Artxibo rtf
(19
- 2001ko Azaroa)

"China 2001: La cuarta revolución", de Ramon Tamames

De desastre en desastre hasta lavictoria final

 

Ramón Tamames, el exdirigente del Partido Comunista de España, acaba de publicar un libro de bolsillo sobre la China actual.

Inicia con un resumen de las evoluciones de proceso político chino durante el siglo XX para concluir que -junto con la erosión del KMT, el partido fundado por Sun Yat-sen, por la corrupción y el sentido autocrático de sus dirigentes- la base fundamental del éxito de los comunistas chinos consistía en "la masiva adhesión del pueblo chino a la Revolución y a sus dirigentes, que se plasmaba en su apoyo al máximo líder, Mao Tse-tung, y su instrumento fundamental, el ELP" (Ejercito de Liberación Popular). Tamames reconoce de la experiencia china, el papel de ’instrumento fundamental’ que jugó el brazo armado del PCCh en la consecución de sus objetivos políticos, y en general, lo fundamental que resulta el factor lucha -en todas sus formas- en el alcance de los objetivos políticos.

Acto seguido pasa a describir la era de Mao en China de un modo, diríamos, suave y bucólico, en varios pasajes:

- Respecto del principio la tierra para los campesinos de Sun Yat-sen (fundador en 1911 de la República China), dice: "Por primera vez en el siglo XX, los políticos no faltaban a sus promesas; hechas no en base a unas elecciones, sino a lo largo de la más dura guerra revolucionaria" en referencia a las experiencias de los comunistas chinos en las ‘zonas liberadas’, durante la ‘Larga marcha’ y durante la guerra civil 1946-49. Se crearon, en efecto, 120 millones de nuevos títulos de propiedad y 400 millones de beneficiarios directos. Tamames no dice que ese cumplimiento de ‘promesa de políticos’ tenía un fin utilitario y que ‘la difusión máxima de la propiedad privada’ era un fin táctico del PCCh, que engañó al pueblo chino, y a otros, pues, sirvió para que el ELP engrosara con millones de brazos que empuñasen el fusil revolucionario, pues

-Al poco de tomar el poder en 1949, esas propiedades de tierras, se convirtieron en cooperativas voluntarias, y -dice Tamames- "la siguiente mutación viene dada por las comunas [...] fue un movimiento que tuvo sus orígenes en la asociación espontánea de una treintena de ‘cooperativas avanzadas’ en la provincia de Hunan en abril de 1958. [...] Mao Tse-tung visitó esa iniciativa, le dio su visto bueno [...] de modo que a finales de 1958 las 700.000 cooperativas avanzadas se habían transformado en 26.500 comunas". Desde luego, es difícil de creer, en un pais de quinquenios planificadores, en la espontaneidad de la iniciativa apuntada.

-La industrialización y las cien flores.

A la sombra de los resultados Primer Plan Quinquenal (1953-1957) y los síntomas de burocratismo con ella surgidos, aparece lo que Tamames llama Movimiento de las Cien Flores (1957): "Mao Tse-tung planteó una política de liberalización ideológica, permitiendo que se formularan críticas al sistema, según anunció en un discurso en el que invitó a que surgiese la diversidad de opiniones como cien flores". Si viviéramos en los cincuenta la ‘liberalización ideológica’ de Tamames induciría a creer en un viraje al liberalismo democrático. Pero no es el caso, pues, a estas alturas sabe positivamente que la campaña ‘Que cien flores se abran y compitan cien escuelas ideológicas’ nada tiene que ver con la libertad de ideas y sí mucho con una de las concepciones del mundo.

El mismo Mao explicó: " ‘Abrir ampliamente’ significa permitir que todo el pueblo exprese libremente su opinión, de manera que se atreva a hablar, se atreva a criticar y se atreva a debatir; significa no temer a los argumentos errados ni a lo que sea ponzoñoso....". "Significa sostener constante y ardua la lucha revolucionaria socialista y poner en ejecución la educación socialista en los frentes político e ideológico".

El resultado real de la ‘apertura’ no fue otro que pudieran diferenciarse las hierbas venenosas de las flores olorosas de acuerdo con el criterio del propio Mao: " [...] en todas las ramas del saber puede haber muchas escuelas y tendencias; en el aspecto de la concepción del mundo, sin embargo, en la actualidad básicamente existen sólo dos escuelas, la proletaria y la burguesa. Es una o la otra, la concepción proletaria del mundo o la burguesa."

De ahí que los intelectuales derechistas chinos, sorprendidos por las nuevas libertades, se olvidaron de tomar precauciones y se lanzaron a tumba abierta contra los fundamentos del nuevo Estado; y quedaron al descubierto, pues sus ideas pertenecían a la concepción burguesa del mundo. Ni siquiera eran considerados una ’escuela de pensamiento’, sino mas bien que eran hierbas venenosas. Las masas liquidaron a los recalcitrantes y otros, que actuaban como "huesos desencajados" tuvieron que reeducarse en la concepción única de educación socialista.

