferencia de la de Saseta, la muerte de Mikel es representativa de la sucia naturaleza de la guerra que ha iniciado ETA contra los vascos. Aquel murió en combate. A Totorika, Uribe, Mijangos y Arostegi, los asesinaron a traición. Hoy, ETA intriga contra todos aquellos que no se someten a su ‘diktat’, maquina su muerte, prepara la emboscada y ataca a la víctima elegida por la espalda.

Todo esto es o debería ser suficiente para mostrar que la lucha contra ETA es, para el nacionalismo, de carácter ‘ideológico’. Quienes lo niegan, quienes se refugian en la semejanza de fines y en la mera diferencia de medios, quienes se mantienen en una ambigüedad distante son –nos valemos de nuevo del lendakari Agirre- los ÚNICOS CAUSANTES DE LA CONFUSIÓN IDEOLÓGICA. No hay afinidad de objetivos con los ‘enemigos de la libertad’. Ante la ‘guerra ideológica’ contra ellos, las palabras del primer lendakari transmiten actualidad, son beligerantes y significativas: "La lucha es demasiado gigantesca y demasiado grandes los horrores que presenciamos, para que todavía subsistan definiciones turbias y posturas indecisas."

ERTZAINTZA, HERRIAREN ZAINTZA.

La Ertzaña fue constituida en el marco del Estatuto de 1936. Durante siglos, en los territorios de la Euskalerria foral, eran los propios municipios los que asumían las competencias de carácter policial. A partir de mediados del siglo XIX, se organizan los cuerpos armados forales, miñones y miqueletes, bajo responsabilidad de las Diputaciones.

La Ertzaña en 1936 y la Ertzaintza restaurada tras la aprobación del Estatuto de Gernika representan la capacidad histórica renovada por la sociedad vasca para encargarse de su propio orden público y de su seguridad. Es el sujeto o sociedad política autoconstituida –‘herria’- el que deposita en las instituciones públicas la facultad de decidir en nombre de todos y dictar normas para todos y otorga legitimidad a lo que en la era moderna se ha denominado ‘monopolio legítimo de la violencia’ –prevención y protección, ‘zaintza’, garantía de la seguridad y libertades de la sociedad política y sus miembros- en el territorio sobre el que extiende su jurisdicción. La institución encargada de ejercer este ‘monopolio’, la Ertzaintza, debe mostrarse capaz de someter a la voluntad popular (y hacerlo ‘con éxito’ al decir de Max Weber) a todos aquellos que pretenden quebrantarla.

Por todo ello, una política de ‘contrapoder’ que consiga perturbar ‘con éxito’ la seguridad de los garantes de la seguridad pública quebraría, sin duda alguna, el equilibrio de la sociedad a la que protegen. Si la Ertzaintza cediera terreno ante la presión criminal, la propia sociedad que ha delegado su seguridad en ella podría desmoronarse, el pueblo vasco al que sirve quedaría a merced y dominio de los criminales.

LA ERTZAINTZA EN LA DIANA.

En declaraciones muy recientes, en el marco de una campaña de amenazas contra la Ertzaintza, Joseba Permach ha emplazado al nacionalismo a que deje de ‘mirar a Madrid’ y a la policía vasca a que deje de actuar "un día sí y otro también contra el conjunto de la izquierda abertzale". De nuevo, la ‘cuestión española’ reaparece como estratagema, como señuelo, para confundir a los abertzales, atar de pies y de manos a la Ertzaintza y someter a una sociedad vasca que se resiste ante el totalitarismo revolucionario de ETA y el MLNV.

El señuelo, sin embargo, no debe impedirnos ver la realidad. ETA, tal y como reconoce en ‘ZUTABE’ de septiembre de 2001, quiere "tomar el poder por las armas y/o avanzar mediante un proceso de negociación con el enemigo". En la citada publicación, analiza los procesos revolucionarios que protagonizan las FARC en Colombia, los movimientos albano-kosovares, el EZLN en Chiapas que no se confían "al día milagroso de la negociación" y, por ello, han creado, asentado y ampliado municipios, zonas o territorios liberados sobre los que se sostiene un entramado que podría considerarse un ‘nuevo Estado’ o un ‘Estado paralelo’.

