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DE PERFIDIAS Y SIMPLEZAS

(14 - 2001ko Martxoa)

La perfidia de Madrid.- No significa que todos los madrileños sean pérfidos o que todos los pérfidos se encuentren en Madrid. Pero, de muchos años atrás, la casta política imperante en los órganos de poder de Madrid, ha propagado y propaga tópicos nocivos y necedades sin límite, respecto al problema que presenta el contencioso vasco. Su ruindad se percibe en que crean, en la opinión pública, una amnesia interesada para impulsar una política antiinacionalista, coaligada y convergente con la del MLNV.

Analicemos algunos aspectos.

El racismo. Es Mikel Sorauren, en el excelente y ponderado trabajo "Sabino Arana y el racismo" -publicado en el Diario de Navarra del 30 de diciembre de 2000-, quien enmarca de modo magistral el alcance y el contexto del racismo. Es obligado extraer de él su tesis, ya que la bestia negra de todos los bellacos políticos durante los últimos cien años ha sido Sabino de Arana.

Es imposible encontrar en ellos una referencia de serenidad hacia su persona y labor. Son necios que olvidan que el racismo ha sido un componente fundamental de la cultura europea y española desde la Edad Media y que sólo se ha visto desplazado de sus valores culturales los últimos cincuenta años, como consecuencia de las aberraciones cometidas por los nazi-fascistas durante la Segunda Guerra Mundial.

En el medievo, la cultura en el ámbito cristiano, invitaba a mirar con desprecio a los paganos. Se organizaron cruzadas para castigarlos. Y la cultura española de la época fue paradigma de racismo hacia moros y judíos, que no podían desquitarse del sambenito de inferioridad ni convirtiéndose al cristianismo. Ser cristiano viejo, en los reinos de Castilla y Aragón, era una condición sine quanon de limpieza de sangre y de pureza racial que garantizaba la dignidad social (hoy muchos llaman a esto, derechos humanos) a quienes lo demostraban, y avergonzaban sólo a los que no lo eran, condenándolos a los caprichos de los estamentos superiores.

La declaración de la nobleza universal de los vascos, aceptada por los reyes castellanos, respondía a combatir los estamentos sociales dentro de la sociedad vasca, si bien exigía respecto de los foráneos la condición de limpieza de sangre, para poder así defender a sus propios ciudadanos de las discriminaciones que se daban en otros reinos. Era, en consecuencia, una exigencia política impuesta por la cultura racista predominante en Europa.

En la segunda mitad del s.XIX, los europeos justificaron su expansión colonialista en la necesidad de civilizar los pueblos salvajes que eran considerados razas inferiores. Ningún intelectual europeo tuvo complejos por tales concepciones, porque la pureza racial era un valor reconocido en todo el ámbito cultural europeo. Resulta tremendamente injusto acusar a Sabino Arana de racista cuando, de acuerdo con los planteamientos de esa vieja tradición europea, presenta al pueblo vasco como raza particularmente pura para defenderla de las agresiones contra su identidad por parte del Estado español.

Por otra parte, no hay en Sabino ni teoría ni superioridad racial: se solidarizó con la libertad de otros pueblos -adelantándose a los movimientos descolonizadores- de los cubanos, de los filipinos y defendió el derecho a que los moros tuvieran su Estado independiente, en el momento de que las potencias coloniales europeas -incluida España- rivalizaban entre ellas para colonizar y sojuzgar a las cabilas moras. Con la amnesia propia de la memez y de la mala fe, descontextualizan la figura de Sabino Arana y nos silencian que los políticos y la intelectualidad española, hasta al menos 1930, insistieron en el aspecto racial de sus planteamientos patrióticos españoles: Cánovas del Castillo, Unamuno, Ortega, Machado, Baroja, Ramiro y Maeztu, y un largo etcétera.

De este modo, estos olvidadizos de su propio pasado que, además, arremeten contra sus víctimas con la misma arrogancia democrática del Cid Campeador o de Francisco Franco, mas que libertad y democracia, traen aires de opresión, revanchismo, odio e insolidaridad.