El catedrático Ramón Tamames, en su libro del 2001, no nos menciona sino el aspecto económico del movimiento, y nos silencia el aspecto humano -o inhumano, según se mire- de esa campaña bajo el bonito envoltorio de la liberalización ideológica.

- La escisión chino-soviética (1958-1960).

Tamames quiere dejar bien claro lo de la escisión chino-soviética que, como es habitual en ciertas personas, lo basa en tres argumentos peregrinos:

  1. "Con el Gran Salto Adelante (1958-1960) -GSA- Pekin intentaba quemar etapas, pasando directamente al comunismo, sin necesidad del largo período transitorio que desde 1917 atravesaba la URSS." Cualquier iniciado sabe que es característica del maoismo precisamente lo contrario, crear etapas, en vez de quemar etapas, tanto en la fase anterior a la toma del poder como en la posterior construcción del socialismo en China.
  2. "Que a los ojos de los dirigentes chinos la ‘política de coexistencia pacífica’ de Kruschev con los capitalistas equivalía a una especie de contemporización soviético-norteamericana". Esta Žapariencia cismática’ de la relaciones chino-soviéticas de la época y de la contemporización soviético-norteamericana es el aspecto engañoso que chinos y Ramón Tamames presentan, pues no existía ni tal cisma ni tal contemporización. En realidad se estaba en vísperas de la tremenda ofensiva de los misiles soviéticos que, instaladas en Cuba, apuntaban hacia EE.UU.
  3. "En 1958 la URSS se había comprometido a facilitar a China asistencia técnica para fabricar la bomba atómica. Pero luego, Moscú se pensó mejor la cosa: por muy socialista que fuera China, mejor era que no tuviese un arma tan formidable". En esto, Tamames se queda sólo.

Las ‘escisiones’ chino-soviéticas, o las ‘escisiones’ que se producen dentro de un partido comunista o entre partidos marxistas, o simplemente las ‘escisiones’ en el mundo de la izquierda vasca, tienen mucho juego político. En la época de la guerra de Vietnam, la ‘escisión’ chino-soviética se tradujo en enfrentamientos armados a lo largo del río Ussuri. Ello se tradujo en Occidente en especulaciones de todo tipo referidas a la tripolaridad Washington-Moscú-Pekin con contemporizaciones de todo tipo. En realidad ‘la escisión’ les servía para ocultar la tremenda unidad chino-soviética de apoyo a sus camaradas del Vietnam. Mareados en su tripolaridad -fue la época del reconocimiento oficial de China por EEUU en 1972- los americanos salieron escaldados política y moralmente de aquel equivocado enfoque del problema vietnamita que los franceses dejaron de herencia.

Saliéndonos del libro de Tamames, las ‘escisiones’ del mundo de la izquierda vasca, son de la misma naturaleza que las ‘escisiones’ chino-soviéticas’: apuntan e indican una ofensiva unificada de los ‘escindidos’. No en vano para los marxistas ‘uno se divide en dos’, o lo que es lo mismo, "dos se combinan en uno". El hecho de que, por ejemplo, la corriente Aralar, dirigida por Patxi Zabaleta, se erija en partido político indica que el MLNV va a tener dos lenguages políticos: uno, el lenguaje duro de Batasuna defendiendo las tesis políticas de ETA; dos, el lenguaje blando de los que dicen que harán únicamente la política por medios pacíficos. Ambos sectores del MLNV están unidos en la lucha, que complementada con la del PP-PSOE, tiene el objetivo de arrinconar políticamente a los nacionalistas de PNV y EA y perseverar en su empeño de poner dirigentes y lehendakaris españoles en Euskadi. Perseverando en las ‘escisiones’ de la izquierda marxista vasca, los memos de todo pelaje, en cambio, hacen caso a estos cantos de sirena y están contentos con la ‘escisión’ de MLNV. Para alimentar ese fervor ‘escisionista’ Batasuna colabora dicendo que Aralar quiere "destruir el proyecto de la izquierda abertzale" y que automáticamente "se sitúa fuera de la misma"; mientras que la corriente Aralar afirma lo contrario: "les hemos dicho que no nos consideramos una escisión, que representamos una sensibilidad que ha estado presente históricamente en la izquierda abertzale" mostrando que está a favor de la pluralidad -revolucionaria, claro- pues esta ‘escisión’ no significa precisamente división sino duplicación o desdoblamiento.

Esta duplicación en el MLNV indica, pues, que estamos en vísperas de otra ofensiva del MLNV.