Estas experiencias mencionadas sirven de modelo estratégico para ETA y el MLNV. Todas las instituciones, la sociedad, la administración o los poderes existentes deben ser contestados, reemplazados o desvirtuados en aras a constituir el nuevo poder, el ‘nuevo Estado’, que puede coexistir con el establecido, pero que buscaría combatirlo, destruirlo y sustituirlo. A esta estrategia le llaman "herri borroka" (‘lucha’ o ‘guerra popular’), en la que la "herri eraikuntza" (‘construcción popular’) o "creación de contrapoder" es concurrente con las estrategias de "erosión del enemigo mediante las armas y con los planteamientos de negociación" (todas las citas entrecomilladas de este párrafo corresponden al mismo ‘ZUTABE’ de septiembre de 2001).

Desde todo punto de vista, las instituciones vascas son un auténtico impedimento para que las intenciones de ETA puedan materializarse. Uno, para una negociación bilateral, las instituciones vascas ‘sobran y estorban’. Dos, una estrategia de ‘contrapoder’ tropieza con el obstáculo de la existencia de los poderes públicos vascos. Tres, una actitud de ‘erosionar al enemigo mediante las armas’ colisiona en primera instancia con la violencia que los propios vascos han autorizado y que representa la Ertzaintza. Por todo eso, ETA quiere desmontar uno por uno todos los obstáculos que tiene delante. A la vez que no descarta ‘negociar con Madrid para lograr la paz’, impulsa y apoya iniciativas que desbordan la capacidad jurisdiccional de las instituciones vascas y emplaza, bajo amenazas y crímenes contra la Ertzaintza, al Gobierno Vasco a que se abstenga de defender al pueblo que le ha constituido, que le ha elegido y al que representa.

Este es el interés del ETA. Un interés que, en coherencia con su doblez -‘bietan jarrai’- constitutiva, viste de otra manera. De la misma manera que Joseba Permach, coordinador de Batasuna, ETA enarbola el falaz argumento de la incompatibilidad entre instituciones democráticas y el pueblo vasco; ETA, en su último comunicado (1 de diciembre de 2001), acusa a la Ertzaintza de "defender con las armas un proyecto impuesto", de "dirigir hoy el tráfico y mañana golpear, encarcelar, matar, torturar y llevar al exilio a ciudadanos vascos, cumpliendo fielmente la legalidad española" y advierte que "en lo sucesivo el pago que de ETA recibirá la Ertzaintza irá en función de su labor de castigo y opresión".

‘Proyecto impuesto’, ‘ciudadanos vascos’, son ideas entendidas desde una perspectiva puramente sectaria que propugna que ‘pueblo vasco’ es una categoría que comienza en el ‘acontecimiento fundador’ ETA y acaba en el territorio de los colaboradores conscientes del magma socio-político que se constituye en MLNV. Fuera de ese conjunto de colaboracionistas, todo el mundo es ‘enemigo’. Fieles a la perspectiva marxista-leninista, no por ello deja ETA de fomentar la división en ese campo enemigo, de hacerse paso por la brecha que esas contradicciones han abierto o de valerse de todos aquellos que, en ese mismo campo enemigo, se prestan también a la colaboración, por mínima que ésta sea.

La Ertzaintza está en la diana, aunque no por casualidad. La Ertzaintza es ‘enemigo del pueblo’ para ETA. Lejos de esta visión subvertida de la realidad, la Ertzaintza es un factor de cohesión popular, es un valladar defensivo para la sociedad vasca y, como ya queda dicho, el desmoronamiento de esa barrera nos podría llevar a la antesala del desplome moral de una sociedad que, a falta de seguridad suficiente, quedaría a expensas de los criminales revolucionarios de ETA. Pero, confiamos en que ello no ocurrirá. Por lo que de las manifestaciones públicas de los responsables de la policía vasca podemos deducir, la Ertzaintza está suficientemente preparada y pertrechada para un combate que será duro y largo, contra un terrorismo que ocasionará más víctimas y que ofrecerá avances y resultados con una lentitud que podrá parecer irritante para los más impacientes, pero esos avances serán sin duda irreversibles, impulsarán el desarrollo democrático del país y afianzarán las instituciones.

