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Crisis de confianza

Si por algo se han caracterizado estos dos largos y oscuros años que hemos vivido en Euskadi ha sido por la ruptura de la confianza entre los partidos políticos que representan a la mayor parte de la ciudadanía vasca. Una ruptura que corre el peligro de ir más allá del propio universo de la política y que acabará por afectar a la propia sociedad vasco-navarra como no se ponga fin a esta espiral de discursos centrífugos que tanto nacionalistas como constitucionalistas están protagonizando. La confianza sustenta y cohesiona las sociedades en las que la heterogeneidad grupal es elevada, bien sea por motivos étnicos, culturales, religiosos etc. Las comunidades que conforman estas sociedades mixtas deben determinar un acuerdo de mínimos compartidos en donde se dividan el poder, las instituciones, compartan competencias y mediante la confianza y la negociación política protejan sus respectivos intereses, a menudo contradictorios y divergentes. En Euskadi es urgente que los representantes políticos de ambas comunidades recuperen la confianza en torno a un proyecto de país y por ende de sociedad basado en un mínimo común denominador, alejado de una construcción nacionalista, sea ésta de uno tipo u otro.

Necesitamos una Euskal Herria en donde cada parte tenga dominio limitado sobre la otra, un país sustentado en la integración y no en la exclusión. Integración de la minoría vasquista en Navarra, cuyos derechos culturales y lingüísticos están siendo vulnerados por una mayoría insensible a una herencia cultural genuinamente propia del Viejo Reyno. Integración de los vascos que no son nacionalistas en la Comunidad Autónoma Vasca y que han visto peligrar sus intereses desde su exclusión del consenso, como resultado de los nefastos acuerdos a los que el nacionalismo vasco llegó con ETA. El equilibrio siempre es difícil, el estricto cumplimiento del Estatuto y del Amejoramiento y sus posibles reformas pactadas mediante el desarrollo de las disposiciones adicionales lo ha sustentado durante las dos últimas décadas. Pero lo que está provocando la zozobra de Euskal Herria es el temor de cada una de las partes hacia la otra, porque se cree que la otra comunidad se hace peligrosa para la mía propia. Apremia recobrar el entendimiento, la armonía, tras las elecciones del 13 de Mayo, que sólo podrá sustentarse si somos capaces de recuperar la confianza mediante pactos y consensos.

ETA destruye la confianza atentando contra la tolerancia, que es siempre el factor que posibilita los matices y la diferencia. Su violencia de persecución conduce a la muerte, lo que provoca que frecuentemente se intenten fraguar irreflexivas dinámicas que a modo de atajos intenten precipitar su final. No es aceptable una política que, por integrar a quienes hoy se encuentran en el margen de la convivencia política, sacrifique la unidad social y política actual y cree nuevas fracturas sociales no deseables para el futuro del país. Las aventuras políticas y la precipitación que han guiado a los proyectos partidistas de corte muchas veces mesiánico, guiados por una fe ciega, que han interiorizado los planteamientos que el MLNV tiene del conflicto, han sacudido las alianzas que habían dado estabilidad a la sociedad vasca. Es inadecuado que los proyectos finalistas de los partidos, defendidos a bombo y platillo por los aparatos burocráticos de los mismos, se impongan y ensombrezcan el trabajo diario de las instituciones, pieza clave en la construcción de la nación vasca concreta, de la nación real en la que se desenvuelve la compleja sociedad vasca. Y ese consenso básico que en Euskadi ha aunado a todas las fuerzas políticas de nuestro fragmentado espectro político vasco, que inicia una trayectoria de construcción nacional verdadera y que dota a los propios vascos de las herramientas suficientes para combatir la violencia, es el Estatuto. Una herramienta que como dijo el Lehendakari Ardanza en la conmemoración del décimo aniversario del pacto de Ajuria Enea hace apenas dos años "pone al descubierto la ilegitimidad política de la violencia de ETA, ya que es la mejor muestra de que el pueblo vasco ha hecho cargo de su propio futuro libre y democráticamente".

Es el momento de recuperar los pactos que han dotado de estabilidad a las instituciones vascas, de reeditar los pactos económicos, los Conciertos, que subyacen a los derechos históricos que reconoce el ordenamiento constitucional. Y es el momento de recuperar y de consolidar los pactos de convivencia lingüístico-cultual tan necesarios en nuestra sociedad pluricultural. Es el momento de construir la nación vasca concreta, la única nación que es real y posible, mediante la recuperación de la confianza que llevó a la gran mayoría de la sociedad vasca a refrendar los pactos políticos de 1979. La sociedad vasca está reclamando de forma insistente un escenario de integración a construir entre todos que mediante la recuperación de la confianza, posibilite la fusión de las diferentes culturas y tradiciones que siempre han caracterizado a la sociedad vasco-navarra.