- La relevancia de la Revolución Cultural (1965-1976).

Siguiendo la tónica de su libro, para Ramón Tamames, la Revolución Cultural no tiene mas relevancia que el de una mera polémica. Varias veces indica "la polémica de la Revolución Cultural". Lo justifica diciendo que "el fracaso del GSA le había obligado -a Mao- abandonar la Presidencia de la República, que desde enero de 1959 fue ocupada por Liu Shao-ch’i, si bien es cierto que el dirigente de la Larga Marcha conservó la jefatura del PCCh. Fue así como entre 1962 y 1964 se gestó el feroz enfrentamiento de Mao con la fracción encabezada por el propio Liu Shao-ch’i y P’eng Chen, por entonces alcalde de Pekin". Como si todavía estuviéramos en los años sesenta, Tamames recoge la versión de los ‘expertos jesuítas de Hong Kong’ de la época: "La polémica se convirtió en septiembre de 1965 en lucha abierta por el efectivo control del PCCh, y Mao, con parte del Comité Central (fundamentalmente Chu En-lai y Lin Piao), abandonó Pekín. Marchó a Shangai, y desde allí puso en marcha la Revolución Cultural, masivamente respaldada por la juventud, y sobre todo por los Guardias Rojos".

A continuación expone el estado de ánimo de Mao poco antes de los acontecimientos reseñados, "al expresarse el ‘gran timonel’ en términos de duda y sin una previsión clara del futuro: los chinos que ahora tienen veinte años no lucharon en la guerra, nunca vieron un imperialista, y no conocieron el poder del capitalismo... Hay dos posibilidades: que continúe desarrollándose la revolución orientada hacia el comunismo, o bien que la juventud la niege y ofrezca un lamentable espectáculo a base de concertar la paz con el imperialismo". Atribuye vacilación y falta de visión a quien, sin dudar -y excluyendo los términos medios- afirmó: "Es una o la otra, la concepción proletaria del mundo o la burguesa".

El método del catedrático Tamames consiste en recoger la versión errónea de "la lucha abierta por el efectivo control del PCCh" y ocultar el verdadero carácter de la Gran Revolución Cultural Proletaria, que como el propio nombre indica, es poner en ejecución la educación socialista de las nuevas generaciones. Se evita así el autor el trabajo de indicar la metodología de esa educación que tuvo, además, una incidencia en la sociedad china muy superior al de las Cien Flores. No en vano Mao fue el gran diseñador de fases de desarrollo y etapas.

Para dar vuelta al despropósito de Tamames digamos, para informar al lector que, Liu Shao-ch’i era un fiel seguidor de Mao, colaborador íntimo de éste en la redacción de sus escritos políticos desde la época lejana de 1927 y que se tenían mutua admiración en su entrega revolucionaria. Liu era el responsable de la escuela de formación de cuadros y dirigentes del Partido durante décadas y tenía un profundo conocimiento de las líneas de trabajo que, en cada etapa, impulsaba Mao.

Como la finalidad de la Revolución Cultural era impartir la Cultura Proletaria, es decir, la ‘concepción proletaria del mundo’, Liu Shao-ch’i en su calidad de máxima autoridad política -era Presidente de la República y tremendamente influyente en el PCCh-, se ofreció a la sacrificada misión de ejercer el papel del más alto ejemplo negativo que podía darse en China. Bajo el slogan "bombardear el cuartel general" dio comienzo el 5 de agosto de 1966 la Revolución Cultural. "El foco de este movimiento -dice Mao- es la depuración de los individuos que ejercen la autoridad en el Partido y que han tomado el camino capitalista".

