Artxibo rtf

(Publicado en Diario de Noticias el 19-I-2001)

Carta abierta a Begoña Errazti

Querida Begoña:

Me vas a permitir que a través de esta carta te haga llegar mi preocupación por la situación que está atravesando el nacionalismo vasco. Unos momentos de crisis y zozobra en los que es preciso analizar con lupa y ojo crítico la trayectoria que EA y PNV han seguido en los últimos años, las estrategias y caminos emprendidos, los enfoques que han dado a la construcción nacional de Euskadi y la concepción y el modelo de sociedad vasca que queremos construir. Y tómate este artículo e interprétalo como una crítica constructiva hecha desde dentro del propio nacionalismo, desde Eusko Alkartasuna, teniendo en cuenta que la lealtad a la propia sociedad vasca, al propio País Vasco, es siempre anterior a la lealtad partidaria, al propio partido al que pertenecemos. Especialmente cuando percibo que la estrategia política que está desarrollando el nacionalismo democrático va en contra de los objetivos que pretende conseguir y está dañando seriamente el desarrollo de la propia sociedad y poniendo en solfa el futuro de la propia ideología nacionalista.

No es momento de relatar pormenorizadamente la crónica de un delirio, el delirio de Lizarra-Garazi, que ha condicionado la estabilidad de las instituciones vascas y de la propia sociedad vasca a lo largo de los dos últimos años. En Goiz argi hemos analizado punto por punto cuales han sido los gravísimos errores estratégicos y de concepto sobre los que se ha sustentado la estrategia de EA y PNV. No voy a insistir más en ello. En esta breve carta voy a mencionar uno de los grandes problemas que en mi opinión presenta la sociedad vasca y que está imposibilitando su cohesión y fortalecimiento en torno a un proyecto común y compartido cívico de País.

Porque, estimada Begoña, en Euskal Herria carecemos de un mínimo común denominador que haga partícipes de un proyecto a las diferentes familias que componen nuestra diversa sociedad, nuestra sociedad plural y compleja que viene manifestándose en cada una de las elecciones desde hace más de veinte años. Desgraciadamente carecemos de una unidad mínima de sentimiento de vasquidad común en la puedan coalescer e interactuar personas de diferentes sensibilidades políticas para articular la nación cívica vasca. Hemos ido construyendo una sociedad sólidamente sustentada en torno a unas instituciones políticas que han vertebrado Euskal Herria, pero la institucionalización ha ido siempre por delante a la construcción de la sociedad civil vasca. El vasquismo es un elemento que une, que cohesiona, que funde diferencias. Es el pegamento que sustenta un proyecto común de Euskadi en el que son perfectamente compatibles diferentes formas de ver Euskadi, las nacionalistas y las no nacionalistas.

Y muchas veces hemos confundido el concepto de vasquidad o de vasquismo con el del nacionalismo, haciendo de forma premeditada una autoidentificación de ambos conceptos, provocando una erosión sobre lo que debería ser el eje central que sustentara la sociedad vasca: el eje vasquista que englobaría a nacionalistas y no nacionalistas y sobre el que pivotara un proyecto de mínimos de País, como lo hace en Catalunya con las principales fuerzas políticas (CIU, PSC-PSOE, IC, ERC).

Las consecuencias que ha tenido la puesta en práctica de una concepción exclusivista del País, de formas y expresiones del nacionalismo a menudo poco afortunadas, excluyentes, más en cuanto a la forma de su expresión que a su puesta en práctica y la autoidentificación del nacionalismo con el vasquismo, ha provocado que con frecuencia los partidos no nacionalistas, ( o como tu prefieres llamarlos los españolistas), practiquen actitudes y comportamientos claramente antivasquistas. Hemos presenciado, durante este último año, numerosos ejemplos de política anti vasquista en Navarra, en donde los partidos gobernantes (UPN con el apoyo del PSN-PSOE) están machacando el euskera, reniegan culturalmente de la lingua navarrorum y legislan en contra de la misma para intentar impedir su legítima normalización que como lengua minorizada necesita. Está claro que las políticas desarrolladas por el nacionalismo democrático durante estos dos últimos años no han ayudado a la expansión y el asentamiento de este sentimiento mínimo de vasquismo sobre el que construir nuestro pequeño país. Todo lo contrario, EA y PNV han desarrollado una línea política que no ha ayudado al fermento de este sustrato vasquista en el que puedan trabajar las diferentes ideologías insertas en nuestra sociedad.