Los nuevos libertadores.- Con el Pacto antiterrorista firmado entre el PP y el PSOE, pretenden "impulsar conjuntamente las libertades" "exigiendo una colaboración permanente entre el Partido Popular y el Partido Socialista Obrero Español, que implica el intercambio de información, la actuación concertada en los ámbitos recogidos en el presente Acuerdo –reformas legislativas, política penitenciaria, cooperación internacional, movilización ciudadana e instituciones- y la búsqueda de posiciones conjuntas ante todos los acontecimientos que afecten a la política antiterrorista". Entendiendo ellos, que, aquellos que apoyen esta política antiterrorista son los partidarios auténticos de la libertad, cuando ésta ha sido el bien mas ninguneado, junto con la paz, de los últimos 200 años de historia de España.

¿Pero, cuales son los criterios de esta política antiterrorista? No son otros que aquellos que emanan de las directrices que hicieron surgir el golpe del 23F, es decir, sujetar y congelar en todo lo posible el Estatuto de Autonomía vasco condicionada, en su concepción, a la terminación de la actividad armada de ETA, ya que, se sustentan en la errónea y vieja tesis del estado mayor de que ETA es "el independentismo como sustancia y el marxismo como adherencia". De hecho, el sector necio de los sedicentes demócratas ya se ha supeditado a las directrices de los ‘payasos histriónicos’ como se les ha calificado en su aniversario a los golpistas. Esta supeditación data de 1982, en la política ejecutada desde entonces por el PSOE, que incluye el invento del GAL y el secuestro de inocentes, y que es el que -corregido los defectos- pretende continuar el PP so capa de defender las libertades que ETA quiere eliminar. No es aventurado intuir que dentro de poco los hoy denostados golpistas sean también rehabilitados, como recientemente lo ha sido el conocido policía franquista Melitón Manzanas, por el ‘mérito’ de haber sido asesinado por ETA.

En la base de esta nefasta actuación, en el período democrático que vivimos, radica el tópico franquista que los de ETA son nacionalistas y separatistas y seguidores de Sabino Arana. Tópico recurrente que no ha variado ni en las formas, desde que Fraga Iribarne desde su ministerio franquista, impulsó este desatino, y que, desde entonces, ha sido incluso asumido por algunos irresponsables líderes nacionalistas. El visceral antivasquismo de la perfidia política de la mayoría de los Gobiernos de Madrid ‘ilumina’ su ceguera política: prefieren acortar libertades para beneficiar la represión, que no sólo es acción policial -comprensible, por otro lado-, sino cultural, económica, y hasta del ámbito personal.

Su política contra los vascos lo justifican con el ‘racismo sabiniano’, y los vascos somos doblemente atropellados, porque apañan su agresión con la falacia de combatir a los ‘nacionalistas radicales’ que practican la lucha armada cuando saben, a estas alturas, de que sus objetivos son exclusivamente revolucionarios y antisistema. Aquí radica, con objetividad, la maldad y la perversión de sus ‘planteamientos democráticos’.

Esto no es impulsar libertades, sino secuestrar la libertad al servicio de la globalidad represora. Son estos necios ‘liberadores’ quienes se proclaman, con arrogancia, campeones de la libertad.

Siguiendo la línea del MLNV respecto de ETA, son incapaces de condenar las atrocidades del franquismo; y aunque formalmente las rechacen, no es lo mismo. HB no condena las acciones de ETA, no porque no sirva para nada, sino, por el contrario, se opone a tal condena, pues retira las firmas de sus representantes alaveses de un documento firmado en tal sentido con motivo del asesinato de Fernando Buesa y su escolta. Y no lo condena, aunque sí lo rechaza, por un doble motivo: debe dar credibilidad social de que su actividad es "exclusivamente política", por un lado; y por otro, no puede condenar ni moral ni políticamente lo que es uno de los brazos de la tenaza Bietan Jarrai, del MLNV, que condiciona la política del Estado en su sentido amplio.