El núcleo de las críticas a Liu se concentra en torno a su libro "Perfeccionamiento individual: cómo ser un buen comunista" que sirvió de base formativa a los cuadros del Partido durante décadas, donde escribe ideas como las siguientes: "Cada comunista debe asegurarse de que sus pensamientos como sus actos, su interés personal se identifique completamente con el interés del Partido. Debe ser capaz, si hay conflicto entre ambos, de someter el primero al segundo, de sacrificarlo sin la menor repugancia o titubeo. Estar presto a sacrificar sin titubeo alguno su interés personal e incluso su vida, por el Partido y el proletariado, por la liberación nacional y la liberación de toda la humanidad, es la manifestación de lo que llamamos, habitualmente, tener el ‘espíritu del Partido’, la ‘noción del Partido’ o el ‘punto de vista de la organización’ ". "Pero si fuera preciso para conseguir ciertos objetivos importantes del Partido y de la revolución soportar las humillaciones y asumir pesadas responsabilidades, se encargará sin vacilar de las tareas más difíciles y más importantes; jamás dejará las dificultades para los demás ". "Al mismo tiempo, por la lucha en el interior del Partido, éste realiza su consolidación y su unidad que le permiten asegurar una dirección más sistemática, más idónea y más enérgica de la lucha revolucionaria de las masas". Durante el desarrollo de la Revolución Cultural, Liu Shao-ch’i encarnaba la línea capitalista y Mao Tse-tung la línea socialista. Liu se convierte así, siguiendo sus propios preceptos, en el gran humillado y es el foco donde se concentran de todas las acusaciones: apoyo a la vía capitalista, abandono de la dictadura del proletariado, abandono del camino socialista, revisionista, corrupto, traidor a las enseñanzas de Mao, vendepatrias, etc etc. apoyándose en textos propios de Liu de otras épocas, tergiversándolas, retorciéndolas, haciendo caricaturas de las mismas, o incluso añadiendo cosas que no eran de él. Todo valía. Como era la máxima autoridad y foco donde se concentraban las acusaciones, éstas, en cascada incontenible de arriba hacia abajo, se expandíeron y alcanzaron a otros altos dirigentes del Partido y, cómo no, aun de niveles inferiores, y más inferiores todavía. Si esto ocurría dentro del Partido, ¿qué no iba a ocurrir fuera de ella en la sociedad, en las empresas, en las escuelas, en el campo, en las fábricas, en la administración donde el PCCh alcanzaba toda la vida de la sociedad china? Los Guardias Rojos, controlados por Mao y por el PCCh, animaban a las masas a continuar en el camino socialista que indicaba el Gran Timonel, combatiendo a quienes presentaban aspectos capitalistas, reales o ficticios, y ejerciendo, de paso, la justicia de las masas con la depuración de quienes eran considerados estaban en la vía capitalista. Las depuraciones y humillaciones alcanzaron las más altas esferas del Partido: Liu Shao-ch’i, Deng Xiao-ping, Lin Piao, etc.

De modo que después de los grandes eventos de 1966,1967 y 1968, Mao recuperó el control de PCCh -¿alguna vez lo perdió?- y de la Presidencia de la República. La cosa pues mejoró, desde el punto de vista socialista, pues se descubrieron y depuraron a muchos miembros del Partido que o estaban en la vía capitalista o podían caer en el revisionismo, se incorporaron jóvenes dirigentes endurecidos en la lucha, y aniquilaron a millones de compatriotas ‘agentes de Taiwan’ que ‘optaban la vía capitalista’ incluso en las comunas agrícolas, y, las nuevas generaciones, tanto de dentro del partido como de fuera que ‘no habían visto un imperialista’, fueron educados y prevenidos de las malas tendencias.

Sus efectos en la sociedad, como es de prever, fueron muy grandes: se calcula que durante La Revolución Cultural la justicia de masas ejecutó, por lo bajo, a treinta millones de chinos. Para Tamames, además de ‘polémica’, la Revolución Cultural "fue un movimiento lleno de incoherencias, destrucción de templos y otros lugares de tradición" y los millones de muertos los engloba en la simple frase de "juicios sumarísimos por tribunales populares", para terminar con que el ‘causante’ de este descalabro humano "Liu Shao-ch’i fue depuesto de su cargo de Presidente de la República".

Como conclusión fundamental hay que añadir que, como si todavía viviéramos en aquellos años, Tamames deja ‘olvidado’ en el tintero la preciosa información de que los grandes ‘revisionistas’ y ‘traidores’ dirigentes del PCCh depurados, fueron, posteriormente, rehabilitados con grandes honores, incluso ‘el traidor’ Liu Shao-ch’i, como no podía ser menos. También se ha dejado olvidado Tamames que, los comunistas chinos habían anunciado más Revoluciones Culturales, cuya forma y desarrollo todavía no se habían -han- perfilado. Pregunto, ¿Sólo limitados a China, o simultaneadas con otras nomenclaturas y formas que alcancen en su globalidad al planeta? Como el revisionismo tiene dos fuentes, por un lado la influencia burguesa, que es un manantial interior, y la presión imperialista que es de origen externo, Mao expuso su visión del futuro durante la revolución Cultural: " Los próximos 50 a 100 años serán una gran era en la cual los sistemas sociales de todo el mundo serán completamente transformados. En tal era tendremos que realizar grandes luchas que serán muy diferentes de las pasadas. Por este motivo debemos hacer todo lo posible para integrar la verdad universal del marxismo-leninismo con la realidad concreta de la construcción socialista en China y con la realidad concreta de la revolución mundial de ahora en adelante..."

Las fechas indicadas por Mao para las grandes luchas futuras señalan el período comprendido entre el 2.020 y el 2.070, aproximadamente.

  • La obra de Deng Xiaoping.

