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Santiago DE PABLO, Ludger MEES y José Antonio RODRIGUEZ RANZ: El péndulo patriótico. Historia del Partido Nacionalista Vasco II: 1936-1979. Crítica, Barcelona 2001, 484 pp.

 

Si la publicación del primer tomo de El péndulo patriótico concitó el interés y el elogio de la mayor parte de los historiadores, salvo la de aquellos que pretenden prácticamente tener el monopolio de la historiografía nacionalista y exigen ser citados en primer lugar, mientras ellos se ven exonerados de tan penosos menesteres, la aparición de este segundo tomo debe ser saludada con mayor energía. En efecto, el periodo que abarca desde la aparición del nacionalismo vasco hasta la guerra civil, objeto del primer tomo, ha conocido la atención de numerosos estudiosos y el principal mérito de los autores fue el de sintetizar la información ya publicada, completándola con la consulta, por primera vez de forma sistemática y sin restricciones del Archivo del Nacionalismo, sito en Artea (Bizkaia). En esta ocasión, sin embargo, la fase que se extiende desde el inicio de la guerra civil hasta el año 1979 no ha merecido el mismo grado de dedicación, siendo, hasta cierto punto sorprendente, que existan muchos más libros sobre ETA y que, como señala en el prólogo Javier Tusell, conozcamos mejor la evolución de esa organización clandestina que la del principal partido político vasco. En este sentido, la obra que reseñamos, valga el tópico, cubre un clamoroso vacío en la historiografía contemporánea vasca. Se convierte así en la referencia necesaria para todo aquel que quiera introducirse en el oscuro mundo de la vida política vasca a lo largo de toda la dictadura franquista.

El texto se distribuye en cinco capítulos organizados de forma cronológica, una conclusión y unos importantes anexos que incluyen una relación de la prensa nacionalista entre 1936-1939, las diferentes composiciones del EBB a lo largo de todo el periodo, una cronología detallada y una extensa bibliografía que recoge mayormente obras referidas a la historia del PNV. El capítulo primero analiza la actitud y la actividad del PNV durante la guerra civil española. Se trata así la inicial indecisión superada por la toma de postura del BBB a favor de la República, las diferencias con el Gobierno Vasco y la rendición de Santoña, fruto todo ello, según los autores, de la visión particularista por parte del PNV sobre el carácter nacional del conflicto y sus diferencias con sus aliados izquierdistas. La marcha al exilio provocó la reorganización de un partido que tenía a la mayor parte de sus dirigentes en prisión y a otros en París o Cataluña y que tenía que auxiliar a numerosos refugiados. Las miserias de la derrota acarrearon frecuentes tensiones dentro de los órganos directivos del partido y con las diferentes autoridades republicanas, incluidos el propio Gobierno Vasco. Consciente de la imposibilidad de una victoria republicana, los nacionalistas trataron de impulsar una mediación internacional que garantizase la autonomía vasca y procuraron humanizar el conflicto bélico.

Los años comprendidos entre 1939 y 1945, segundo capítulo, combinaron los momentos de depresión, coincidentes con los avances de Eje y los de alegría, a medida que se producían las victorias de los Aliados. La dispersión geográfica de los nacionalistas, las dificultades de comunicación y la falta de recursos económicos dificultaron extremadamente la actividad nacionalista. Una actividad, por otra parte, que tenía que clarificar sus relaciones con el Gobierno republicano en el exilio, uno de los principales suministradores de los fondos que permitieron la supervivencia de los nacionalistas. Estos, además, trataron de mantener la unidad de todos los partidos vascos frente a la lucha fratricida de los grupos españoles, al mismo tiempo que trataban de poner fin a las mismas, participando de forma activa en la política española del exilio. En el terreno bélico, el PNV puso a disposición de los enemigos de Hitler la infraestructura reconstruida desde las cárceles y el Servicio Vasco de Información y Propaganda. Esta organización proporcionó a la Inteligencia aliada numerosa información y contribuyó a la huida de muchos pilotos derribados tras las líneas enemigas. Tras la guerra, los Servicios fueron uno de los protagonistas en la sombra de la acción nacionalista en la España franquista y centro de intensos enfrentamientos dentro del nacionalismo.