El PP rechaza los excesos franquistas, pero no los condena porque cree en su utilidad para la próxima campaña represora contra los vascos, caso de hacerse con las instituciones autonómicas en las próximas elecciones. Navarra es su tubo de ensayo.

Acabar con ETA en cuatro años. Es otro desvarío del PP para engañar al pueblo, con ilusiones profusas, pensando que, con el control de las instituciones vascas, alcanzará dicho fin. El franquismo no pudo erradicar, con toda la fuerza del Estado que dispuso, la violencia de ETA porque toda su estrategia estuvo pivotando alrededor del empleo de la represión, además de una mala orientación política e intelectual del problema que ETA planteaba. En la actualidad, el problema se plantea, en el fondo, sobre los mismos pivotes a los que añaden la obvia actuación dentro de la ley y la colaboración internacional, con lo que es probable que las acciones de ETA tengan también, en el futuro, además de efectos europeos, colaboración internacional. De hecho, en Francia, los tiene.

Al ‘nuevo’ enfoque antiterrorista, no le interesa buscar solidaridades populares de diferentes sensibilidades, porque cree en la bondad del cesarismo aplicado en la lucha institucional contra el terrorismo.

 

Los simples de provincias. La simpleza, como la lluvia, se reparte por doquier, no es exclusivo de ninguna nación, región, ciudad o pueblo. Y entre los vascos tenemos algunos ilustres ejemplos que arrostran los defectos propios de tal condición, como son la irresponsabilidad y la claudicación.

Uno de éstos personajes ilustres, dijo hace años, con elevado punto de arrogancia -en el inicio del Estatuto de Autonomía- que, "la izquierda vasca estaba en venta", y era de la idea que el día en que los franceses empezaran a moverse, se acabó el problema de ETA. Hoy, en cambio, se resigna con gratificaciones e ilusiones ilusas, y se siente satisfecho con escribir que "tenemos que mostrarnos orgullosos de los esfuerzos y riesgos adoptados a favor de la paz, que tuvieron una gratificación en el oasis del silencio armado e ilusión vivida en el período de tregua". No doy nombres, porque como dicen de la Iglesia, ‘se condena el pecado, no al pecador’; aunque firma como colectivo.

Los ilustres simples de ese colectivo escriben que "el Gobierno del señor Aznar López y su partido político no han tenido el menor escrúpulo en hacer lo indecible para que la opinión los identifique (a los violentos desalmados) con el nacionalismo vasco". Sin embargo, no quieren ver su aportación a esa identificación cuando desde el mismo EBB del PNV dicen que ‘el MLNV tiene los mismos objetivos que nosotros, aunque nos diferenciamos en los medios’; que ‘nuestro concepto de independencia es el mismo que el de HB’; o que ‘nuestro concepto de autodeterminación es el mismo que el de HB’. O que, desde concepciones jacobinas, el lendakari Garaikoetxea y sus fieles insisten en el tema soberanista, colaborando a dicha identificación malsana.

La irresponsabilidad del ilustre colectivo, hace que adjudiquen a otros la autoría de sus propios disparates. En efecto, mas que "Aznar tiene en ETA un aliado circunstancial" deberían haber escrito que "con sus brillantes concepciones han contribuido a que Aznar tenga ese aliado circunstancial contra el nacionalismo vasco que dicen defender".

Y es que no se ha llegado a este punto por casualidad, porque la necedad ajena ha actuado, durante muchos años, a través de la memez propia y han aplicado el mismo principio que atribuyen a Aznar, pues, lo han usado sistemáticamente en su ámbito durante algunos años: "que es destruir lo que no se consigue entender, lo que no pueden dominar". Han expulsado del partido a gentes nacionalistas con hoja de servicio; han clausurado organizaciones como la de las Emakumes; han abandonado el cultivo de organizaciones culturales de base; se han desentendido del sindicato ELA, convirtiéndose después, en muchas ocasiones, en elemento de oposición a la acción de gobierno; han dividido al partido, han condenado al ostracismo a unos, abandonado a otros, vilipendiado a unos cuantos, etc. Y casi ninguno de ellos, con buen criterio, ha arremetido contra ellos en público. Y se han guardado sus penas con tristeza y amargura.