Tamames presenta este aspecto de Mao: "Por ello mismo, cabe asegurar que la reforma agraria, el GSA, la Revolución Cultural, fueron golpes sucesivos para cambiar el curso de la Historia, con un fracaso sin paliativos. Por lo cual la biografía de Mao es la de un hombre que conscientemente avanzó de desastre en desastre, siempre en pos de una victoria final que nunca llegó a alcanzar"

Por el contrario, situa la obra de Deng Xiaoping como que "las cuatro modernizaciones de 1978 fueron la contrarréplica total de la reforma agraria, de las comunas, del GSA, de la Revolución Cultural, hasta el punto de convertirse en las reglas básicas de un horizonte de economía mixta y de una sociedad más flexible". Es decir, el sacrificado (miembros de su familia quedaron minusválidos para toda su vida durante la Revolución Cultural), depurado y rehabilitado Deng, no aprendió nada de su sacrificio durante la Revolución Cultural, y Tamames nos lo sitúa en un punto muy alejado de Mao, pues indica que Deng sienta las bases de un horizonte de ‘economía mixta y de una sociedad más flexible’, o sea, que sugiere que interpretemos in extremis que Deng es -era- partidario de la via capitalista. Y esta es su tesis de toda la segunda parte de su libro.

Gracias a las Cuatro Modernizaciones, dice Tamames que "estamos ante un verdadero salto cuantitativo y cualitativo, que permitirá a China convertirse, en no más de dos décadas, en un superpoder económico mundial con un volumen de comercio y PIB comparables a Estados Unidos y la UE". Nos situamos pues que en el entorno al 2.020, China dispondría de una gran capacidad productiva, altos niveles de tecnologia industrial, agricola y militar además de una sociedad reestructurada a los índices del PIB todo ello no sin superar grandes escollos. Este desarrollo se vería fuertemente impulsado por el ingreso de China en la OMC, Organización Mundial del Comercio, que Tamames calcula puede producirse durante el curso de este mismo año del 2001.

Las elevadas tasas de crecimiento y expansión chinas los justifica en dos elementos: 1.- "abandono progresivo del socialismo -más bien capitalismo de Estado que otra cosa- para pasar el sistema de libre empresa; vía un período transitorio oficialmente conocido como socialismo con características chinas, que acabará desembocando en una estructura productiva de corte claramente capitalista; 2.- "ir sustituyendo los mecanismos burocráticos por nuevos métodos de gestión en línea con lo preconizado por la doctrina de mercado socialista: las empresas del Estado tendrán que competir en igualdad de condiciones con las de propiedad privada".

De modo que en el año 2000, nos informa Tamames, en China el sector privado representa el 39% del PIB, el sector público el 36%, siendo el 25% restante debido a la producción de las áreas rurales y cooperativismo.

Tamames cifra en 25-100 millones las personas ocultas al censo, no registradas en ningún lado, a quienes se les unirán las próximas migraciones de ilegales que vayan arribando a sus nuevos destinos y que no se beneficiarán de las prestaciones sociales básicas. Por lo que no tendrán otro remedio "-esa es ya la experiencia actual- que organizar sus propios dispositivos de salud, enseñanza, etc, en una expresión bien significativa de una emergente sociedad civil".

Añade cara al futuro que, "es casi obvio, de que una tarea como la especificada, de tal envergadura por las transferencias de seres humanos y por la necesidad de mejorar sus condiciones de vida, será misión para algo más que un partido político, por poderoso que este pueda ser. Indispensablemente habrá de incorporarse a tales aspiraciones la emergente nueva sociedad civil antes aludida". Como la gente de las ciudades pequeñas y medias -dice Tamames- "no admite la imposición de los candidatos a alcaldes que postula el PCCh salvo que les parezca adecuados por su honestidad y solvencia" ve claro que "con el tiempo podría desencadenar nuevas formaciones electorales en las ciudades, de modo que surgirían, inevitables, los partidos políticos".

Tamames insiste que en China "acabará por hacerse inevitable la mutación de la actual estructura política, todavía basada en el principio del poder monolítico del PCCh; para ir dando paso a una expresión diferente de fuerzas, con una deriva más o menos problemática en la senda de la democracia". Y a pie de página añade: "Naturalmente los medios oficiales niegan sistemáticamente esa posibilidad, lo cual de hecho es como empezar a admitirla. Concretamente el primer ministro chino, Zhu Rongji, descartó el 15 de marzo de 2001 que China vaya a iniciar reformas políticas al estilo occidental, pero anunció un amplio proceso de reorganización institucional en el Gobierno y el Partido Comunista". En realidad, el catedrático intenta disimular que Zhu Rongji sigue la senda maoista de que en "los próximos 50 a 100 años serán una gran era en la cual los sistemas sociales de todo el mundo serán completamente transformados", incluyendo China. Transformaciones que, todo hay que decirlo, no afectan por igual a todas las regiones del mundo. En China, por ejemplo, la transformación fundamental o básica ya se ha realizado, es decir, la revolución. Hoy se encuentran en otra fase diferente de transformaciones económico-tecnológicas y organizativas con vistas a aumentar su operatividad revolucionaria cara a los próximos 20-70 años, porque, en otras zonas del planeta, en efecto, la transformación básica o revolucionaria está todavía sin llevarla a cabo.