BALZA PROPUGNA "MAYOR RADICALIDAD EN EL RECHAZO SOCIAL Y EN LA ACCIÓN DE LA JUSTICIA Y LA POLICÍA"

En unas declaraciones a la periodista Maria Antonia Iglesias, publicadas en EL PAIS del pasado 2 de diciembre, el consejero Balza nos clarifica bastante satisfactoriamente sus posiciones. Coincidimos con él en que, tras los asesinatos de Beasain, las manifestaciones de algunos dirigentes sindicales de la Ertzaintza fueron de tono peligroso. Nosotros no creemos que sea oportuno amordazar a los sindicatos de la policía vasca, pero convendría eliminar del discurso sindical expresiones de plante o abdicación de las responsabilidades que la Ertzaintza tiene adquiridas ante la sociedad. Como ha dicho el consejero, no se puede jugar con esto, "porque eso es quebrar la confianza de la sociedad en una policía o en un gobierno".

Es cierto que al consejero no le sobra credibilidad. Pocos pueden haberse olvidado que fue precisamente Javier Balza el que reclamó "compensaciones políticas para ETA" a raíz de que la policía francesa hubiera detenido a la etarra Belén González en octubre de 1999, casi cuatro meses después de que ETA hubiera decidido y anunciado a los portavoces de PNV y EA que la tregua quedaba en suspenso. Pero, hoy el consejero está convencido "de que es en Francia donde debe desempeñarse la principal lucha antiterrorista". Por eso, reivindica que, dependiendo la principal batalla de la ‘información’, "es una vergüenza que la Ertzaintza esté vetada en los foros de información de la policía francesa".

Parece evidente, con todo, que Balza ya no es el mismo. De su actual condición de "abertzale desengañado por quienes han elegido la oscuridad y el terror" al que se refiere el preámbulo de la entrevista a la que nos estamos refiriendo, sólo podemos deducir que el consejero de Interior ha pasado por la amarga experiencia de tener que enmendar sus errores y modificar absoluta y radicalmente sus criterios de actuación. La lectura de la entrevista del diario EL PAIS nos lleva a pensar que Javier Balza tiene las cosas muy claras, sabe a lo que se enfrenta y acepta la responsabilidad que le toca en toda su plenitud.

Él mismo se refiere en varios de los momentos de la conversación con la periodista a que "estamos en una nueva situación" o que quiere "compartir una nueva mentalidad ante la nueva situación creada por ETA". ‘Desengaño’, ‘nueva mentalidad’, Balza utiliza términos que restituyen la confianza en la dirección política del Departamento. En el análisis que realiza, el consejero manifiesta su certeza de que la Ertzaintza es "el enemigo principal de la banda terrorista" por ser "la barrera de contención de la radicalidad y el terrorismo". Es significativo, además, que se sienta ‘auténticamente emocionado’ cuando los ertzainas le dicen que ‘el enemigo es ETA’.

Contra ETA y el terrorismo, reitera el consejero de Interior del Gobierno Vasco, no es suficiente que pierda ‘apoyo social’, además "es necesario que se den conjuntamente la batalla judicial, la batalla policial, la batalla en Europa". ETA ha de verse derrotada, "tiene que ver que no tiene salida". Ante la ‘nueva situación’, la consigna de la ‘nueva mentalidad’ es que haya "mayor radicalidad en el rechazo social y en la acción de la justicia y la policía" contra el terrorismo.

La eficacia de la Ertzaintza no será sin duda suficiente para garantizar las libertades y preservar la seguridad ante la amenaza en un marco de convivencia democrática en la comunidad vasca, pero es seguro que sin la eficacia de nuestra policía esta convivencia sería imposible de organizar. Así lo cree al menos una buena parte, si no es la generalidad, de nuestra sociedad, que encomienda casi toda expectativa de libertad y seguridad a la labor de la Ertzaintza.