La victoria frente a Alemania pareció anticipar la caída del propio Franco. Para ello, los nacionalistas impulsaron la unidad de las fuerzas políticas españolas, participando, además, en un intento de pacto con los monárquicos; también intervinieron en la creación de una estructura internacional de los partidos democratacristianos e intensificaron tanto la organización del partido como las actividades de resistencia. Las huelgas generales de 1946 y 1951 serían sus hitos más importantes. Los diferentes cambios de estrategia provocaron fuertes tensiones entre los dirigentes del PNV. La firma del tratado entre España y los EEUU, en el marco de la Guerra Fría, confirmó el fin de esta política y el inicio de una larga fase de decadencia en el seno del nacionalismo vasco. La inactividad de los años 50 coadyuvó a la aparición de una nueva organización nacionalista, ETA, aunque en su manifiesto fundacional, recogido por primera vez en esta obra, no expresaba diferencias ideológicas sustanciales con la trayectoria histórica del nacionalismo, salvo el aconfesionalismo.

El capítulo cuarto recoge los acontecimientos producidos entre 1960, muerte del presidente Aguirre hasta la muerte de Franco, 1975. El fallecimiento del lendakari coincidió con el agotamiento de la generación que había protagonizado la guerra y las décadas posteriores, las profundas transformaciones que vivió el país gracias al renovado impulso económico y la acción de nuevos grupos sociales y políticos. El Aberri-Eguna de Guernica, 1965, fue el canto de cisne de una primera tentativa de renovación que incluía, además, el intento de revitalizar la oposición antifranquista española. Las tesis más radicales, sin embargo, gozaron de gran predicamento entre las bases nacionalistas. La brecha creciente entre ETA-PNV por diferencias ideológicas, estratégicas, políticas y generacionales no fue obstáculo para que, ante la represión franquista, colaborasen en la ayuda a presos y refugiados. El intento de ETA de crear un Frente Nacional Vasco que agrupase a los grupos nacionalistas excluyendo a las otras fuerzas democráticas contribuyó igualmente al alejamiento entre ambas formaciones. A inicios de mayo de 1970 el EBB inició un proceso de renovación organizativo y personal que preparase al partido para el periodo posterior a una muerte de Franco que se preveía próxima y para hacer frente al creciente protagonismo de ETA en la vida política vasca.

El último capítulo abarca los cinco años comprendidos entre 1975 y 1979, fecha de la aprobación del Estatuto de Autonomía. La implicación del PNV en el proceso de transición fue mucho más importante que durante la Segunda República. Este hecho unido a la actividad violenta de ETA y la asunción por parte de la mayoría de las fuerzas políticas españolas de la necesidad de la autonomía confirió a Euskadi un puesto destacado de la política española. La acción del PNV se caracterizó por las tareas organizativas, la renovación ideológica y su implicación en una vía pacífica que trajese la democracia y la autonomía Todo ello provocó diversas tensiones y disputas en un partido que salía de la clandestinidad sin haber realizado un verdadero debate sobre su pasado y su futuro. El PNV rechazó, por otra parte, los nuevos intentos de crear un Frente Nacional Vasco y participó en las elecciones de junio de 1977, obteniendo el 29,3% del censo de Alava, Guipúzcoa y Vizcaya, provincias donde se presentaba en solitario. En Navarra, en cambio, los resultados de la coalición no superaron el 7%. Tras las elecciones, las acciones de ETA la alejaron cada vez más del PNV, mientras este negociaba la creación de un ente autonómico y tomaba parte en la discusión constitucional, pese a su marginación de la comisión redactora. Tras su abstención en el referéndum constitucional esa posición negociadora continuó hasta la aprobación del Estatuto de Autonomía del País Vasco en 1979.

La conclusión que extraen del recorrido histórico del PNV durante estos 43 años los autores de esta obra es evidente: "la evolución histórica del PNV (, que) continuó siendo un péndulo patriótico. Es decir, manteniendo su anclaje en la defensa de la identidad nacional vasca, mientras oscilaba alternativamente entre las diferentes posibilidades que se le presentaban, dependiendo de las circunstancias externas y del equilibrio de opciones e intereses dentro del partido.". Esta actitud le llevaría desde participar en las conversaciones sobre el Frente Nacional Vasco con las distintas fracciones de ETA, hasta impulsar la reorganización del gobierno republicano en el exilio. Esta última faceta, la de su activa intervención en la política española, es, quizás, junto con el propio relato de las andanzas de los nacionalistas a lo largo de todos estos años, una de las principales aportaciones de este estudio. Frente a ensayistas e incluso historiadores que subrayan una y otra vez el tradicionalismo y el aislacionismo nacionalista lo vemos convertido en estas páginas en un dinamizador constante de las ralas filas de los demócratas españoles anteriores a la muerte de Franco.