Tamames, por otro lado, prescinde de las transformaciones de la antigua URSS de lo que está sucediendo en China en la actualidad. Aunque de modo diferente, pero semejante a lo que sucedió en los últimos tiempos de la URSS con el PCUS, y después de la disolución de la Unión Soviética, "cuando el cambio se produjo para pasar de una clase dirigente autoritaria del Partido, a una estructura mafiosa y sin principios morales de ninguna clase, que ha saqueado al pais" el PCCh "puede servir durante un período de transición más o menos largo de esquema organizativo dirigido por la oligarquía financiera, la naciente burguesía, e incluso por las clases medias emergentes. Así resultaría que el proceso de crecimiento y democratización se vería impulsado por los nuevos millonarios y la meritocracia que son miembros de la organización sucesora de Mao y Deng. Aunque parezca una muestra de cinismo, todo eso puede ser un aporte notable para la transición pacífica hacia el futuro". Y sigue con su tesis pacifista de futuro basado en el desarrollo económico: "la mezcla de la rápida transformación económica del país y del consecuente temor de muchos chinos a perder el tren del progreso, ha desatado el fervor religioso, como alternativa al credo comunista monolíticamente propugnado y que en la práctica se ve lleno de inconsistencias y corrupciones".

El previsible ingreso de China en la OMC hace que Tamames sobredestaque los ‘temores’ de los sectores ‘conservadores del PCCh’, como Li Peng, número 2 del Partido, para quien -dice el autor- "el acceso al máximo foro globalizador significaría el definitivo derrumbe del concepto de comunismo en China". O Jiang Zemin, número 1 y secretario general del PCCh, que deberá abandonar su puesto en el otoño del 2002, a quien atribuye "sus advertencias sobre las amenazas que se ciernen contra el monolitismo del Partido". Pero precisamente son Jiang Zemin y Li Peng los impulsores del ingreso de China en la OMC, y "del amplio proceso de reorganización institucional en el Gobierno y en el partido Comunista", que no es que vaya a iniciarse, sino que ya llevan desarrollándolo desde hace más de 22 años, desde 1978. Tamames sólo asusta con esos ‘temores’ a quienes no han seguido la evolución china desde 1949 o a quienes creen a pie juntillas en sus verdades -en realidad, sus engaños- pues está contrastado en todo el mundo socialista y en el ámbito de los Partidos Comunistas de los distintos países que los conceptos "derrumbe del comunismo" o "monolitismo del Partido" están superados por todos ellos, y mucho más por los dirigentes chinos que fueron los primeros en criticar el monolitismo estalinista en los años cinquenta. En la actualidad, y desde hace muchos años, se viene insistiendo en los ámbitos de la izquierda sobre el concepto del movimiento, volviendo a las esencia leninista de que "el Partido es la combinación de las ideas socialistas con el movimiento de masas". Y es que, en lo que a China se refiere, Tamames calla, por ejemplo, la rica tradición del ELP chino de autoabastecerse y no depender, exclusivamente, de los presupuestos de la nación. Muchas de las ‘empresas privadas’ chinas son empresas del ELP, que abarcan no sólo complejos militaro-industriales, sino empresas hoteleras, comerciales, turísticas, transportes, etc. Y también existen empresas ligadas al PCCh. De modo que en 22 años han tenido tiempo de alcanzar un alto grado de reorganización tanto el Estado como del PCCh, y que todavía durará unos cuantos años más. De modo que el PCCh, se está reorganizando en grupos o movimientos formalmente distintos, unidos por la voluntad consciente de sus dirigentes de impulsar la revolución desde varios centros dirigentes que, a modo red, evitan las consecuencias de una responsabilidad centralizada en un punto. Estos son los ‘nuevos millonarios emergentes’ -semejantes a la mafia rusa- que impulsarán la democratización en China.

Una democratización que, para los futuros dirigentes como Hu Jintao, -sigue engañando Tamames- "debe aclararse que la democracia a que se refiere Hu es la del poder absoluto del Partido Comunista". Como esto no se lo cree ni él, a continuación corrige diciendo: "la mayoría de los analistas cree que en ninguno de los nuevos hombres fuertes de China está la intención de poner fin a la dictadura instaurada oficialmente en 1949". En efecto, una cosa es ‘la dictadura del Partido Comunista’ o ‘poder absoluto del Partido Comunista’ de los esquemas estalinistas, ya superadas, pues, de hecho el Partido hoy no es sino una organización revolucionaria más, entre las muchas existentes bajo denominaciones varias, y otra muy distinta es ‘la dictadura del proletariado’. La ‘idea del partido’ no excluye reorganizarse bajo una multiplicidad de organismos diferentes, siendo conscientes que, dentro de esa variedad formal, conjuntamente, se deba ejercer la dictadura del proletariado contra los que no son como ellos.

