Artxibo rtf
(17
- 2001ko Abuztua)

13M: CONVERGENCIA DERROTADA

Las elecciones vascas del 13 de mayo pasado tiene varias lecturas. La mía, la resumo en el título del presente trabajo.

Mayor Oreja, el candidato a lehendakari por el PP, dijo que lo más llamativo de los resultados electorales era la ‘disminución del apoyo directo a quienes practican el terrorismo’ y que los ‘resultados obtenidos por su partido eran los mejores de la historia del PP en comicios vascos’.

Sin embargo, su estrategia del cambio a base de desalojar al PNV de las instituciones vascas, ha resultado fallida.

Era la misma estrategia que seguía el MLNV, que desde su marca electoral EH, insistía durante la campaña electoral que, tener a Mayor Oreja de Lehendakari, no era grave puesto que el PP ya estaba gobernando desde Madrid la comunidad vasca, y que estas elecciones no iban a cambiar el panorama político en el parlamento de Gasteiz porque ellos seguirían teniendo la llave de la gobernabilidad. También la izquierda vasca falló en sus augurios.

Por otro lado, los dirigentes del PNV estimaban exitoso si rebasasen el techo de los 500.000 votos, y obtuviesen 30 diputados. Pero la sociedad vasca reaccionó de otro modo, de modo tan contundente que todos los cálculos políticos anteriores se han visto desbordados.

Y es que el porvenir tenía color negro. Pintemos el panorama que los profesionales de la política tenían diseñado: PNV, 30 diputados y la promesa de no contar con los votos de EH; PP-PSOE, 34-35 diputados; y que EH hubiera mantenido el nivel anterior al Acuerdo de Lizarra en 10-11 diputados. En estas circunstancias la Lehendakaritza se hubiera inclinado hacia la parte de Mayor Oreja, que se hubiera encontrado en situación de ingobernabilidad, pues el ex ministro del Interior no hubiera podido desarrollar su política anti-pais (contra el euskera, descafeinamiento del Estatuto, del Concierto Económico, etc) por la coincidencia de oposición de los diputados nacionalistas y los de EH. La situación institucional de la Comunidad Autónoma Vasca hubiera sido surrealista. Un auténtico infierno que hubiera dañado, quizás irremediablemente, la confianza del pueblo vasco en sí mismo. Todo ello a satisfacción de los sectores más reaccionarios del PP-PSOE y de EH, pues ninguno de ellos tenía interés por sostener unas instituciones vascas democráticas sólidas. Los primeros porque, aprovechándose del caos institucional, podrían justificar aplicar ‘otras medidas constitucionales’ en aras de defender intereses de Estado; los segundos, porque siempre se han opuesto al Estatuto y a sus instituciones y esas ‘medidas constitucionales’ entran dentro de las posibilidades de su estrategia de desmantelamiento institucional vasco y del Estado español.

La sociedad vasca sentía, pues, mas que nunca, una argolla en el cuello. Y el día de las elecciones se volcó ‘para decir su palabra’: nada menos que un 80% del censo, porcentaje difícil de igualar en comicios democráticos, se acercó a las urnas, y dictó su ley: votó en clave vasca, en clave de construir país, en clave de estabilidad institucional, en clave a amor al pais y a la libertad, contra la fractura social, contra la opresión mediática, contra la opresión de la violencia y contra aquellos que quieren destrozar lo que en su día asumió democráticamente. Y es esa convergencia en clave anti-país, entre el PP-PSOE por un lado y el MLNV por el otro, la que ha sido derrotada en sus dos alas.

Esta sacudida social se ha producido, además, en todas las capas de la sociedad vasca. Los socialistas lo tienen que notar especialmente: los resultados de los pueblos de la Margen Izquierda, así como los de Irún, Renteria y Eibar, lo han explicado muy claro: no aceptan contubernios con el ’franquismo con votos’. Las familias de los luchadores contra el franquismo y los represaliados por ello, han votado, como todos los demás antifranquistas y luchadores por la libertad, en clave de país, de País Vasco, de Euskadi.

Hasta en los pueblos pequeños, se ha percibido que con la estrategia de EH no se construía país, sino que se colaboraba a su destrucción. Y no sólo no le han dado nuevos votos, sino que se los ha quitado y dado a otros. Es la única opción política que ha salido disminuida en votos a pesar del gran aumento de votantes. Y, por eso, se ha votado mas abertzale que nunca.