Porque una cosa, querida Begoña, es construir un País, una Nación, y otra cosa es el nacionalismo. El nacionalismo es un instrumento para construir la nación, una ideología que puede ser empleada, como muchas otras, en la construcción nacional. Pero la nación vasca es mucho más biodiversa en su conjunto que el nacionalismo y por tanto requiere de a ayuda de más participantes en su génesis, conformación y cohesión. El nacionalismo vasco debe atraer en torno a un proyecto común de vasquidad al mayor número de participantes. Un proyecto que debe basarse no en la homogeneización de la sociedad vasca en torno a un proyecto exclusivamente nacionalista, sino en un proyecto que amalgame sensibilidades diferentes. Porque en Lizarra-Garazi ya hemos fracasado en el intento de englobar todo el proceso de construcción nacional, proyecto en mi opinión pernicioso que de continuar va a seguir impidiendo la construcción de la nación cívica vasca.

Querida Begoña, a veces me da la impresión de que Euskadi no existe. Si el grado de desvertebración del País ha sido un fenómeno patente desde hace dos décadas, durante estos dos últimos años muchos ciudadanos vasco-navarros hemos visto horrizados como el grado de invertebración ha ido paulatinamente in crescendo a medida que el nacionalismo vasco iba desarrollando el proyecto "soberanista" producto del acuerdo de Lizarra-Garazi. Un proyecto excluyente, que dejaba fuera del acuerdo al 50% de la sociedad vasca legítimamente representada por partidos no nacionalistas. Un proyecto que políticamente no ha ayudado a fomentar un sustrato vasquista que articule la nación vasca alrededor de parámetros culturales plurales (hoy en día los ataques al euskera, y a la identidad vasca están a la orden del día), en torno a la defensa de las instituciones que han permitido el desarrollo de la identidad vasca ( el Estatuto y las instituciones con las que nos hemos dotado legítimamente los vascos, con independencia de su mejora y modificación, son los marcos que deben ser defendidos con lealtad desde el nacionalismo) y en torno a una concepción plural de la sociedad vasca (la pluralidad debe ser considerada como un factor positivo, enriquecedor, asumiendo su promoción como un factor cohesionador del País).

Creo, Begoña, que el nacionalismo vasco no debe darle tanta importancia al concepto de estatalidad, a la idea legítima de conseguir un estado propio. En las actuales condiciones en las que se encuentra Euskadi, es mucho más prioritario trabajar por fortalecer la sociedad civil vasca, porque ésta es el sustrato básico, el pilar sobre la que se asientan las diputaciones, los ayuntamientos y el Gobierno Vasco. El nacionalismo debe primar la construcción de la nación cívica vasca, potenciando un proyecto común de vasquidad abierto a otras sensibilidades políticas, frente al deseo de estatalización, a la consecución de un estado independiente. Como muy bien explica el profesor Gurutz Jáuregui (catedrático de derecho constitucional de la Universidad del País Vasco), el nacionalismo vasco debe potenciar la herrigintza ("el hacer patria potenciando la sociedad vasca civil mediante el fomento y la consolidación del vasquismo), frente a la aberrigintza (la construcción nacional, hoy en día excluyente para el resto delas fuerzas no nacionalistas, basada en la consecución de un estado independiente).

No hay que ser muy avispado ni un gran analista político para darse cuenta que el nacionalismo vasco no tiene ningún futuro en comunidades como Navarra, Álava o Iparralde con políticas basadas en la territorialidad, la estatalidad y la independencia; con políticas soberanistas del siglo pasado, por lo que hoy más que nunca hay que afirmar con rotundidad y sin vergüenza que las políticas que han desarrollado las direcciones de EA y PNV son desde el punto de vista utilitarista y práctico, contraproducentes para la propia sociedad vasco-navarra, para el País y para la propia ideología nacionalista.

Por eso, querida Begoña, espero que esta breve misiva te sirva para reflexionar y para asumir con responsabilidad las consecuencias derivadas de la desdirección a la que nos ha sometido el nacionalismo vasco y medites sobre la necesidad de replantear todos los caminos emprendidos desde hace tiempo, muy especialmente los caminos baldíos de Lizarra. Y para que tengas en cuenta la necesidad de construir esa base vasquista en la que poder confluir desde diferentes ópticas políticas, para ir poco a poco construyendo la nación cívica vasca centrada en la cohesión social y en la integración cultural y económica.

Agur bero bat,

Arturo Goldarazena Lafuente