De la irresponsabilidad se pasa a la fase de la claudicación: claudicación a estudiar la realidad política. Un personaje cercano al PNV, Txema Montero, afirmaba en entrevista reciente que "el nacionalismo no ha percibido, no ha analizado con suficiente detalle, a mi juicio, la verdadera naturaleza política de ETA". Pero ahí está él para informar, pues tiene amplio conocimiento del tema; pero por los resultados obtenidos por el nacionalismo vasco parece que desinforma a su dirección más que informarlo.

De esa negligencia a estudiar, vienen los resultados: "No entiendo a ETA, nunca los entendí, y ahora menos" confiesa Xabier Arzalluz (Deia, 30 de enero de 2001) a los cuarenta años de existencia de ETA y veinte de democracia con el protagonismo indudable de su persona. Todo este bagaje, para llegar a la misma conclusión que cualquier niño. Si bien éste puede pecar de ingenuidad, no es el caso de quienes han diseñado la estrategia actual.

Fue su bagaje cuando, en el verano del 98 se presentó, junto con Garaikoetxea, clandestinamente, a conversar con ETA y realizar un pacto no sellado con ella. Fue también su bagaje cuando con EH, EA y otros participantes, su partido firmó el Acuerdo de Lizarra que, junto al rompimiento de la tregua por parte de ETA ha desatado la actual vorágine antivasca y antinacionalista. Y no reconoce que las expectativas electorales y de paz nunca llegaron a lo que calcularon. Y, por supuesto, no hubo errores.

Pero su imprudente audacia, derivada de la negligencia apuntada, tiende a confirmar la línea claudicante. Después de afirmar, con firmeza, en los inicios del Acuerdo de Lizarra, que nadie arrastraría al PNV hacia ningún lado porque, además de ser el partido mayoritario teníamos un proyecto en firme, sí da su visión a largo plazo como si quisiera dar la razón a Aznar en su empeño de identificar las salvajadas de ETA y de la kale borroka con los nacionalistas vascos: "soy de la opinión y lo digo pensando a muy largo plazo, que para un nacionalista la vía de acción política está con la izquierda abertzale y no precisamente con el PP o con el PSOE, con quienes estaríamos cada vez en un más tibio autonomismo". (Deia, 10 de diciembre de 2000). ¿Es, acaso, esta ‘firmeza y la inteligencia’ la que satisface a los ilustres despistados antes aludidos cuando piden: "no es tiempo de los derrotistas, sino de los optimistas, de los luchadores, de la firmeza y de la inteligencia"?

 

No son tiempos de diatribas intestinales ante el peligro de agresión del españolismo de derechas contra el pueblo vasco y contra los nacionalistas en concreto, pero las cosas no ocurren por casualidad. Ante esa agresión debemos unirnos y luchar contra ella, para salvar lo que podamos de la libertad. Debemos ganar las próximas elecciones autonómicas. Y a fin de vencer la necedad ajena, debemos neutralizar también la simpleza propia.

En afán de evitar enfrentamientos estériles en estos momentos, y tratar de llegar al camino correcto, termino mi trabajo con una sugerencia razonable del Senador Mitxel Unzueta: "El éxito histórico del PNV ha estado basado en su capacidad de ser un crisol del sentimiento vasquista, de no perder la identidad, junto con un inteligente interclasismo, lo que explica sus crecimientos urbanos. Los protagonistas de estas convicciones se han sentido del PNV y todos lo han defendido como cosa propia". "Cada día pueden escucharse nuevas voces que estiman la necesidad de que la Dirección del PNV, si no quiere que le empiecen a crujir los ensamblajes, dar tranqu8ilidad a sectores a los que no se escucha y recuperar prestigio y aceptación social. No bastará con un barnizado dialéctico; es tarde para ello. Deberá haber cambios serios y responsables". (Deia, del 12 de enero de 2001)

Txomin Odriozola Ayestaran.