En cuanto a las opciones políticas, el pueblo vasco ha votado mas nacionalista que nunca (en su sentido abierto, no en el decimonónico) desechando la dualidad nacionalista-no nacionalista, porque el voto del 13M no ha sido fraccionalista, sino constructora del país. Y no abandona a las víctimas del terror ciego del MLNV: se ha solidarizado con la autoridad que más se ha movido y preocupado con las víctimas de atentados, sin utilizarlos políticamente, el lehendakari Ibarretxe. Para que en el ámbito social, las víctimas de los atentados se encuentren socialmente más arropados, es preciso que el actual clima político cambie. Si los parámetros políticos con los que el PP-PSOE han realizado su demencial campaña electoral se cambian y se ponen del revés, es entonces cuando la sociedad, las instituciones, se volcarán todavía mas a evitar que se produzcan todas esas víctimas inocentes de una situación, que, por meditada, es irracional.

En efecto, por un lado, existen sujetos en la sociedad que no ven mas alternativa racional para alcanzar "la independencia y el socialismo", que combinar y complementar el uso de la violencia armada, el chantaje, el secuestro, la extorsión y las amenazas con el juego de rentabilizar todo ello políticamente a través de marcas electorales, sea HB, EH o cualquier otra. Por otro, existen otros sujetos, que firman un Pacto Antiterrorista en diciembre de 2000, basados en el principio de Cassinello, aplicado a ETA, de considerar en ella "al independentismo como sustancia y al marxismo como adherencia" que impulsa combatir al nacionalismo como condición no confesada para derrotar a la línea social-comunista del MLNV. Este principio ha tenido varias aplicaciones, y todas las veces, ha mostrado su fracaso. En su aplicación práctica, en las elecciones del 13M, ha consistido en arremeter, no contra quienes sostienen políticamente a ETA, sino contra el nacionalismo en general, que ni sostiene, ni jalea, ni promociona, ni justifica las acciones violentas del MLNV. Se han sobrepasado al presentar a los nacionalistas vascos como aliados de las acciones del MLNV. La sociedad vasca los diferencia muy bien, de ahí el varapalo electoral de quienes desde el Estado, no quieren ver más allá de sus tópicos mediáticos. La tesis de Cassinello, que viene de veinte años atrás, una vez más, ha mostrado política y operativamente su fracaso.

Sin embargo, el presidente Aznar, a pesar de la evidencia, sigue dando validez a los principios que inspiran el Pacto Antiterrorista. En curiosa coincidencia, los firmantes del Acuerdo de Lizarra y de sus prolegómenos, en especial algunos dirigentes del PNV y EA, también han apelado a la validez de sus principios cuando no han sido capaces de hacer viable políticamente lo que firmaron. Empeñarse a andar por caminos que no conducen, si quiera, a los objetivos marcados por sus protagonistas, no pueden llevar a nadie a buen término.

Pero las elecciones del 13M han tenido un protagonista, un líder: Juan José Ibarretxe. Sólo personas con carisma de líder pueden dar la vuelta a una situación que se presume calamitosa. E Ibarretxe ha conseguido lo que parecía imposible: hacer gobernable las instituciones vascas ante el acoso de la derecha franquista y la prepotencia demolitoria de los revolucionarios vascos. Y para hacerlo tuvo que pasar su Rubicón: decidió no contar para nada con los votos de EH. Decisión nada fácil, pues, de ese modo, se colocaba en el lado de quienes, en el interior de su partido, pronto se dieron cuenta que el Acuerdo de Lizarra era inviable; frente a la línea oficial del aparato del PNV. Su decisión era arriesgada, demasiado arriesgada; pero la tomó. ¿Porqué la tomó? Fundamentalmente porque -opino- es un hombre de fe, que cree en el pueblo vasco, en la causa de la libertad y, por encima de los lógicos cálculos políticos, se abrazó a la sociedad vasca, porque -como dijo en el discurso de la noche electoral- cree en ella y en los que trabajan día a día.

Una decisión que le agradecen todos los sectores de su partido. Y todos se van a beneficiar de esa decisión. Pero apelando al realismo debemos reconocer que esas diferencias de fondo no han terminado. Es el inicio de una etapa que debe de gestionar el lehendakari con tiento, liderazgo, pero con decisión y una línea clara de actuación, sin trastienda. Estas elecciones muestran que, a largo plazo, ganará quien tenga fe en la sociedad vasca, y utilice sus instituciones políticas al servicio de los resortes sociales, y no al revés: quienes han confiado en el poderío de las instituciones estatales para manipular las capas sociales están sumidos en una honda decepción y crisis.

Deseamos que Juan José Ibarretxe tenga suerte -que falta le hará- y perseverancia en materializar las ideas correctas. Si bien se va a encontrar con muchos enemigos, internos y externos, también encontrará mucha gente que le apoyará, arropará y le llevará en volandas. Hemos tenido antecedentes no muy lejanos.

Txomin Odriozola A.