Artxibo rtf
(17
- 2001ko Abuztua)

EL MAYOR FRACASO DE LA ETAPA LIZARRA

Mucho se ha hablado del error político de quienes impulsaron el proceso político del Pacto de Estella, en el sentido de que los partidos nacionalistas habían sido los que gestaron la situación de tremenda incomunicación política e institucional que hemos venido padeciendo en los últimos años.

En este sentido, los partidos nacionalistas "arriesgaron" el todo por el todo por alcanzar la paz, aunque a decir verdad, y en vista de quienes son los protagonistas en la nueva etapa política post-lizarra que se está gestando, podríamos concluir que, de arriesgar, nada de nada: las mismas efigies de siempre, aquellas que están dispuestas a afirmar hoy que el estatuto está muerto, para renglón seguido ostentar la dirección político-estratégica de una consejería gubernamental.

El único que arriesgó su carrera política, el Lehendakari Ibarretexe, es , la única figura política nacionalista de alta dirección con legitimación para liderar lo que venga después; los demás, los que dijeron que "arriesgaban", pero no lo hicieron y nunca lo harán, amoldarán su discurso a lo que venga. En definitiva, no es tan dificil; solamente se trata de salir al mismo foro, el Parlamento a hablar, pero con diferente discurso, aquel que no comprometa en demasía lo políticamente correcto en cada momento. Frente a este modelo de político al uso, Ibarretxe se ha erigido en un político que se ha ganado a pulso su actual situación privilegiada, ha sabido aguantar, al sufrir todas las embestidas mediáticas y salir vencedor de unas elecciones que se habían convocado precisamente por la particular debilidad del ejecutivo que lideraba en la anterior legislatura. El Lehendakari, a diferencia de otros líderes nacionalistas, que acostumbran a "operar" desde la sombra, merece otra oportunidad, una oportunidad que debe ser aprovechada para liderar una nueva manera de hacer política mucho más democrática y transparente, en definitiva una forma de hacer política en la que los políticos asuman las consecuencias de sus posibles éxitos y fracasos.

Pero, no son de ninguna manera políticos nacionalistas los únicos que no arriesgaron nada en esta última etapa política de Lizarra. Ahí están los "intelectuales" del Foro de Ermua, los libertadores, la quintaesencia de la democracia constitucional, cometió un error de consecuencias imprevisibles en el futuro. Se convirtieron en "la voz" de las víctimas del terrorismo y les prometieron una vida plena con el triunfo del bando constitucional. Una vez que ese triunfo nunca llegó, sumieron a las víctimas en la más absoluta desesperación. Les hicieron creer que la fuente de sus problemas finalizaba el 13-M con la derrota del nacionalismo democrático. Una vez pasadas las elecciones todavía hemos tenido la oportunidad de leer cosas como que "la sociedad ha dado la espalda a las víctimas con el resultado. Ya no hay esperanza".

Estos "intelectuales" son de un pelaje muy parecido a los líderes nacionalistas anteriormente citados. Son de los que "arriesgan" con terceros. Unicamente "olvidaron" en este caso un dato fundamental: que el efecto ilusión-desengaño que puede sufrir una víctima por todo lo expuesto, puede ser de un efecto demoledor cara a su reinserción en la sociedad.

Dada esta singular proliferación de actitudes humanas, que podríamos calificar como "yogurinas", urge un profundo cambio en el modo de hacer política en nuestro País. Se presentan problemas comunes tanto en el bando constitucional como en el nacionalista, en un ámbito que es el que tiene verdadera importancia para la clase política de cualquier país; el de la progresiva búsqueda de la dignidad humana. Empezando eso si, por asumir las consecuencias de nuestros propios actos con total libertad.

Patxi Salazar