Es más, la pluralidad revolucionaria -contrario a la dictadura de partido único- es la condición para ejercer la ‘dictadura democrática del proletariado’ como dicen los chinos. En realidad lo que imitan los comunistas de todo el mundo es lo que intuitivamente ha realizado la burguesía a lo largo de su historia: no ha existido nunca ‘la dictadura del partido burgués’ ni ‘el poder absoluto del partido burgués’ que lleve adelante su revolución; lo que si ha existido es una pluralidad de partidos o grupos o movimientos ‘burgueses’ que, democráticamente en unos casos y violentamente en otros, han llevado adelante sus transformaciones por el mundo. De ahí que en base a la pluralidad revolucionaria, ejercerán la ‘dictadura democrática del proletariado’, es decir, la vieja dictadura del proletariado.

En sus consideraciones adicionales sobre las relaciones chino-norteamericanas, por encima de episodios más o menos pasajeros como el del avión espía EP-3E de abril del 2001, Tamames lanza su gran pregunta: "¿cómo puede actuarse para evitar que la creciente rivalidad entre los dos países desemboque en una desestabilización de gran envergadura, cuando lo cierto es que cada vez son más dependientes uno de otro?"

Sin duda, ‘se inspira’ en la reflexión kantiana de la paz perpetua de 1795 que él mismo saca a relucir y está interesado en que sirva de augur para construir el futuro: "sólo cuando los países europeos tengan vínculos comerciales muy estrechos, ya de todo punto imposibles de romper sin ocasionar las más graves cataclismos, acabarán las guerras civiles entre las naciones que componen Europa". Y está ‘convencido’ por Kant de que "los vínculos comerciales muy estrechos acabarán con las guerras en el mundo", so graves cataclismos. Es que, pregunto, ¿‘la mayor dependencia uno de otro’ es garantía de la paz perpetua de Kant?

Tamames admite la ‘rivalidad entre los dos países’. Las relaciones chino-norteamericanas son por tanto conflicto y contradicción. Si no hubiera ninguna dependencia ni relación entre ambos no existiría tampoco rivalidad, como no la hay entre la República de Groenlandia y la República de Somalia. Si la rivalidad existe es porque hay un cierto grado de interdependencia. A mayor grado de dependencia mutua, mayor rivalidad. "Como lo cierto es que cada vez son mas dependientes uno de otro" no cabe deducir de ella "evitar una desestabilización de gran envergadura", entre otras cosas, porque Tamames utiliza a Kant para mostrar lo contrario de lo que él sabe y conoce.

En efecto, Ramón Tamames sabe que: "Ninguno de los dos aspectos contradictorios (de una contradicción) puede existir independientemente del otro. Si falta uno de los dos contrarios falta la condición para la existencia del otro. [...] pero ¿basta con afirmar que cada uno de los dos aspectos contradictorios es la condición para la existencia de su opuesto? [...] No, no basta. La cuestión no se limita a la interdependencia de los contrarios; más importante es aún la transformación del uno en el otro. Esto significa que, en razón de determinadas condiciones, cada uno de los aspectos contradictorios se transforma en su contrario cambiando su posición por la de éste". Aplicando a la rivalidad que Tamames menciona, China, que es uno de los aspecto de la rivalidad, ocupa, hoy, una posición inferior a la de los americanos en muchos aspectos; mientras éstos representan el aspecto ‘fuerte’, China representa todavía el aspecto ‘débil’ de la misma. Pero esto no significa que la rivalidad siempre se presente así. Al contrario, se busca precisamente la transformación del uno en el otro, es decir, que China ocupe el aspecto ‘fuerte’ de la rivalidad y, los americanos, el aspecto ‘débil’ de la relación de fuerzas correspondiente. "Al afirmar más arriba que entre los contrarios existe identidad y que, por esta razón ambos pueden coexistir en un todo único y, además transformarse el uno en el otro, nos hemos referido a la condicionalidad [...] en ausencia de tales condiciones, no pueden formar una contradicción, no pueden coexistir en un todo único ni tranformarse la una en la otra. La contradicción se produce sólo a causa de determinadas condiciones, y por eso decimos que es condicional y relativa. Ahora agregamos que la lucha entre los contrarios recorre los procesos desde el comienzo hasta el fin y origina la transformación de posiciones; la lucha entre los contrarios es omnipresente, y por tanto decimos que es incondicional y absoluta". Es decir, que es la lucha entre los dos aspectos de toda contradicción, rivalidad o conflicto, la que conforma la contradicción y produce la transmutación de posiciones. Esta lucha entre contrarios es omnipresente, es incondicional y absoluta. Sin juego, sin lucha entre dos equipos rivales no hay match deportivo: con los dos equipos en el banquillo no hay nada.