Y, básicamente, hay razón en este argumento. Al consejero de Interior de nuestro Gobierno y a la policía bajo sus órdenes le corresponden determinadas tareas adscritas a este objetivo, muy importantes todas ellas y que se resumen en la máxima que expresa que ‘los delitos deben ser investigados y castigados plenamente’; pero, otras de las tareas que deben acompañar a aquellas corresponden al resto de instituciones y líderes de las mismas y también, por supuesto, a esa sociedad que no debe limitarse a esperar un tanto despreocupadamente a que se le hagan las cosas.

żESTÁ ENFERMA LA SOCIEDAD VASCA?

Iñaki Totorika, Mikel Uribe, Javier Mijangos y Ana Arostegi han muerto cumpliendo con su deber de servir a su pueblo, a su sociedad, a los ciudadanos vascos que en ellos habían delegado su protección y seguridad y en ellos confiaban. Pero, delegar la seguridad o la garantía de las libertades es algo habitual en las sociedades modernas. En realidad, bajo la lógica del bienestar y del consumo, lo habitual es delegar todo lo que se pueda.

La reflexión de Gilles Lipovetski puede ser oportuna en este punto: estas sociedades son sociedades que viven la "época del posdeber", en las que la cultura cotidiana "ya no está irrigada por los imperativos hiperbólicos del deber sino por el bienestar y la dinámica de los derechos subjetivos", con una "ética elegida que no ordena ningún sacrificio mayor, ningún arrancarse de sí mismo". Y ello lleva a estas sociedades a delegar y transferir responsabilidades y exigir derechos. En estas últimas décadas, de tanto delegar la sociedad ha podido perder muchos grados de un sentido comunitario que cada vez se siente como más necesario. Pero, de ser eso una enfermedad, ni es una enfermedad exclusiva de la sociedad vasca ni es la sociedad vasca la más afectada por ella.

Efectivamente, nadie puede decir con rigor que la sociedad vasca esté enferma o que esté más enferma que las sociedades que la rodean. Y mucho menos puede decirlo un político. La mención a la sociedad vasca como ‘sociedad enferma’ puede tener valor como consigna política para quienes quieren presentarla como inmadura, como responsable de los crímenes de ETA o para quienes dicen que el voto vasco es un ‘voto cautivo’ con el objeto de defender que, en consecuencia, no puede gobernar aquellos asuntos que le corresponderían a cuenta de su autonomía. Pero, ese calificativo es incomprensible en labios del lehendakari Ibarretxe. Si la sociedad vasca necesita de una "regeneración ética y moral", nos preguntamos que es lo que no necesitarán los dirigentes que la han llevado a ese estado. No es coherente que el lehendakari de más apoyo social de la historia política de Euskadi diga de la sociedad vasca "que no ve, que no siente el sufrimiento de todos y cada uno de sus miembros" sin sentirse él mismo representado en esa absurda e infundada imagen. Una sociedad que, cuando se le ha dado la oportunidad electoral, ha castigado de una manera inapelable a los apóstoles de la violencia de ETA ni es ni se merece esta imagen de ‘sociedad enferma’ en la que se le quiere encasillar.

A estas alturas, Ibarretxe ya sabe que la policía no puede llegar a todo, que no puede haber patrullas en todas las esquinas, ni escoltas tras todos los amenazados. Ibarretxe quiere que la sociedad se implique más y que, más que delegar en la Ertzaintza, colabore intensamente con ella, que actúe como sus ‘ojos y oídos’ y que se movilice activamente en la batalla contra el terrorismo. Pero, la sociedad es un ‘cuerpo colectivo’ que no se mueve sin ‘cabeza’. Para ello, son los líderes políticos y sociales los primeros que han de cambiar de ‘chip’. Han de cultivar mucho más lo comunitario desde los poderes públicos, tienen que confiar a la comunidad más cometidos sociales de los que hasta el presente se le encomiendan y tienen que instaurar mecanismos eficaces de implicación social, y de mayor corresponsabilidad y participación en la esfera de lo público.

Goiz-Argi