El carácter pionero de la obra y los fondos consultados le permiten por otra parte, aportar numerosa información desconocida hasta el momento y ofrecer una visión del nacionalismo más próxima a la realidad histórica. Ahora bien, estas dos características han influido en algunas de las deficiencias que, a mi juicio, difuminan en parte las muchas e importantes contribuciones que supone este libro. Como también ha señalado uno de los críticos del libro (Antonio Elorza, El Pais 14-7-2001), considero que el estilo de la redacción ha perdido tensión frente a la elegancia y agilidad narrativa que caracterizó al primer tomo de El Péndulo. Sería, en cualquier caso, una crítica menor y que no sostiene el resto de la argumentación utilizada por Elorza para lanzar sus diatribas, dirigidas ciertamente más sobre el nacionalismo que sobre el libro como tal. La riqueza, relativa, de las fuentes documentales utilizadas ha llevado a los autores, en mi opinión, a realizar un relato demasiado orientado al núcleo central de los dirigentes exiliados y a sus relaciones con diversas organizaciones políticas y personalidades, haciendo abstracción del peso real de cada grupo y de su importancia en la sociedad vasca. De la lectura del libro, no se desprende, por ejemplo, el alto grado de desarrollo de los grupos vinculados a la izquierda abertzale a inicios de la década de 1970 con una capacidad de movilización que no poseería el PNV hasta las primeras elecciones democráticas. La atención ofrecida a ese núcleo central ha difuminado, igualmente, la figura del nacionalista de a pie, cuyos sentimientos y cuya percepción de la vida del partido apenas se nos muestran en el libro. Fue, justamente, la existencia de esos militantes la que permitió en la década de 1970 el desplazar el centro de gravedad del exilio al interior del país y realizar una importante renovación en los dirigentes del PNV. No se nos explica cómo se produce esa cambio generacional, ni de donde proceden social, cultural y políticamente, los nuevos dirigentes. Sorprende, por otra parte, la escasa atención al papel de José Antonio Aguirre en el desenvolvimiento del nacionalismo de la postguerra y a sus tensiones con el aparato del mismo. Una ausencia que, tal vez, esté relacionada con la escasez de publicaciones que el propio nacionalismo ha dedicado al que fuera primer lendakari del Gobierno Vasco y que contrasta con las varias obras que tienen como objeto a Jesús María de Leizaola.

Los cambios acaecidos en la sociedad vasca, segunda industrialización, nueva oleada inmigrante, secularización acelerada, movimiento de las ikastolas, cooperativismo, asociacionismo, etcétera merecen una mayor atención y más espacio que el que se les dedica en unas pocas páginas a lo largo del libro. Entre otras cosas, porque esos cambios sociales contribuyen a explicar cómo un partido que a finales de la década de 1960 había "muerto virtualmente" pudo obtener los brillantes resultados que cosechó en los comicios de junio de 1977. Este análisis nos muestra el intenso enfrentamiento existente entre el nacionalismo tradicional y el nucleado en torno a ETA, no sólo en lo referente a los respectivos dirigentes, sino también en el marco local o en los diferentes ámbitos asociativos. que enfrentaba. Una mayor atención a los debates nacionalistas que excediese de la mesa del EBB o al proceso de reorganización tras la muerte de Franco aportará, probablemente, conclusiones semejantes.

Decía Xabier Arzallus en la presentación de esta obra que el nacionalismo había carecido hasta el momento de una obra de referencia objetiva y, sobre todo, que ofreciese un marco en el que los propios nacionalistas pudiesen realizar sus reflexiones y un esquema para que los más veteranos pudiesen redactar sus memorias teniendo un eje de referencia. Más allá de la validez de la primera parte de la afirmación del presidente del EBB, es seguro que El péndulo patriota se ha convertido ya, para nacionalistas y no nacionalistas, en una referencia inexcusable para el estudio del nacionalismo a lo largo de la mayor parte de su historia. Las críticas que se incluyen en esta reseña no hacen más que reforzar la valía de este libro. Sólo aquellas obras importantes y esta es una de ellas, suscitan el nivel de reflexión necesario para que continúe avanzando el conocimiento histórico.

 

Mikel Aizpuru