Términos como equilibrio, paz, status quo, estabilidad -y sus contrarios- son condicionados, coyunturales y relativos. Sólo la lucha, como indica Mao, es omnipresente, incondicional y absoluta.

Por lo tanto "la paz perpetua" kantiana utilizada por Tamames es una añagaza que no nos debe llevar a pensar que el comunista Tamames, en su pacifismo, está tratando de enterrar el principio de la ‘transformación de posiciones de los aspectos en lucha’, es decir, el propio proyecto revolucionario mundial. Por lo tanto, contra lo que él sugiere, a mayor nivel de interdependencia corresponde mayor nivel de lucha para poder realizarse la ‘transformación de posiciones’ arriba señalada.

Lo que he expuesto arriba viene confirmado en el mismo libro de Tamames si se le lee con cierta atención. La frase "cuando China despierte, el mundo temblará", "no resulta aplicable -dice Tamames- a poco que haya racionalidad en las relaciones Estados Unidos /China. Para prevenir esa realidad de China como gran potencia, y tal como vimos a lo largo de este trabajo, entre 1949 y 1972 Estados Unidos mantuvo una actitud obstructiva, para oponerse a la incorporación del Imperio renovado a la dinámica de la política universal. Simplemente para que el mundo de la Pax Americana no llegara a temblar como consecuencia de una China ya despertada definitivamente por Mao Tse-tung. [...] Y desde luego, desde su mismo ingreso en la ONU, 1972, fue revelándose (China) como un factor de estabilidad". Y añade: "Más claramente aún: Estados Unidos es y seguirá siendo -al menos por un tiempo- la potencia hegemónica que puede hacer casi todo". Es decir, que ‘para evitar que tiemble la Pax Americana’ los EEUU optaron, entre 1949 y 1972, evitar relaciones y dependencias con China. Hoy, "cuando lo cierto es que cada vez son más dependientes uno de otro", Tamames puede hacer el aserto de que "al menos por un tiempo, EEUU es y seguirá siendo potencia hegemónica". Es obvio que el autor está pensado y actuando precisamente en el sentido de la ‘transformación de posiciones’, es decir, aquella situación futura en la que EEUU -por su situación como aspecto débil- ‘no pueda hacer casi nada’. Esta transposición de situación no puede darse sino a través de la lucha, tal y como describe Mao Zedong en sus escritos arriba citados.

Como China ya está despertada definitivamente por Mao Tse-tung, para que el mundo no tiemble Tamames exige al menos que haya racionalidad en las relaciones Estados Unidos/China. ¿A qué racionalidad se refiere?

Tamames retrata a Mao "como un hombre que conscientemente avanzó de desastre en desastre en pos de una victoria final que nunca llegó a alcanzar". Es evidente que Mao era consciente que él personalmente no iba a conocer la victoria final, pues, para él, "lo individual existe condicional y temporalmente". Sin embargo tuvo la capacidad de conducir la revolución china -una revolución local, nacional, relativa, si se quiere- a la victoria. Una victoria que no pasa de ser local, relativa y no mundial. Pero la mente de Mao piensa también que "en lo particular existe lo universal, en lo individual existe lo general". Por lo tanto, no es descabellado pensar que Mao -y sus seguidores- han hecho la revolución china y la construcción del socialismo en China pensando, al mismo tiempo, en la revolución mundial. De modo que Tamames nos oculta bajo el celofán del pacifismo, del desarrollo económico chino, de su factor de estabilidad, de la paz eterna, etc. su fidelidad a la línea maoista de que "en tal era tendremos que realizar grandes luchas que serán muy diferentes de las pasadas" y forma cuerpo con la verdad de esa racionalidad consciente que pretende "avanzar de desastre en desastre en pos de una victoria final" en todo el mundo. Osama Bin Laden y su red Al-Quaida no es sino una de las formas de esa racionalidad consciente que promueve grandes luchas. Los atentados contra las Torres Gemelas, contra el Pentágono y posteriores acontecimientos apuntan hacia el desastre que, esa racionalidad consciente, impulsa con guantes de seda sin que sus víctimas, los trabajadores de todo el mundo, se enteren. ¿Cómo va a actuar Tamames para evitar los graves cataclismos derivados de esa consciencia insana? Actuar, como hasta ahora lo hace, con engaño y doblez, proporciona coartadas y no es una actuación de buena ley democrática.

 

Txomin Odriozola