Muerte entre las flores

Los asesinatos de Florian Elespe, Iñaki Totorika y de ________ han tenido lugar en los albores de la primavera. ETA además de matar a todo el que puede, lanza dos mensajes claros con estos tres brutales asesinatos. Uno de ellos a la Ertzaintza, al corazón del PNV, convirtiendo en objetivos a los patrulleros de nuestra policía cuya función es la de proteger al pueblo y garantizar su seguridad. El segundo aviso va contra el PSE. ETA sabe que el Partido Socialista de Euskadi tiene la llave de la gobernabilidad en el futuro Gobierno Vasco y van directos a condicionar de forma siniestra su actuación política. Con independencia de la gresca electoral en la que los partidos vascos están enfrascados podemos reflexionar seriamente sobre varias cuestiones.

a) Desgraciadamente en Euskal Herria no hay libertad para una parte muy significativa de vascos. Una falta de libertad individual que afecta a personas que ven como sus derechos ciudadanos se ven conculcados.

b) La violencia de persecución brutal que ETA ejerce sobre ellas les deja en inferioridad de condiciones para llevar a cabo su campaña electoral. Los nacionalistas vascos debemos una vez mas expresar claramente nuestra solidaridad con aquellos que sufren la violencia de forma directa. Como muy bien explicaba Joxan Beloki en el número anterior de Goiz Argi hay que recuperar la figura de Jose Antonio Aguirre, padre del nacionalismo integrador, cuando afirmaba que el totalitarismo y el fascismo no es cosa de vascos. Jose Luis Zubizarreta también incidía sobre esta idea en las páginas del Diario Vasco. Es importantísimo recuperar ese eje integrador que ha caracterizado al nacionalismo vasco durante su centenaria historia.

c) Como decía en el apartado anterior, la violencia de ETA conduce al exterminio de la pluralidad, a la muerte del que no piensa en su esquema delirante. Es por tanto moralmente inaceptable sustentar una vía dialogada en la imposición totalitaria de un esquema irreal que no representa mas que a una minoría sectaria representada por el núcleo duro del MLNV. Por lo que, en mi opinión, el diálogo sin exclusiones que defiende el programa de la coalición PNV-EA debe ser matizado y deberá tener en cuenta que para dialogar entre todos hace falta que EH se aparte radicalmente de la violencia que ejerce ETA por lo que es muy necesaria la reedición de unos puntos mínimos de acuerdo entre todos los agentes políticos, del mismo modo que los Principios Mitchell, cuyo estricto cumplimiento sustentaron y condicionaron el proceso de paz irlandés.

El nuevo Zutabe

La última entrega de Zutabe, el boletín interno de la organización terrorista ETA, vuelve a poner de manifiesto que a ETA no le gusta la libertad de expresión. ETA vuelve a poner su punto de mira en los profesionales que trabajan en los medios de comunicación. Los medios y los líderes de opinión a menudo sustentan redes asociativas con intereses concretos que toman posiciones ante el poder de la mayoría que gobierna y sabemos que muchos de ellos son hostiles al nacionalismo vasco, muy especialmente tras la deriva del proceso de Lizarra-Garazi. Pero también es verdad que ETA no soporta ni a los propios medios con los que contamos en Euskadi. No les gusta EITB, no les gusta DEIA como tampoco les agrada ningún otro medio en donde se explique una realidad vasca no coincidente con su demencial paranoia.

ETA no tolera ningún medio de comunicación porque en ellos aparece la realidad de Euskadi, enfocada desde diferentes prismas, pero al fin y al cabo la realidad plural que tenemos. En estos medios que sustentan la democracia, aparece la realidad vasca y ésta no coincide con la realidad virtual de ETA. ETA y su particular interpretación de Euskal Herria, no se ven reflejados en los medios de información, plurales y diversos, y por eso quiere eliminarlos.

ETA amenaza a familiares de periodistas, a los propios periodistas, planea dinamitar rotativas, todo para intentar que prevalezca su pensamiento único. Totalitarismo puro y duro.

Arturo Goldarazena Lafuente